Fin a los ocho años de odisea griega

Atenas deja atrás la mayor operación de rescate de la historia, con casi 400.000 millones entre préstamos y quitas


madrid / la voz

«La crisis griega ha acabado esta noche en Luxemburgo». Así lo resumió el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, el 21 de junio, después de que, tras seis horas de reunión, el Eurogrupo cerrara las condiciones finales del rescate heleno. «Es un momento histórico para Grecia y para la eurozona».

Y el próximo martes se hará efectivo ese final. Cuando se cumplan ocho años, tres meses y 19 días del primer rescate, el país escribirá la primera página de su historia de nuevo en solitario. A partir de ahora volverá a financiarse en los mercados, sin muletas financieras. Atrás quedará la odisea de un salvamento que se tradujo en más de 273.000 millones en préstamos -la mayor operación de rescate de un país- financiados por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional), además de una profunda herida social, resultado de los durísimos ajustes impuestos por Bruselas, de los que los griegos, notablemente empobrecidos, tardarán en recuperarse.

Préstamos por 273.000 millones

Pero hagamos memoria. La crisis griega -también la primera gran crisis del euro, que estuvo a punto de sucumbir- estalló en el 2010 con el colapso de las finanzas públicas del país, que entró en el euro falseando sus datos económicos. En este escenario, que los socios europeos se convirtieran en salvavidas era la única salida para evitar un desastre aún mayor. Con picos de tensión en el 2012 (Grecia tuvo un pie fuera del euro) y en el 2015 (a punto de ser expulsada de la moneda única), el rescate -o rescates sucesivos- se cerró con más de 273.000 millones en préstamos, que frisan los 400.000 si se incluyen las quitas a los inversores privados.

A cambio de mantener la economía helena con la cabeza fuera del agua, la troika le impuso severas medidas de austeridad y ajustes brutales: Grecia perdió un cuarto de su PIB, su tasa de paro se disparó al 27 % y en junio del 2015 (en plena negociación del tercer rescate) el Gobierno de Alexis Tsipras se vio obligado a imponer un corralito para frenar la huida masiva de dinero. De hecho, aunque prácticamente solo los griegos lo recuerden ya, el control de capitales aún se mantiene, sin fecha para su fin. Pese a que las condiciones se han flexibilizado, fuentes oficiales señalaron que «probablemente» se mantenga el próximo año.

Mazazo a la cohesión social

Recortes de hasta el 45 % en pensiones o un empobrecimiento de los hogares que frisa el 40 % son cifras que completan lo duro que ha sido para los griegos acatar la disciplina europea a cambio de suplir a unos mercados en los que el país no se financia desde el 2010 y a los que ahora volverá.

Para hacerlo exhibe como logros un crecimiento del PIB del 2,3 % interanual en el primer trimestre (el doble que la media de la UE) y haber metido en cintura el déficit, del 0,8 %. Sin embargo su hipertrófica deuda, del 180,4 % del PIB, le complica el futuro: los préstamos del rescate concedidos entre 2012 y 2015 comenzará a pagarlos en el 2033. Bruselas, en todo caso, seguirá sometiendo a Grecia a una supervisión reforzada para asegurarse de que no desmantela las reformas.

Desde el Gobierno heleno afrontan esta etapa con esperanza. «Cerramos un período miserable y catastrófico para la sociedad», señalaba ayer a La Voz Stravros Karagkounis, jefe del gabinete del ministro de Infraestructuras, poniendo en valor la labor política de la coalición de izquierda Syriza y destacando que, pese a que el Ejecutivo de Tsipras está en contra de las políticas de austeridad, «intentó sacar a Grecia fuera de la crisis».

Karagkounis recuerda que el parlamento votó leyes «muy duras», como el recorte de las pensiones, pero destacó que «los números de nuestra economía son mejores de los que esperaban las instituciones comunitarias y el desarrollo más rápido». Tsipras presentará la próxima semana el programa para el desarrollo económico tras el rescate.

¿Y ahora qué? Xosé Carlos Arias, catedrático de Política Económica en la Universidad de Vigo, es crítico con el papel de la UE: «Lo malo acaba alguna vez, pero malo ha sido. El deterioro de las condiciones sociales griegas ha sido como en la Gran Depresión de los años 30. Europa debió hacerlo de otro modo, porque la austeridad da alas a los populismos, alimentados por el descontento social. Ahora gobierna Syriza, pero a la derecha está esperando Amanecer Dorado». Mientras, Venancio Salcines, vicepresidente del Club Financiero Atlántico, cree que «el futuro no puede ser malo para Grecia, y alejarla de los focos la beneficiará».

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