América, en especial Estados Unidos, establece un punto de inflexión en la organización del evento futbolístico para convertirlo en el mayor «show» del mundo y en un lucrativo negocio
20 jul 2026 . Actualizado a las 00:05 h.Una triple ceremonia de inauguración con decenas de miles de kilómetros de distancia entre las sedes y su epicentro en el estadio más mítico de los mundiales, el Azteca, fue toda una declaración de intenciones. En ese momento, la maquinaria estadounidense de la industria del espectáculo de masas demostró su músculo para organizar el Mundial más grandioso de todos los tiempos.
Con Estados Unidos marcando firme el paso, y México y Canadá como compañeros de viaje en una ruta de 104 partidos, todas las dudas quedaron despejadas el 11 de junio, desde el pitido inicial del México-Sudáfrica en el Coloso de Santa Úrsula (su tercera presencia mundialista, tras las de 1970 y 1986). Las gradas repletas en todos los estadios, sin importar el precio de las entradas (más caras que en ningún otro certamen deportivo de la historia), las aficiones hermanadas, las ciudades anfitrionas abarrotadas de seguidores procedentes de todo el planeta (con los escoceses y los noruegos en lo alto del ránking de los más queridos) y la facturación del evento en sus máximos históricos (la FIFA aseguró que solo en el entorno de Nueva Jersey, anfitriona de la final, se movieron 3.300 millones de euros), gracias a audiencias récord en el país, como los 15 millones de espectadores que se conectaron a la Fox Sports para ver las semifinales. La pantalla gigante de Central Park congregó ayer a cincuenta mil personas.
Los estadios, hitos de ingeniería de vanguardia, fueron protagonistas. Además del Azteca, el MetLife Stadium de Nueva Jersey (que albergó la final) y el SoFi Stadium de Los Ángeles, se llevan la palma. La penetración de este Mundial intercultural ha sido de tal calibre que el fútbol, tantas veces acusado de inmovilista, demostró su capacidad de adaptación, introduciendo pausas publicitarias de hidratación. La jornada de ayer es otro ejemplo, con la ceremonia de clausura y los conciertos del descanso, adecuando la fórmula de la Super Bowl, por primera vez en una final del mundial. Los símbolos importan. Por eso, la FIFA regaló, como lo hacen las Grandes Ligas, un anillo a cada uno de los campeones.
Fue una acumulación de glamur y personajes referentes en el mundo del showbusiness, empezando por el palco, con 130 celebridades. Entre ellas, Brad Pitt, Daniel Craig, Matt Damon, Javier Bardem, Timothée Chalamet, Brooke Shields, Sarah Jessica Parker, Mick Jagger, Dua Lipa, Noel Gallagher, Bizarrap, Kim Kardashian, Anna Wintour, Gasol, Carlos Alcaraz, jugadores de la NBA, históricos del fútbol, campeones del 2010 con España...
En la previa, actuaron, IShowSpeed, Post Malone y Swae Lee. María Becerra (tras su paso por Bigsound Pontevedra), interpretó el himno argentino; Jennifer Hudson, el de Estados Unidos y el quinteto valenciano Spanish Brass, el español. Tom Cruise pidió la unión de los pueblos mediante el fútbol. Robbie Williams y Nicole Scherzinger cantaron el himno del Mundial; y, en el descanso, la traca final con Shakira, Justin Bieber, Madonna, Dudamel y BTS, con la dirección artística de Chris Martin.