¡Corre, plátano!


A nivel de motes, apodar a José Luis Morales como «el Messi de los pobres» me ha parecido siempre bastante acertado. El tipo es buenísimo, el clásico jugador por el que los equipos del montón —suena despectivo, pero no lo es— deberían beber los vientos. Lo que pasa que cuando delante tienes al «Messi de los ricos», más conocido como Messi a secas, brillar se complica. Porque el Messi bueno te engancha un balón que cae del cielo después de un rebote y, 17 años después de su debut, te la sigue metiendo en la portería. O arranca la moto a la que puede con ese patear ultrarevolucionado y ya puedes rezarle al santo que más cerca tengas. No sé cuántos años se lleva diciendo que va ya en la reserva, pero nunca se le acaban las pilas. Pero oigan, llega un punto en el que uno, por muy bueno que sea, no puede ser la solución a todos los problemas.

«El Messi de los pobres» es de los pobres, pero a cambio es muy zorro. Huele la sangre y se las apañó para meter un gol que despertó al Barça de su espejismo de la primera parte. Hay veces que los de Koeman parece que sí, pero la realidad acaba siendo que no. Es como esa escena de los Simpson en la que Ralph Wiggum, en una carrera de frutas contra una naranja y una manzana, quiere ganar con su plátano. «¡Corre plátano!», gritaba el bueno de Ralph. El Barça es un plátano. Y si sigue teniendo opciones es porque el Atlético y el Real Madrid también son más plátanos que otra cosa.

El Barcelona no ganó al Levante. Era lo que le tocaba a un equipo que quiere ser campeón de esta Liga que nadie acaba de abrazar. El partido era importantísimo, por mucho que haya sido programado para un martes a las 22 horas. No se me ocurre una hora menos épica para estarte jugando un título de Liga que un martes a las diez de la noche. Siempre se habla de que los horarios son para los chinos, pero los chinos a las cuatro de la mañana digo yo que estarán durmiendo. Jornada unificada, no te olvidamos.

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