Las grandes empresas se quitan años

Amancio Ortega abrió el melón y desde entonces las cúpulas de las principales sociedades han vivido un intenso e inédito proceso de renovación, cuyo goteo no ha concluido todavía

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madrid / la voz

«La gerontocracia del Ibex se hace más fuerte cada año». Así lo afirmaba hace apenas dos la revista Forbes al hilo de la edad de los máximos responsables de las empresas del selectivo español. En aquel momento -los primeros compases de septiembre del 2014- dieciséis de los 35 presidentes de las firmas del Ibex (el 46 %, prácticamente la mitad) superaban los 65 años. Aunque hoy la foto fija arroja exactamente los mismos números, tras ellos late un proceso, tan intenso como inédito, de renovación en el timón de las grandes empresas españolas, que va más allá del Ibex y de las cotizadas.

Amancio Ortega fue el primero de los grandes patrones en hacerse a un lado. La decisión la anunció en el 2011. Con 76 años, el hombre de la eterna camisa blanca pasó el testigo a su delfín, Pablo Isla, tres décadas menor.

Los expertos señalan que España es un caso anómalo, comparado con su entorno, por la prolongada permanencia de los principales ejecutivos al frente de las empresas. En román paladino, nadie -o casi- quiere levantarse del sillón, como lo prueban las modificaciones de los estatutos que, por ejemplo, realizaron los banqueros Emilio Botín o Francisco González. El presidente del Santander suprimió la edad de jubilación al frente de la entidad (murió siendo presidente con 79 años), mientras que su homólogo del BBVA, que con 71 se mantiene en el cargo haciendo rodar cabezas de consejeros delegados, la retrasó hasta los 75.

Pero, tras el ejemplo de Ortega, en los dos últimos años se ha producido un número insólito de rotaciones al frente de los grandes grupos. Aunque hay más motivos, el impostergable cambio generacional es uno de los más potentes. De hecho, la edad (cumplirá 85 en septiembre) fue determinante para que Villar Mir dejase la presidencia de OHL en manos de su hijo. Y, llevada al extremo, en forma de fallecimiento, forzó la renovación en el Banco Santander o El Corte Inglés.

Actualmente tres presidentes de empresas del Ibex (FCC, Merlin y Aena) han nacido en la década de los 70. Los más jóvenes son apenas el 8,6 % del total, frente al 31,2 % que suponen los más longevos (once), nacidos en los años 30 y 40. Pero el goteo de renovaciones no cesa. José Lladó (Técnicas Reunidas, 82 años) y Salvador Gabarró (Gas Natural, 80) serán los siguientes. 

Los presidentes salientes

Amancio Ortega. Inditex. Fiel a su personal modo de hacer las cosas -con discreción-, Amancio Ortega diseñó minuciosamente el momento de dejar la presidencia del gigante que es Inditex, y con 76 años le pasó el testigo a Pablo Isla. El entonces consejero delegado, de 46, había llegado en el 2005 al grupo textil, procedente de Altadis. Tomó las riendas hace ahora un lustro, en julio del 2011, cuando la compañía era «más fuerte» y contaba con una «estructura corporativa consolidada», como explicaba el propio Ortega en la carta enviada entonces a sus empleados y a la CNMV. Aunque se apartó de la primera línea, el segundo hombre más rico del mundo no se ha desvinculado de su criatura, pues continua sentado en el consejo de administración.

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Juan Miguel Villar Mir. OHL. Durante la junta general de accionistas del pasado junio, Juan Miguel Villar Mir, que cumplirá 85 años en septiembre, anunció que dejaba la presidencia de OHL en manos de su hijo, Juan Villar-Mir de Fuentes, de 54. El que fuera «abuelo» del Ibex, hasta la reciente salida de su empresa del selectivo, presidió OHL durante casi tres décadas y ahora pasa el testigo a la siguiente generación, que liderará «la nueva etapa emprendida por la empresa». Lo que no dejará el longevo patrón es la presidencia del grupo empresarial que lleva su nombre, al frente del que continuará sine die. Su marcha coincide también con el relevo del consejero delegado, ya que el exministro Josep Piqué ha sido sustituido por Tomas García Madrid, de 53 años.

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Isidro Fainé. Caixabank. Isidro Fainé (Manresa, 1943) llevaba tiempo deshojando la margarita de su relevo al frente de Caixabank. Y no por voluntad propia, sino porque la ley de fundaciones bancarias obliga a los miembros de patronatos y consejos a elegir entre uno de los dos puestos. Su salida se consumó el 30 de junio en la figura de Jordi Gual (Lleida, 1957), un hombre de la casa -era jefe de planificación-, de confianza. Pero el de Fainé no es un paso atrás. El veterano banquero más bien se muda de despacho, ya que seguirá en activo presidiendo la Fundación La Caixa, que es el primer accionista de Caixabank. «Isidro es Dios padre», describía gráficamente una relevante personalidad financiera. Y seguirá influyendo en la entidad. 

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Antonio Brufau. Repsol. No se ha ido, pero ha dado el primer paso para un traspaso de poderes que se acerca y que se producirá en el 2019. Antonio Brufau (Mollerusa, 1948) anunció en marzo del pasado año que cedía los poderes ejecutivos al frente de Repsol a Josu Jon Imaz (Zumárraga, 1963), que se convirtió en consejero delegado de la petrolera truncando las aspiraciones de Nemesio Fernández-Cuesta (Madrid, 1957). Esta pionera separación de poderes entre el presidente y el CEO que se ha producido en Repsol está en línea con los requerimientos de los inversores internacionales, aunque aún es un modelo de gestión sin demasiado predicamento -más allá del meramente estético- en las grandes empresas del Ibex. 

Javier Monzón. Indra. No todas las sucesiones en las cúpulas obedecen a cambios generacionales. Los motivos políticos también pesan, como en el caso de Indra. El pasado enero y tras 22 años en el cargo, Javier Monzón fue destituido como presidente de la tecnológica. Su salida, forzada por la Sociedad de Participaciones Industriales (SEPI), con el consenso de los otros dos accionistas estables de la firma (Corporación Financiera Alba, es decir, la familia March; y Telefónica), respondía a los malos resultados de los últimos años y a la caída de cotización, que ha ocasionado fuertes pérdidas al Estado, principal accionista a través de la SEPI. A Monzón lo ha reemplazado Fernando Abril-Martorell (1962), antiguo consejero delegado de Telefónica.

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César Alierta. Telefónica. Una de las sorpresas de este año ha sido el relevo en la presidencia de Telefónica, que César Alierta (Zaragoza, 1945) ocupaba desde julio del 2000. El aragonés, que pilotó la completa internacionalización de la compañía durante casi 16 años, llegó designado por el Gobierno de José María Aznar para apagar los fuegos que su predecesor, Juan Villalonga (compañero de colegio del propio Aznar), había provocado durante sus cuatro años de gestión. La sucesión de Alierta, anunciada el 29 de marzo, llevaba tiempo preparándose. Su delfín, José María Álvarez-Pallete, desarrolló una brillante carrera en la multinacional, durante 17 años, de la mano del propio Alierta, que le nombró consejero delegado en el 2012.

Los presidentes fallecidos

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Emilio Botín. Banco Santander. A veinte días de cumplir 80 años, en septiembre del 2014, la muerte pilló por sorpresa al eterno presidente del Santander, Emilio Botín. El fin de semana anterior había asistido en Italia al campeonato de automovilismo y nada presagiaba el infarto que acabó con su vida en la noche del martes al miércoles. Pese a ser un relevo inesperado, su sucesión en la primera entidad financiera del país llevaba tiempo planificada y se desarrolló tal cual él la diseñó: su hija Ana Patricia Botín le sustituyó en apenas 24 horas.

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Isidoro Álvarez. El Corte Inglés. Septiembre del 2014 fue un mes «horribilis» para los presidentes más veteranos de las grandes empresas españolas. El patrón del buque insignia del comercio patrio, Isidoro Álvarez, ingresó en el hospital la misma noche que murió Botín y falleció cinco días más tarde. Ambos tenían 79 años. Álvarez, que comenzó a trabajar en El Corte Inglés con 18 años, de la mano de su tío, Ramón Areces, le sucedió a su muerte. Corría 1989. La historia se repitió y su sobrino, Dimas Gimeno, preside la compañía de distribución. 

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