Fue el eje del Barcelona que frenó la mejor época del Madrid, ganó el Balón de Oro y, tras un millonario traspaso, gestó un Inter de Milán irrepetible
10 jul 2023 . Actualizado a las 10:25 h.Lo explicaba el propio Luis Suárez: «Un día a Di Stéfano le hicieron una entrevista y le preguntaron por mí. Dijo: “Este juega... parece un arquitecto, en el sentido como de que organiza, prepara...”». Así que el apelativo con que su leyenda ha llegado a la actualidad no procede de aquella época en que dominaba el fútbol. Si hubiera jugado hoy en día, las redes sociales se atascarían de vídeos de sus lanzamientos milimétricos y sus regates, con la cabeza en alto, usando el pie derecho o el izquierdo, pero siempre desde un ritmo y un estilo únicos. El inolvidable gallego era simplemente el mejor de Europa, tan singular y perfecto que en un juego que ensalzaba a los goleadores (la propia Saeta Rubia, Kubala, Puskas,...) contaba con el aplauso de todos desde el centro del campo.
Nunca lo tuvo fácil. Suárez llegó de rebote a un Barcelona, en el que debutó en 1954 con solo 18 años, que pretendía acabar con aquel Madrid que enlazaba copas de Europa ante la impotencia de sus adversarios. El exdeportivista contribuyó a frenar a los blancos, pues el cuadro azulgrana se adjudicó las ligas de 1959 y 1960, así como la Copa de este último año. En aquel equipo, Helenio Herrera entrenaba y Luis Suárez jugaba mejor que nadie. Por eso, cuando las más prestigiosas publicaciones francesas eligieron al mejor futbolista europeo de aquel año, a los madridistas Di Stéfano (1957), Kopa (1958) y, otra vez, Di Stéfano (1959) les siguió el único varón español que lo ha ganado, el Arquitecto de A Coruña. «Sale la noticia y viene el subdirector de L’Équipe a un partido de liga normal y me da el trofeo. Yo lo levanto, juego, me ducho, me lo llevo a casa y ahí se acabó todo. No había nada más, ni una cena siquiera. Me llevé ese cacharro tan contento, pensando que era una cosa normal», sonreía Luis Suárez recordando aquel instante.
Leer más: Luis Suárez, en diez frases
Con el tiempo fue consciente del valor del premio que había logrado: «Cuando fui al de Figo (2000), que invitaron a todos los que habían ganado, yo estaba sentado al lado de Di Stéfano y me dice: “Che, gallego, lo que ha cambiado esto. Cuando lo ganamos nosotros parecía que no valía nada este chisme”. Pues ya ves, Alfredo, le contesté». En el 2010, tras el triunfo español en el Mundial, en una entrevista a La Voz, se reconocía harto de ser el único español que lo había ganado:
—Si se lo dan a Xavi, dejará de ser el único español.
—Mejor que esté en compañía. Ya está bien. Lo contrario sería de egoístas. Si viene uno que me hace compañía, encantado. El otro día en Madrid, en el acto de la federación, se lo dije. Estaban detrás en la foto y le dije: «Xavi, ven aquí. A ver si ganas el Balón de Oro, que estoy harto de ser el único». Me contestó que estaba muy difícil. Es un chaval excelente. Estuvo muy educado, porque me dijo: «Señor Suárez, quería darle las gracias, porque no para usted de hablar bien de mí en todos los periódicos». Se lo merece.
Tras el título liguero conquistado en 1959, el equipo de los Kubala, Kocsis, Suárez y compañía se enfrentó en las semifinales de la Copa de Europa al Madrid, pero cayó fulminado, Helenio Herrera fue despedido, y los blancos acabaron levantando su quinto entorchado. Otra vez se enfrentaron en 1960, y esta vez ganó el equipo catalán, pero perdió el duelo por el título contra el Benfica (3-2). Fue el último partido de Luis Suárez de azulgrana, en mayo de 1961.
El dorsal 10 de «Il grande Inter» y el líbero de oro del fútbol italiano
La marcha de Helenio Herrera al Inter contribuyó a que Luis Suárez vistiese la neroazzurra. Fue el primer español en jugar en el Calcio. A aquellas razones se refirió el gallego hace 13 meses en una entrevista a La Voz, preguntado por la negativa de Mbappé a fichar por el Madrid. «Fue un poco lo que me ocurrió a mí. Cuando me fui del Barcelona al Inter, el Inter ganaba algún campeonato de vez en cuando, pero no lo conocía ni el apuntador en el concierto europeo. Y yo vine, y lo que me contaba Helenio Herrera de que iba a convertirse en un gran equipo se realizó. Eso para mí fue maravilloso, y por eso el recuerdo que hay aquí en Italia conmigo es maravilloso, y a él le puede pasar en su tierra», razonaba. En Milán, a donde llegó tras un traspaso, millonario para la época, de 25 millones de pesetas (más de 150.000 euros, con los que se acabó de construir el Camp Nou), levantó tres scudettos, dos copas de Europa (1964 y 1965), así como sendas intercontinentales, que junto a los Facchetti, Mazzola y compañía lo convirtieron en ídolo de Il Grande Inter, donde vistió el 10. Herrera solía decir a sus jugadores: «Si no saben qué hacer con el balón, se lo dan a Suárez».
Allí jugó hasta los 35 años, y logró el reconocimiento que en España no había encontrado. «Soy ya como de la familia —recordaba—, aunque eso no impide que haya sitio en mi corazón para el Deportivo y el Barcelona». En 1970, decidido a colgar las botas, atendió la propuesta del Sampdoria, donde dio otra lección. Como defensa libre, triunfó gracias a su experiencia, a la vez que atendía a que sus compañeros no descuidasen sus posiciones. Fue el líbero de oro.