La ACB decide este lunes su futuro

Los clubes se reúnen para debatir si se cancela la temporada o se busca un campeón a través de un formato exprés, sin descensos y con una sede única


A la Liga ACB le toca este lunes decidir su futuro. Los 18 equipos que la conforman están citados para resolver, de manera telemática, qué hacer con la competición. El escenario en el que se ha querido trabajar insistentemente desde que empezó la crisis es el de acabar la temporada. Esa siempre ha sido la idea, pero con cada hoja arrancada del calendario la realidad se hace más pesada. Dos prórrogas después desde que se decretase el primer parón —la última fue un aplazamiento sine die—, el baloncesto español baraja ya ideas insólitas en un panorama en el que más de la mitad de los equipos han aplicado un ERTE o algún tipo de reducción salarial en sus plantillas.

contexto desalentador

El castillo de naipes europeo

La ACB es testaruda, pero el contexto acorrala. La Lega italiana dio por concluida su temporada el pasado 7 de abril tras mucho debate sobre si se podría continuar. Bélgica, Finlandia, Lituania, Europa del Este, Suecia, Ucrania o Grecia ya habían cancelado sus campeonatos. De hecho, es mucho más práctico hablar de las competiciones que aún sopesan acabar el curso. Son cuatro: Turquía, Francia, Alemania y España.

Recortes en media Liga

Los dos últimos fueron los dos primeros. Movistar Estudiantes y Montakit Fuenlabrada, colistas de la ACB, fueron los primeros en solicitar un ERTE a finales de marzo. Le siguieron el Manresa, Burgos, Baskonia y Zaragoza, que también aplicaron aminoraciones salariales a sus jugadores. Ni siquiera Real Madrid o Barcelona se han librado. El Obradoiro, único club gallego en la élite, no ha comunicado públicamente ninguna medida en este aspecto.

Éxodo y fugas

El equipo compostelano, cuyo pabellón se planeaba utilizar como hospital de campaña durante la crisis, aunque finalmente no ha sido necesario, fue el primero en dar permiso a sus jugadores extranjeros para regresar a casa. Poco a poco, muchos de los foráneos de la ACB —aproximadamente el 70 % de las fichas de la categoría— se han ido dispersando y regresando a sus países. No todos lo han hecho con autorización. El base americano del Barcelona Malcolm Delaney solicitó al club que le hiciese entrega de su pasaporte. Una vez lo tuvo en su poder, regresó a Estados Unidos sin permiso. Lo mismo hicieron DJ Seeley y Jason Thompson, del Zaragoza, o el exobradoirista Tyler Haws, que abandonó la disciplina del Bilbao para regresar a Utah después de que la pandemia coincidiese con un terremoto en su estado natal. Eligió estar con su familia y no pidió permiso.

Vyachelav Bobrov sí que tenía el visto bueno del Fuenlabrada para viajar a Ucrania. Al llegar, tuvo que ser ingresado con una neumonía por coronavirus. Un ejemplo de cómo esta diáspora complicará el regreso a las canchas.

las posibles salidas

El ofrecimiento de Canarias

La idea fue del gremio hostelero, que suda pensando en las pérdidas que la crisis va a generar en el sector. La baja incidencia del virus en Canarias llevó al gobierno de las islas y al cabildo de Gran Canaria a ofrecer a la ACB el archipiélago como sede para concluir la competición. La posibilidad se debatirá este lunes. Los partidos se disputarían en los distintos pabellones con lo que cuentan las islas y se jugaría sin público.

Doce equipos y una sede

Se busca evitar que el título de campeón de esta temporada quede desierto. Por eso la nueva posibilidad que se maneja es un formato en el que participen 12 de los 18 equipos y en una única sede —Canarias entra en las quinielas—, aunque dependiendo de la fuente se apunta a que el número de clubes participantes podría quedarse en 10 o incluso 8. Los equipos se dividirían en dos grupos y, tras una liguilla, saldría el primer clasificado. Los campeones de cada grupo se enfrentarían por el título en una final a cinco partidos. No habría descensos de categoría.

El problema es que este cambio de formato requiere un amplio consenso en la asamblea (tres cuartas partes de los votos), mientras que para cancelar la competición bastaría con una mayoría simple. Tampoco se conocen los criterios para elegir a los equipos participantes.

inmovilismo

Esperando al CSD

Las críticas vuelan. «El CSD no está ni se le espera», espetó Alfonso Reyes, presidente de la asociación de jugadores, en su reaparición tras vencer al virus. La falta de decisión crispa y nadie acaba de poner el cascabel al gato.

Ampliar la Liga a 20 equipos reabriría el conflicto

Estudiantes y Fuenlabrada han visto la luz al final del túnel. Los dos conjuntos madrileños eran colistas y se han apresurado a dar el visto bueno a la propuesta de que la temporada acabe sin que ningún equipo pierda la categoría. Para el club estudiantil sería la tercera ocasión que se libra de un descenso cosechado en pista. Las dos anteriores —en el 2012 y el 2016— se salvó ante la imposibilidad de inscribirse en la ACB por parte de los ascendidos desde la LEB.

Pero tanto el Valladolid como Guipúzcoa, que compartían liderato en la categoría de plata antes del parón, ya han anunciado que no piensan renunciar a su posible ascenso. También el Leyma y el Breogán quieren apurar todas sus opciones sin que se dé la competición de la LEB Oro por concluida de forma abrupta.

Buscando una solución conciliadora, se ha deslizado la posibilidad de ampliar la nómina de la ACB hasta los 20 equipos. Esta medida pondría en pie de guerra a los grandes (Real Madrid, Barcelona, Baskonia...), ya que sobrecargaría aún más el calendario para los clubes que disputan Euroliga. La ACB ya ha tenido que lidiar con algún amago por parte de los grandes de salir de la Liga para crear una NBA europea y evitar reabrir ese debate es una prioridad. Más aún en la próxima temporada, que para muchos concluirá con el desgaste extra de los Juegos Olímpicos de Tokio.

La Euroliga, por su parte, también se exprime el cerebro para poder finalizar la competición. Lo que más urge es finalizar la fase de liguillas para que los equipos merecedores de ellos puedan obtener sus pasaportes hacia la fase final, que también se vería alterada. El play-off se suprimiría y de la clásica final a cuatro se pasaría a una final a ocho para resolver el entuerto. Así lo explicó Jordi Bertomeu, presidente de la Euroliga, que propuso un desenlace muy similar para la Eurocup. Descartó, eso sí, que la sede pueda ser Colonia, como estaba designada.

La Euroliga cuenta con la ventaja de que sus equipos participantes la próxima campaña no depende de las clasificaciones de las Ligas, ya que es una competición privada cerrada.

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