Un bochorno llamado Neymar

Tras el desplante del brasileño y dilapidar el dinero de su traspaso, el Barcelona intenta su regreso a la desesperada


«Se queda». La imagen de Piqué abrazado a Neymar dio la vuelta al mundo el 23 de julio del 2017. Once días después, el brasileño era ya propiedad del PSG. Su traspaso, 222 millones, sigue sin ser superado. «Me fui porque quise un nuevo desafío, el de ganar y buscar algo nuevo», reveló luego en una entrevista a la Fox. Parecía que dejase atrás a un club de tercera fila. El Barcelona, indigesto con el desplante, se agarró a la caja para pasar página. Le había costado 88.

Nada más llegar a París, Neymar se peleó con Cavani sobre el césped por decidir quién tiraba un penalti ante el Lyon. El pasado abril, tras perder la final de la Copa francesa frente al Rennes, le propinó un puñetazo a un aficionado que lo grababa con el móvil desde la grada. Neymar sólo ha ganado competiciones domésticas en Francia. El Real Madrid atropelló al PSG en octavos de la Liga de Campeones en su primera temporada y el discreto United lo apeó en la misma ronda en la segunda, con el brasileño ausente por lesión. Entre las molestias físicas y los escándalos extradeportivos, tampocó concursó en la última Copa América. Tan obsceno es justificar que el jugador se ha revalorizado en estos dos años -el PSG empezó tasándolo en 250 millones de euros- como vislumbrar al Barcelona, apretado ahora por el fair play financiero, pordioseando en una subasta su retorno. De bochorno puede calificarse la gestión que el Barcelona hizo con aquellos 222 millones. Se gastó 105 -más otros 40 en variables- en traerse del Dortmund a Dembélé. Afrontó luego el fichaje más caro de su historia: pagó 120 millones -más otros 40 en variables- al Liverpool por el traspaso de Coutinho, que acaba de salir cedido a Múnich por la puerta trasera. Bartomeu y su dirección deportiva vaciaron la caja por dos futbolistas que no convencieron a Valverde.

7 de agosto del 2019. «Neymar es el que tiene que salir a hablar». Piqué, otra vez él, le reclamaba que se postulase en público. La respuesta del brasileño fue una foto en la playa. Dos años después de dejar tirado al Barcelona, Neymar ha incendiado al PSG. El Parque de los Príncipes se inundó de pancartas en su contra. La presión fue tal que el club ordenó retirar sus camisetas de las tiendas. Coquetea, a ritmo de bolsillo y contrarreloj, con Bartomeu y Florentino en un galimatías indecente.

La cesión, otra vuelta de tuerca ante una compra inviable

El mercado descuenta los días y el Barcelona, que parece haber fiado el ansiolítico para su depresión únicamente al retorno del controvertido Neymar, trata de buscar la fórmula para no descabalgar en el fair play financiero con un futbolista que cobra actualmente 38 millones de euros netos. Todo después de exigirle a Griezmann que rebajase sus emolumentos, de los 23 millones que se embolsaba en el Atleti a 18, para facilitar la firma.

Ni el Barcelona puede asumir el traspaso multimillonario que reclama el PSG ni ha convencido a la escuadra parisina ofreciendo futbolistas que pudieran abaratar la operación. Así que, a la desesperada, tras el infructuoso viaje a París de una delegación azulgrana, comandada por Eric Abidal el pasado martes, ha ingeniado una nueva propuesta: solicitar la cesión de Neymar con una opción de compra para el 2020. En resumen, la misma fórmula que utilizó para sacarse de encima a Coutinho.

De esa forma, el Barcelona se haría cargo de la ficha de Neymar y tasaría su futuro pase. El PSG frunce el ceño. «La cuestión no es el montaje, sino que se satisfagan las condiciones financieras pedidas», publicaba el rotativo francés L’Équipe en boca del club. Quieren recuperar el dinero. Y, mientras Bartomeu estira el chicle, con intención o en una mera maniobra, el Madrid espera al acecho.

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