Nadal y el regreso de la escuela italiana

Nadal se mide hoy en París con Sinner, el cuartofinalista más joven, pulido por el prestigioso entrenador Riccardo Piatti y con el impulso de su federación


Ausentes Federer, Raonic, Tsonga, Kyrgios y Berdych, y con Gasquet, Monfils, Nishikori y Anderson en horas bajas, en este atípico Roland Garros han aparecido jugadores como Korda y Gastón, que se unen a Zverev, Rublev, Tsitsipas, Munar, Shapovalov, Ruud, Fritz... La actuación del francés Hugo Gastón, con un toque extraordinario, maravilló tanto frente a Wawrinka, al que desarboló totalmente en el quinto set (6-0), como contra Thiem, al que estuvo a punto de ganar. El austríaco sufrió lo indecible para sacar el partido adelante, se enfrenta hoy en cuartos al argentino Diego Schwartzman (Eurosport, no antes de las 13.00), que sigue con su buena racha. Otra agradable sorpresa es el salto de nivel del ruso Rublev. A sus 22 años y entrenado por Fernando Vicente, buscará la semifinal frente a un recuperado Tsitsipas.

Pero junto a Gastón, sin duda la otra revelación del torneo es el italiano Jannik Sinner. Con 19 años es, desde la irrupción de Rafa Nadal en el 2005, el jugador más joven en clasificarse para los cuartos de final de Roland Garros, y es el rival hoy del español en cuartos (en el quinto turno de la pista central, nunca antes de las 16.00).

Nacido en el norte de Italia, cerca de los Dolomitas, primero practicó esquí, hasta que Riccardo Piatti, el entrenador italiano que llevó toda la carrera de Ljubicic y que también entrenó esporádicamente a Djokovic (a sus 16 y 17 años) y a Gasquet, lo trasladó a entrenar a su centro de Bordighera, en la Riviera italiana, cuando Sinner tenía 13 años.

Alto y delgado, dotado de un buen saque y de golpes durísimos, el pasado año ganó el Masters de la Next Gen, el de los jóvenes talentos, y en París ha dado muestras de una gran madurez. Refrenda lo bien que de él se habla como un claro aspirante a comandar el tenis en los próximos años. Un diamante, dirigido por un experto tallador como Piatti, y un reconocimiento a la extraordinaria labor que la Federación Italiana está haciendo en los últimos años, y que se refleja en los ocho jugadores que ha clasificado para el cuadro final.

Si atípico es todo en este Roland Garros, no lo iba a ser menos para su gran protagonista. Nadal se ha clasificado para los cuartos de final después de vencer a cuatro rivales con los que nunca se había enfrentado. Solo cedió 23 juegos. Corto de preparación, y con unas condiciones poco favorables para su juego en tierra, Rafa ha competido a un excelente nivel, pero seguro que preferiría haber tenido enfrente a algún rival de más entidad que le exigiese más.

Ahora afronta a Sinner, con el que ha entrenado, pero al que nunca se ha enfrentado. El campeonísimo, el más veterano de los cuartofinalistas, contra la gran esperanza, el más joven. Un atractivo duelo que nos permitirá comprobar las excelentes cualidades del italiano y la excepcional capacidad de Rafa para adaptarse a cualquier circunstancia, por adversa que sea.

Por último, cabe destacar la excelente actuación de los españoles, con Carreño anoche en octavos, y Bautista, Pedro Martínez y Carballés (con una gran victoria frente a Shapovalov) en tercera ronda.

La dejada vuelve a reinar en la tierra

Se quejaban Rafa Nadal y otros jugadores de la pesadez de la pelota con las que se juega esta atípica edición de Roland Garros, disputado en un clima frío y lluvioso, que afecta no solo a que las pelotas no salgan con tanta velocidad de la raqueta, sino también a su menor bote en la pista.

La consecuencia de todo ello es que los jugadores se han dado cuenta de que las dejadas, por lo poco que botan, han pasado de ser un golpe de recurso, a un golpe decisivo, tanto para ganar puntos directos, como para romper la táctica de juego de fondo de los rivales, atrayéndoles a la red para luego superarlos.

Para los más jóvenes aficionados esto supuso una sorpresa, pero no para los más veteranos, que volvieron a ver estos días en París el tenis más variado de antaño, con dejadas, contradejadas, globos, voleas, remates, la antítesis del juego más monótono que se extendió en los últimos años.

Superficies muy parecidas

Antiguamente la hierba de Wimbledon significaba un torneo en el que había que sacar y volear muy bien para tener opciones. Los Open de Australia y Estados Unidos, cuando cambiaron de hierba a superficie dura, exigían, por la rapidez de sus pistas, sacar y jugar con mucha agresividad para tener éxito. Y Roland Garros era un torneo diferente, donde la tierra obligaba a saber resbalar, la mayor lentitud de las pistas exigía una gran resistencia, y donde la táctica y la fuerza mental eran características decisivas entre los aspirantes a la victoria.

En los últimos años la velocidad de las distintas superficies se ha igualado. Se pueden ver peloteos de fondo de igual intensidad y duración en París que en Londres, en Nueva York que en Melbourne, lo que ha reducido la variedad de los golpes en beneficio de saques, restos y golpes de fondo. La hierba de Wimbledon es más lenta, la tierra de Roland Garros más rápida, y la parecida superficie de los Open de Australia y Estados Unidos se pueden calificar de pista dura, más que de pista rápida.

Lo atípico del calendario, con las condiciones meteorológicas en las que se están jugando en Paris (con una superficie más parecida a la de antaño), nos está permitiendo ver la espectacularidad del juego en todas sus facetas y la importancia de los aspectos tácticos.

En casi todos los partidos de ambos cuadros, masculino y femenino, se pueden apreciar cambios de ritmo, alternando golpes cortados y dejadas, y con muchas más puntos jugados en la volea.

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