Matsuyama certifica para Japón el Masters sin titubear

Gobernó la última jornada con solvencia para convertirse en el primer nipón que gana un «grand slam» masculino

El japonés Hideki Matsuyama gana el Masters de Augusta
El japonés Hideki Matsuyama gana el Masters de Augusta

Con cuatro golpes de ventaja al terminar su ronda del sábado, Hideki Matsuyama tenía que fallar para que se le escapase el Masters, el primer grand slam masculino para un jugador de Japón. Así que se plantó en el tee del 1 consciente de que la victoria pasaba por sus manos. Pero encadenó tres golpes seguidos erráticos: salida a la derecha hacia la pinaza, fallo a la hora de volar su bola entre los árboles y approach defectuoso a 11 metros de la bandera. Su consiguiente bogey en ese par 4 inicial, unido a los dos birdies iniciales de Will Zalatoris, que iba un partido por delante y se convirtió en su único rival durante la primera vuelta, redujeron su renta, por unos minutos, a un solo golpe. Fue una anécdota. Presionaba al futuro campeón, paradójicamente, un intruso sin plaza fija en el PGA Tour. El japonés gobernó con suficiencia el día hasta vencer con una tarjeta de 73 para 278 (-10) en total, con un golpe de ventaja sobre Zalatoris. Algo engañoso. 

«Todo lo que puedo hacer es relajarme, prepararme bien y hacerlo lo mejor que pueda», apuntó al terminar su ronda del sábado. Esa plácida tarde de golf la vivió tras la segunda bandera, casi aprovechando la charla con su compañero de partida, Xander Schauffele, cuya madre creció en Japón.

Con birdies en el 2, el 8 y el 9, Matsuyama llegó fuerte a los nueve últimos hoyos, el tramo donde comienza el Masters de verdad. Esta vez estaba medio sentenciado ya, pese al eco de tres extraños conocidos hundimientos en Augusta con 4 golpes de ventaja en la última ronda: Greg Nornam en 1996, Rory McIlroy en el 2011 y Jordan Spieth en el 2016.

Matsuyama, que en el 2011 se estrenó en el Masters como amateur y logró el mejor resultado entre los aficionados, llegó al tee del 10 con cinco golpes de ventaja sobre Zalatoris y siete sobre Jon Rahm -brillante remontando desde posiciones retrasadas- y Schauffele. El apuro llegó después. Por un lado, el líder hizo bogeys tras visitar el bunker del 12, en el corazón del Amen Corner, y en el 15, y solo arañó un birdie en el 14. En esos mismos cuatro hoyos, su compañero de partida encadenó cuatro birdies. Así que cuando Schauffele pinchó su tee en la salida del 16 ya solo le separaban del líder dos golpes con tres banderas por jugar. Pero se fue al agua y allí hundió sus opciones. Esa fue toda la tensión de la ronda triunfal de Matsuyama. 

Con la chaqueta verde, a sus 29 años, el japonés da otro impulso a una carrera brillante, con cuatro títulos del PGA Tour y el fugaz paso por el número dos del ránking mundial después de ser segundo en el US Open del 2017.

Matsuyama comenzó a jugar a los cuatro años, guiado por su padre, que también había sido profesional. En ese mismo 2011 en el que debutó en Augusta como amateur, ya ganó su primer título profesional en el circuito japonés pese a su rol de aficionado. Siempre por delante. Trotamundos por el golf, cuando estudiaba en la Universidad de Tohoku, a la vuelta de un viaje a Australia, se encontró su casa destrozada por el terremoto y el tsunami de ese año. Convertido en profesional, acumulaba hasta ayer siete presencias en el top-10 de un major. Japón, una potencia por número de jugadores y campos, añade un campeón de un grand slam a su lista de éxitos. Dos mujeres sí habían conseguido títulos de primer orden: Chako Higuchi, en el LPGA Championship de 1977 y Hinako Shibuno, en el Open Británico del 2019. Solo un asiático había logrado un grande masculino, el coreano Yang Yong-eun, quien ganó el Campeonato de la PGA del 2009.

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