Miguel Indurain: «No me gustan los deportes de equipo»

El navarro comenzó haciendo atletismo antes de coger la bicicleta y erigirse en leyenda total


Es difícil mantener una conversación con Miguel Indurain (Villaba, 1964). No porque el cinco veces campeón del Tour no ponga de su parte cuando el periodista se acerca, sino porque sigue generando una admiración imperecedera entre los aficionados, que se cuelan entre pregunta y pregunta para retratarse con una leyenda.

-Todo el mundo le para, todo el mundo le pide fotos. ¿Es consciente de todo lo que ha significado en este deporte?

-Los que ya tienen una cierta edad sí que me conocen porque vivieron la época aquella, que fue muy intensa y muy dura. Mucha gente me sigue dando las gracias por lo que disfrutó aquellos años. Convivo con ello. A veces quieres pasar igual un poco más desapercibido, pero ves que la mayoría son aficionados que lo han vivido y que es algo bonito.

-Durante una Vuelta a España a su paso por Galicia, un compañero fotógrafo de este periódico se cansó de tirarle fotos a un Indurain que iba escapado. Fue el propio Prudencio Indurain el que tuvo que avisarle que usted iba en el pelotón. ¿Qué es de su hermano?

-Siguió unos años de profesional después de mi retirada. Cuando lo dejó, estuvo metido en varias cosas. Estuvo gestionando polideportivos, luego tuvo alguna otra empresa, se metió en política en el gobierno de Navarra... Ahora ha vuelto al mundo de la bicicleta. Está de comercial en una empresa navarra de bicis, Conor. Es su mundillo, se encuentra con excompañeros y con gente que ha corrido y está otra vez en el ambiente.

-¿No había envidias entre hermanos?

-No. Lo llevamos bien. Llevábamos desde jovencitos dándole.

-Vamos, que desde jovencitos ya se veía que usted era el bueno.

-No. Él en aficionados andaba muy bien, pero tuvo lesiones graves. Rotura de fémur, rotura de muñeca… Tuvo varias caídas fuertes y al final no pudo rendir como él venía desde joven. Al final en el deporte de alta competición, a veces las lesiones te truncan un poco tu carrera deportiva.

-Con Chiappucci sigue guardando relación, ¿sabe algo de Jalabert, Zülle o Rominger?

-Cada uno vive en su zona o su ciudad y cada uno tiene sus trabajos. Nos juntamos en eventos ciclistas. En el Tour, en la Vuelta, el Giro, los mundiales... Al final, nos gusta la bici y nos solemos juntar. Estuve hace poco con Rominger en Mallorca, con Chiappucci y Tonkov aquí en O Ézaro. Al final te vas encontrando por lo que nos une, la bici.

-Ya no queda nada de aquellas tensiones del pelotón...

-Lo que se pelea en la carretera, se queda ahí. No sé ahora cómo es, porque no estoy ya mucho en el ciclismo, pero antes corríamos muchas carreras juntos y vivíamos muchos viajes y hoteles. Al final, aunque eran rivales, estábamos conviviendo mucho. Eran rivales pero también había amistad.

-Este año Campenaerts ha vuelto a batir el récord de la hora.

-Físicamente, cada vez se preparan mejor estos eventos porque ya sabes cómo entrenarlo, cómo cuidarte y cuándo hacer el esfuerzo. Y luego, aerodinámicamente, se estudia todo: rodamiento, fricciones, cómo rodar por la pista. Son detalles que al final hacen que consigas un récord o no. Cuando se prohibió la aerodinámica, se paró prácticamente. Cuando lo han ido abriendo, poco a poco se ha ido mejorando. Pero físicamente ya estamos en un nivel que es muy difícil poder mejorar sin la tecnología.

-Vamos, que con la edad y la bici de Campenaerts hubiese mejorado su récord.

-No lo sé. En aquella época tenía lo mejor que había. Estudiamos mucho la aerodinámica. Hicimos la Espada, que ahora tal vez no sea lo mejor, pero en aquella época los estudios iban por ahí. Dentro de unos años, las mejoras de ahora también quedarán obsoletas.

-¿Ve el ciclismo por la tele?

-En directo poco, porque hoy en día el ciclismo es muy internacional y se corre mucho en Australia y en Sudamérica. Las grandes sí las veo por televisión. Acercarme a ver carreras, pues si pasan por Navarra o el País Vasco. Algún año al Tour si pasa por los Pirineos.

-¿Y algún otro deporte?

-Veo atletismo. Yo empecé haciendo atletismo, luego me pasé al fútbol pero los deportes de equipo no me gustan.

-¿Llegó a estar cansado de la bicicleta?

-No, porque lo planteas de año en año y de reto en reto. Lo duro era entrenar, cuidarse y superar las caídas y los problemas.

-¿Tiene enmarcados, como Armstrong en aquella famosa foto, todos sus maillots amarillos?

- Enmarcado tengo uno. El primero, que está en el museo de Niza porque este año se celebró el centenario del maillot y han hecho una exposición. Del resto, tengo uno de cada Tour. El resto los tengo en casa, pero tengo uno de cada Tour. Los demás se los di a compañeros, masajistas y a la gente que me ayudó a ganar.

En corto

Dijeron que era el hombre con el corazón más grande del mundo. Hoy en día lo bombea como cicloturista y alejado de los grandes saraos mundiales de este deporte. Pedalea aún, pero sin nostalgia.

-Un puerto mítico.

-Lo mío eran más los llanos, pero me gustaban los puertos largos. El Galibier o el Tourmalet. Puertos de estos míticos, largos y con menos de un 10 %.

-¿Y en España?

-No tengo ninguno que me guste mucho. Quizás los de mi zona, dirección Francia. O Sierra Nevada.

-¿Clásicas o grandes vueltas?

-Yo grandes vueltas (se ríe). Las clásicas las probé, pero no me gustaron.

-¿El ciclista que siempre admiró?

-En mi época me encantaba Hinault. Cuando yo empezaba, estaba en plena forma y era un corredor luchador de grandes vueltas, que andaba bien en montaña y en contrarreloj.

-¿Y de los de ahora?

-De ahora me gustan los contrarrelojistas. Me gusta Tom Dumoulin, es un poco mi estilo, de peso que andan bien en montaña y en contrarreloj. Ese tipo de corredores.

-¿Prefiere terrenos rompepiernas como el gallego o puertos más prolongados y constantes?

-Yo prefería terreno de repechos. He corrido mucho aquí en Galicia, ganando Vueltas a Galicia. En la Vuelta a España me puse líder llegando a Ourense en el año 1985, que era mi primer año como profesional. La verdad que tengo muy buenos recuerdos de Galicia y el terreno así, me va.

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Ya no quedan tipos como él en el pelotón. Un inconsciente. Un temerario. Un valiente que se hizo grande en el Tour de 1992 a su paso por su patria. Fue el Gitano, le llamaron Calimero, pero su carácter de escalador inconsciente y depredador acabó definiendo su apodo.

-Le dicen Diablo, pero tan malo no será...

-Eso empezó en Colombia corriendo la clásica RCN en 1992. La prensa colombiana es muy carismática y sabe hablar muy bien por televisión. Era muy raro que un europeo ganase en Colombia. Gané cuatro etapas y me pusieron ese nombre de Diablo italiano porque estaba atacando a 32 colombianos que normalmente ganan en su casa.

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