Courtois, mejor jugador de la final de la Liga de Campeones: el camino largo hacia la Champions
DEPORTES
Desde niño, deambuló por varios deportes y clubes hasta situarse «en el lado bueno de la historia» y ser el héroe de la decimocuarta Copa de Europa madridista
30 may 2022 . Actualizado a las 09:00 h.Para ganarse la vida atajando, Thibaut Courtois (Bree, Bélgica, 1992) ha optado por el camino largo para proclamarse campeón de Europa.
Para empezar, le costó decidirse por la modalidad deportiva. Cuando Thibaut era niño, el voleibol era la principal. La genética familiar contribuía. Tanto sus padres (Thierry y Gitte, profesionales de este deporte en el Genk-Opglbbek VC) como su hermana Valérie (internacional) eran tan espigados como él. No se le daba mal. Sin embargo, a Courtois lo que le gustaba era el ciclismo. Pedaleaba soñando ganar algún día la Flecha Valona o la Lieja-Bastoña-Lieja. Pero un balón se cruzó con su bicicleta. Y, aunque tenía al PSV de Eindhoven a menos de cincuenta kilómetros, acabó enrolándose en el Gante, pero no en el KAA (el que tiene un indio americano en su escudo) sino en el KRC. Ya estaba más cerca de ganar su primera Champions.
Una vez superado el primer filtro, el joven Courtois se vio como un perfecto carrilero zurdo, desbaratando las acometidas rivales y pisando la línea de fondo del adversario antes de lanzar un centro medido. Eso es. Iba a ser lateral izquierdo. Pero tampoco eso quedaba muy claro en el Gante. Faltaban guardametas y el físico, otra vez, le condicionaba. Su entrenador dictó sentencia. Thibaut era nombre de portero de guante blanco.
Así que fue creciendo en el conjunto belga hasta hacer historia (el club había sido fundado en 1988, fruto de la fusión de otros dos) y ganar la Liga belga en el 2011, al segundo año de su debut en Primera División. Arrancó como sexto portero, pero un cúmulo de sanciones y lesiones en sus rivales por el puesto le allanaron el camino. El camino largo. Al menos, ahora ya sabía que iba a ser futbolista. Y portero. La Champions estaba un poco más cerca.
Pero todavía tardaría siete años en llegar al Real Madrid. Y eso que solo vistió dos camisetas en todo este tiempo: la del Atlético de Madrid y la del Chelsea. Tampoco en este aspecto trazó una línea recta. Brilló tanto que lo fichó el Chelsea, pero la camiseta que vistió era la rojiblanca del Atlético de Madrid, a préstamo por el club inglés. Así, tres veces. En la última, incluso eliminando al conjunto blue en la semifinal de la Champions, que perdería contra el Real Madrid. Ya por fin en le Premier, siguió acumulando gloria. Y en el 2018, treinta y cinco millones de euros le situaron en el club blanco.
Desde su época en el Gante, Courtois fue acumulando campeonatos nacionales e internacionales como la Supercopa de Europa, la Europa League, el Mundial de Clubes y un tercer puesto en el Mundial de Rusia en el 2018, que lo situaron entre los mejores, pero nada de todo esto importaba. Había tragado bilis como jugador rojiblanco tras perder la final de la Champions de Lisboa contra el Real Madrid en la prórroga, un partido que iba ganando el Atlético hasta el minuto 92. Horas antes de la final de París contra el Liverpool, Courtois, que nunca se ha mordido la lengua, espetó: «Hace ocho años que jugué mi primera final de la Liga de Campeones. No la gané. Pero esta vez estoy en el lado bueno de la historia». Ahora sí, después de tantas vueltas, la Copa de Europa se sentía realmente cerca. «Por mis muertos que iba a ganar una Champions. Sentía que nadie me podía marcar un gol», zanjaba sobre el césped del Stade de France.
Como concepto, los porteros dan que pensar. Su determinación de ocupar la única posición que se apoya en las manos dentro de una actividad que se practica con los pies supone más una decisión vital que deportiva. Que, además, uno de ellos acabe proclamándose mejor jugador de la mejor competición de clubes del mundo ya es cosa de otra época. Suena como a Lev Yashin, one club man del Dinamo moscovita y mejor portero del siglo XX. La Araña Negra, le decían. Ya no se estilan ni esos apodos.
Sin embargo, Courtois consiguió que, después del tanto de Vinicius en una final que comenzó con retraso y una Champions en la que el Real Madrid dejó por el camino (a golpe de remontada) a todos los pesos pesados, se hablase más del que evita los goles que del que los marca. No se vivía nada parecido desde que Casillas adelantó por la derecha a César en la final de Glasgow contra el Leverkusen y se tradujo en la novena Champions madridista. Precisamente, fue el guardameta español la primera inspiración del belga, que también tomó ejemplo del neerlandés Edwin van der Sar.
Los tres palos delimitan la vida diaria de Courtois como el mar lo hace con las penínsulas, dejando apenas una vía de escape hacia tierra firme, imprescindible para mantener un punto de apoyo sólido después de tantos zarandeos del destino. «No he dormido mucho, tenía demasiada adrenalina para poder dormir. Cuando desperté no me podía creer que era mi primera Copa de Europa», confesó el que Gianluigi Donnarumma, guardameta del París Saint Germain, considera el mejor portero del mundo.