Djokovic gana su quinto Wimbledon en la final más larga ante Federer: 13-12 en el set definitivo

El serbio venció en la primera final de la historia dirimida con desempate a 12 juegos en el quinto set y suma 16 «grand slams»


Un partido tan tenso como espectacular merecía un desenlace único. Así que la batalla de más de cuatro horas, el pulso de cinco sets en la catedral entre Novak Djokovic y Roger Federer, terminó con lo nunca visto, un desenlace con desempate en el 12-12 del set decisivo. Lo nunca visto en el All England Club en el último encuentro del torneo. Ganó el serbio, que bailó mejor en el alambre de los tie-breaks. Los tres se llevó para imponerse por 7-6, 2-6, 7-6, 6-4 y 13-12 (3). «Es un partido que todo el mundo va a recordar y yo lo voy a intentar olvidar», reconoció con sorna y soberbio encaje el siempre elegante Federer.

Llegó a verse en la lona Djokovic, porque Federer sirvió con 8-7 a su favor en el quinto. Pero se rehízo el serbio. A sus 32 años, celebra su quinto trofeo de Wimbledon y su decimosexto grand slam. Ganó en otro pulso para las videotecas, consolida su liderato en el ránking mundial y refuerza su posición como alternativa, en la clasificación histórica, a las dos grandes raquetas del siglo XXI, Federer y Nadal, Nadal y Federer. Llegó después a la cumbre, y no tiene ni la elegancia ni el talento del suizo ni la garra ni la fortaleza mental del español, pero su tenis versátil le impulsa como alternativa, capaz de ganar en todas las superficies.

A cada set que ganó Djokovic en el tie break respondió Federer de forma admirable. Así, golpe a golpe, se llegó al quinto, con el serbio tirando de su plasticidad para estirarse hasta alcanzar bolas imposibles y el suizo explotando su interminable repertorio de ataque, con más frecuentes subidas a la red. Un break situó a Djokovic con 4-2 a su favor en la manga decisiva, y parecía alfombrar su camino hacia el título, pero respondió Federer con otra rotura en el juego siguiente y hasta se situó con 8-7 a su favor y 40-15. Con dos bolas de partido, en el palco real, el exentrenador del suizo, Stefan Edberg, podía visualizar ya el desenlace. Pero en el trance decisivo le abandonó el servicio. Le faltaron saques venenosos para finiquitar la final y el que iba a ser su noveno título en la catedral. El serbio, quejoso hasta con el ojo de halcón en una actitud mitad infantil y mitad desesperada, se rehízo y terminó ganando el desempate a 12. Lo nunca visto en más de un siglo de tenis en el All England Club.

Como le sucede con Nadal, al para muchos mejor jugador de todos los tiempos no le salen las cuentas con Djokovic. También contra el serbio sale derrotado en sus duelos directos, ahora con 26 triunfos para el tenista de Belgrado por 22 para el de Basilea. Y esa pequeña ventaja a nivel mental se notó en algunos momentos decisivos de la final.

El decimosexto grand slam de Djokovic le deja a tan solo dos de Nadal en la clasificación histórica y a cuatro de Federer. A Novak le envolvieron las sombras durante una delicada etapa durante los años 2016 y 2017, pero la temporada pasada dejó atrás su peor crisis con los títulos de Wimbledon y el US Open. Y su dominio no cesa.

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