Álvaro Pino: «Ya no estoy para sufrir»

DEPORTES

MARCOS CREO

El ex ciclista, que se acaba de jubilar, admite que ha sido profeta en su tierra y que, de vez en cuando, algún aficionado lo reconoce y le plantea un esprint en la carretera

23 oct 2021 . Actualizado a las 01:57 h.

A Álvaro Pino (Ponteareas, 1957) se le da igual de bien la bicicleta y el micrófono. Con los dos hizo carrera. Y es posible que hubiera podido hacerlo con cualquier cosa. La clave está quizás en su aparente sencillez y en su claridad de pensamiento.

-¿A qué se dedica ahora?

-Desde hace un par de semanas estoy jubilado. Así que he pasado a mejor vida. Últimamente hacía de comentarista en la radio ya que mi vinculación con el ciclismo era a través de los medios de comunicación.

-Así que su vida no va a cambiar mucho.

-No, no creo.

-¿Sigue subido a la bici?

-Prácticamente nunca he dejado de montar. Salgo cuatro o cinco días a la semana. Es un hábito que no he dejado. Es mi deporte y me sigue gustando.

-Seguro que algún aficionado lo reconoce y le echa un esprint solo por el gusto de adelantar a un campeón.

-Eso pasa mucho, ja, ja. Lo he comentado con otros profesionales cuando nos juntamos y a ellos también les pasa. Yo suelo salir solo en carretera y si alguno te reconoce, te pone a prueba en un momento puntual.

-No les hará ni caso.

-No, claro, porque yo ya no estoy para sufrir. Salgo solo precisamente porque quiero disfrutar. Si vas en grupo, aunque con la experiencia es difícil que te saquen de tu pedaleo, el gen competitivo siempre está ahí y te acabas calentando, corres el riesgo de hacerlo más de la cuenta y no estamos para eso.

-¿Evita las cuestas?

-No, me gustan. Hoy en día, con los desarrollos que hay, puedes subir por casi cualquier sitio. Y me sigue gustando subir. No como antes, que subía a 15 o 20 por hora. Ahora a siete o a lo que marque la pendiente.

Pilar Canicoba

-¿Es peligroso ir en bici?

-Hombre, yo puedo presumir de que nunca tuve ningún percance aunque llegué a hacer más de 40.000 kilómetros al año entre competición y entrenamiento. Debes tener un poco de suerte, pero es cuestión también de respeto a las normas y a los conductores. La única caída que tuve fue hace seis años y me caí yo solo, bajando. Cuando me desperté en el hospital dije que no iba a volver a coger la bici y mi hijo se echó a reír. Tenía razón, porque en cuanto me dieron el alta, volví a montar.

-En el ciclismo ha hecho de todo. Pero como ser ciclista, nada.

-Evidentemente. No fui un ciclista de mucha clase ni muchos triunfos, pero el ciclismo es muy agradecido y cualquier éxito que alcances, te hace olvidar todos los malos momentos.

-Tanto sufrimiento forja un carácter.

-Con todos los deportes pasa, pero en el ciclismo más. Te da unas capacidades para superar cosas que el resto de la gente piensa que no va a poder superar. Te ayuda muchísimo para sobreponerte en la vida a muchos obstáculos.

-Cuenta la leyenda que empezó con una bici extraviada.

-Es verdad. Mi padre tenía bicicleta, pero era su vehículo de transporte y no se podía tocar. Fue mi padrino el que encontró una bici, la llevó al cuartel de la Guardia Civil y le dijeron que, si nadie la reclamaba, podía quedársela. Y así fue. Me la dio y fue cuando empecé a interesarme por la bicicleta.

-Por alguna razón está usted en la memoria de todos los aficionados.

-Yo creo que la época de los 80 fue muy fructífera. Fue cuando se empezó a retransmitir el ciclismo por televisión y tal vez por mi forma de correr, porque me gustaba atacar, moverme (quizás habría conseguido más triunfos si hubiera corrido más con la cabeza y menos con el corazón), todas esas cosas contribuyeron a que mi nombre haya quedado en la retina de algunos aficionados. Siempre me sentí querido por la gente.

-¿Qué ciclista le impresionó más?

-Bernard Hinault, era espectacular por su carácter, su agresividad, lo que ganó... E Induráin, con el que coincidí en sus primeros años.

-Todo aquel daño que el dopaje le hizo al ciclismo... ¿Ya está recuperado el crédito?

-Yo creo que sí. Hace siete u ocho años que el problema parece controlado. Siempre habrá casos, como en cualquier otro deporte. Ahora tenemos una crisis, pero es más a nivel de resultados.

-¿Nunca le ofrecieron entrar en política?

-Sí, pero hace muchos años. Siempre lo tuve claro. Es un trabajo muy complejo y exigente. Por mi forma de ser, no encajaría. Me gustan las líneas rectas y en política se dan muchos bandazos.

-Igual se sufre más en un sillón que en un sillín.

-Casi seguro que sí. En el sillín dependes de tus fuerzas; en el sillón, dependes mucho de los demás.

-En Ponteareas le conocerá todo el mundo.

-Ahora vivo entre Ponteareas y Vigo, pero sigo teniendo a la gente de siempre, los amigos de verdad, que son los de la infancia. Siempre dicen que uno nunca es profeta en su tierra, pero yo puedo decir que en mi pueblo siempre se me quiso muchísimo. Recuerdo el recibimiento tras ganar la Vuelta a España y eso fue algo que guardaré para siempre.

-Será usted del Celta.

-Sí, pero deportividad al máximo. Cuanto antes regrese el Dépor a Primera, mejor.

-El pasodoble de su pueblo lo bailará con garbo...

-Sí, bueno. Vi como lo tocaban en el cambio de guardia del Palacio de Buckingham y también en la entrada en Jerez, en la última contrarreloj de la Vuelta a España. Un momento inolvidable. Ahora ya no me corto, pero bailo de aquella manera.

-¿Cómo diría que es usted en pocas palabras?

-Soy amigo de mis amigos, de siempre; familiar, serio y honesto. Hay que cumplir con la palabra; como se hacía antes en las ferias.

-Dígame una canción.

-Me gusta muchísimo Carlos Núñez. Cualquier cosa que toque me gusta.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Sin lugar a dudas, la salud.