El imparable avance del fútbol femenino

En 15 años se multiplicaron por 6 las licencias, los estadios registran entradas de hasta 60.000 espectadores y las audiencias de televisión se disparan


Cuando Vero Boquete se marchó de España en el año 2011, lo hizo porque en la liga de Primera División no podía ser profesional. Ni siquiera reglamentariamente, porque el CSD se regía por un Real Decreto de Federaciones Deportivas de 1991, que indica que «no podrá existir más que una liga profesional por cada modalidad deportiva y sexo en el ámbito estatal». Contados clubes apostaban por el fútbol femenino y la mayoría de jugadoras ni cobraban, obligando a muchas a tener que retirarse prematuramente para ganarse la vida con otro trabajo. Los partidos de élite se jugaban en ciudades deportivas, como si de un equipo infantil o cadete masculino se tratara,

Eran tiempos difíciles. La Federación Española que presidía Ángel María Villar maltrataba la entonces llamada Superliga femenina, aplicando unilateralmente normas absurdas como la de invitar a clubes masculinos a participar en la máxima categoría, sin el mayor requisito que serlo. Fue en aquella campaña 10-11, la última de Boquete en el Espanyol, cuando se jugó una competición de 23 equipos divididos en 2 grupos. A aquella invitación respondieran 8 clubes (Sevilla y Real Valladolid, UD Las Palmas, Real Murcia, Gimnàstic de Tarragona, Eibar, Real Jaén y Cacereño), la mayoría sin estructura y sin tener claro donde se metían. La prueba fue que alguno ni comenzó la temporada y tan solo el Sevilla ha tenido cierta continuidad en el tiempo.

El fútbol femenino vivió a golpe de ocurrencias, con el sacrificio de algunos pocos, pero sin medios para desarrollar un deporte que «solo seguíamos e impulsábamos cuatro frikis», como reconoce Rubén Alcaine, alma máter del Zaragoza y presidente de la Asociación de Clubes de Fútbol Femenino.

Progresión sideral

Según el registro del CSD, el fútbol femenino ha pasado de tener apenas 10.747 licencias en el año 2002 a 60.329 que había en la campaña 2017-2018 (la última de la que se tienen datos oficiales). Prácticamente se han multiplicado por 2 desde que Vero Boquete se marchó de España en busca de aquel sueño americano que todavía persigue. Un volumen de jugadoras que además se ha traducido en éxitos de la selección española, que hasta el 2015 no se clasificó para su primer Mundial y que desde el 2013 es una fija de los grandes eventos internacionales, además de arrasar en los torneos de promesas (desde el 2017 ha ganado 2 Campeonatos de Europa sub-19 y 1 Mundial y 1 un Europeo sub-17, además de un subcampeonato del mundo sub-20).

A lo largo de ese camino, desde el 2002 hasta la actualidad, con ese crecimiento de un 561 por ciento en el número de licencias, hubo una fecha clave. Fue noviembre del 2015, momento en el que los clubes decidieron organizarse para impulsar la competición de élite, ayudados por LaLiga. «En tres años y medio hemos conseguido llegar a donde jamás hubiéramos soñado a nivel social, a nivel afluencia de estadios, audiencias, prensa, implicación de clubes...», explica Alcaine.

«La ACFF nace porque el fútbol femenino estaba agonizando. Sin tener interés mediático ni social, más allá de los cuatro frikis que lo seguíamos, con todo el cariño del mundo lo digo. A raíz de ahí, a partir de la campaña 16-17 se anunció que todas las jugadoras de Primera estarían dadas de altas en la Seguridad Social y se trabajó en la búsqueda de fondos. Se consiguió Iberdrola y LaLiga se comprometió a poner la misma cantidad que el patrocinador, 2 millones de euros por temporada», explica el presidente de la asociación de clubes femeninos. «Y gracias a este trabajo se ha llegado a lo que ahora mismo vemos. Porque si tú pones más medios, las jugadoras se desarrollan en mejores condiciones. Y si rinden más, hay más espectáculo y por ende más atractivo para el espectador y para las marcas que patrocinan, generando más recursos para que los clubes sigan girando la rueda», apostilla.

Más público en 2 partidos que en los 300 de la 16-17

Los números avalan la tesis de la ACFF. Desde que le dieron un impulso a la antigua Superliga femenina, convirtiéndola en Liga Iberdrola, se pasó de 19 a 31 clubes profesionales con sección femenina. Esto a su vez provocó que desde entonces se hayan disputado 20 partidos en grandes estadios y que la afluencia media de público pasase en estos recintos de los 9.747 espectadores de la campaña 16-17 a los 25.003 de la actual, lo que supone un crecimiento exponencial del 82 por ciento. De hecho, no paran de sucederse récords de asistencia a partidos de fútbol femenino. En la campaña 15-16 se contabilizaron un total de 108.000 espectadores sumando los 300 partidos que hubo a lo largo de aquel curso. Una cifra que ya solo superan sumando 2 de esta campaña: los 60.739 espectadores que en marzo se dieron cita en el Metropolitano para ver el Atlético de Madrid-Barcelona y los 48.121 que presenciaron en enero en San Mamés un Athletic-Atlético en los cuartos de final de la Copa de la Reina. En febrero, el derbi vasco (Real-Athletic) registró una entrada de 21.234 espectadores, es decir, más gente que varios partidos del equipo masculino. La final de la Copa de la Reina, que enfrentó a la Real Sociedad y al Atlético de Madrid, llenó las 17.550 plazas del Nuevo Arcángel de Córdoba.

Final de audiencia millonaria

Las cifras de asistencia a los estadios no son el único argumento que avala el exponencial crecimiento del fútbol femenino. Así, hasta finales del 2013 no se retransmitían por televisión partidos de la Primera División femenina. Entonces, se firmó un acuerdo para dar un encuentro por jornada. Una situación que contrasta con la realidad actual, ya que hasta el mes de marzo se computaban 164 partidos retransmitido en esta temporada, con una audiencia acumulada de 4,5 millones de espectadores (entre Gol y beIn LaLiga). La pasada temporada, más de la mitad de los partidos ofrecidos por televisión en abierto superaron los 100.000 espectadores. En el presente curso, se llegó hasta los 330.000, un 4,27% de share, en el Atlético-Barça. Hubo picos de 413.000. Y la final de la Copa de la Reina batió todos los registros: 1.655.000 espectadores, una cuota del 14,8% y un minuto de oro -cuando la Real recibía el título- de 2,8 millones. 

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Pablo Gómez Cundíns

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La afonía le delata. Aunque una lesión le alejó dos mil kilómetros del partido en el que su Dépor certificó el ascenso a la Liga Iberdrola, la capitana Míriam Ríos (A Coruña, 1987) vivió el momento con toda intensidad. «También tuve que elevar la voz para captar la atención de los niños al día siguiente», matiza, a modo de coartada, esta estudiante de Educación Infantil.

-¿Aún con el subidón?

-Todavía no lo asimilé. Es muy grande. Soñaba con ello, pero no sabía si se cumpliría.

-Tópica respuesta...

-¡En serio! No me acordaba, pero con 7 años le dije a mi madre: «Voy a jugar con el Dépor en Primera».

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