Un clásico con carga moral

El Madrid precisa un subidón que le saque de su pésimo momento anímico antes de recibir al Ajax


Altas temperaturas, escasez de lluvias y clásicos que empiezan a estorbar recién inaugurado marzo. Nada corresponde ya al mes de costumbre, para desconcierto de negacionistas como aquel primo físico de Mariano Rajoy. El expresidente reapareció el miércoles, en fecha señalada, y se adelantó a Montoro como primero de la tarde en el juicio del procés. Ganó tiempo para hacer doblete en su condición de testigo y presenciar, esta vez sin preguntas incómodas, el contundente revés sufrido por su Real Madrid, metódico en el racionamiento de frustraciones. La de Copa, para finales de febrero. La de Liga, solo tres días más tarde. Hoy mismo, salvo golpe de guion.

Pisarán los de Solari el Bernabéu con nocturnidad -el sol sigue poniéndose puntual- a merced de una hinchada que por fin dirige la vista al palco, y de un Barça que viene de violentar el feudo blanco entre semana. Lo harán con Sergio Ramos renqueante -resaca de un encontronazo con Casemiro-, Varane remendado, Nacho sancionado, Bale en pie de guerra, la puntería en horas bajas, y apenas nada que ganar. Incluso venciendo a los de Valverde, el conjunto merengue seguirá a seis puntos y medio del líder, que goleó 5-1 en la primera vuelta. Además, está la Champions del martes, aligerada por el 1-2 de Ámsterdam, pero cargada con el lastre de la doble sanción al capitán.

Lo poco bueno que podría darle el clásico a los de casa afecta al terreno del ánimo, como deslizó el entrenador del adversario culé «La victoria sería un golpe moral», subrayó Valverde, dejando la coletilla para el asunto material: «Además, le restaríamos puntos al Madrid».

Los que se pondrán en juego son casi lo de menos, a expensas de un vencedor colateral como el Atlético, que opta a colocarse a cuatro de los azulgrana, con un duelo entre ambos pendiente para abril. Si Solari no rota pensando en el Ajax, será en buena parte por la necesidad del subidón que contrarreste una racha de dos derrotas (la de Copa y la sufrida ante el Girona) y una victoria a golpe de VAR. Solo tres tantos en tres partidos; dos, desde el punto de penalti. «Debieron entrar algunas de las pelotas que no entraron, pero esto también es fútbol», esgrimió ayer el técnico argentino. «El otro día pusimos todo el empeño porque queríamos estar en la final. Ya está. Ahora estamos otra vez de pie y pensando en otra competición, todos metidos y con muchas ganas», redondeó, regateando para salir de la rueda de prensa. Se renovará el Barça con Arthur. El Madrid, con Courtois, Odriozola y Bale. Trajes de gala, para un intrascendente clásico invernal.

Vinicius, un ídolo para un altar huérfano

Pablo Carballo

El madridismo se aferra al brasileño, medido por los registros de Messi a su edad

Cuando Mano Menezes le dio la vitola de titular con la selección brasileña, Neymar sumaba 19 años. Los focos mediáticos se multiplicaron y le nombraron heredero de Ronaldo Nazario, con el que compartió diecisiete minutos sobre el césped en aquel amistoso ante Rumanía en Sao Paulo. Uno se despedía en la misma escena en la que el otro debutaba. «Es una responsabilidad muy grande sustituir a un genio, un crack», deslizó Neymar tras aquel choque. «El pueblo brasileño no va a quedarse huérfano de ídolos», rebatió el Fenómeno en su adiós. Entre todos estaban elevando al máximo la exigencia al joven delantero del Santos desde el mismo aperitivo de su trayectoria.

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