Los límites del teatro se descubren en Berlín

Ainhoa Hevia completa su formación como actriz con un máster en teatro físico en la capital alemana

Ainhoa Hevia junto a su prima Sara Fernández delante de la Puerta de Brandenburgo
Ainhoa Hevia junto a su prima Sara Fernández delante de la Puerta de Brandenburgo

Redacción

El camino a recorrer dentro del mundo de la interpretación se basa en un aprendizaje continuo. No importa cuánta experiencia se acumule, siempre se podrán encontrar nuevas formas de experimentar con cada una de las partes del cuerpo con el fin de transmitir una sensación nueva en el espectador. Ainhoa Hevia (Oviedo, 1993) se encuentra ahora inmersa en ese bucle de descubrimientos en una de las capitales culturales de Europa; una de esas ciudades donde más se concentra el germen de la creación artística: Berlín.

Después de haber estudiado teatro en la ESAD de Gijón y de haber pasado una temporada en Oporto gracias a una beca Erasmus, Ainhoa, movida por buenas recomendaciones, decidió investigar los métodos de la que le habían dicho que era «una escuela de teatro físico muy interesante de Berlín». Una vez convencida, se apuntó al curso de posgrado que ofrecían y se fue hacia la capital alemana. «Fue bastante espontáneo», cuenta, «aunque ya hacía tiempo que la gente me hablaba de Berlín y tenía curiosidad».

Ahora explora en LISPA (London International School of Performing Arts) la técnica teatral ideada por Jacques Lecoq en París. «Es una escuela internacional que comenzó en Londres y se mudó hace unos años a Berlín», explica. La formación que imparten es fundamentalmente práctica. Allí, la teoría se transforma en grupos de discusión y debate sobre obras y escritos teatrales, «y todos los días tenemos varias horas dedicadas a improvisar y a crear nuestro propio material en base a la pedagogía que seguimos en la escuela». Lo que hace de esta temporada un gran complemento para su figura como actriz y creadora. «Nos empujan a tomar decisiones y a desarrollar nuestro propio estilo como artistas», sostiene.

La actividad que desarrolla la escuela es «muy intensa y requiere mucha dedicación», señala. Las clases abarcan entre cinco y seis días por semana, desde el mediodía hasta bien entrada la noche, a lo que hay que añadir los ensayos. Pese a ello, siempre le queda algún rato libre para «quedar con amigos para ir a un bar, al teatro o al cine. ¡En esta ciudad siempre hay mil cosas interesantes sucediendo a la vez! Y los domingos, cuando hace buen tiempo, los paso en el Mauerpark».

Berlín.Hackescher Markt
Hackescher Markt

Berlín: movimiento y teatro

«Berlín es una ciudad enorme con mucho movimiento artístico», cuenta Ainhoa. Actualmente es una de las ciudades europeas con más actividad teatral, lo que la convierte en un lugar con «muchísimas oportunidades y, sobre todo, mucha diversidad». En este plano, el Principado se configura como el otro lado de la moneda: «Asturias es mucho más pequeña y la actividad teatral que hay es muy limitada». Si bien, cree que, con la ESAD, el panorama está cambiando, expandiendo y diversificando, «aunque no es comparable con una ciudad como Berlín».

Uno de los mayores beneficios de vivir en una ciudad cosmopolita y diversa es que «no se nota demasiado la cultura alemana a no ser que te relaciones solo con gente de aquí», por lo que el cambio no suele ser muy disruptivo. Tal es así que han sido varias las ocasiones en las que se ha topado con conocidos, tanto del Principado como de otros lugares, por la ciudad. «El ritmo de vida te lo marcas un poco tú, el trabajo o los estudios que tengas». Eso sí, siempre que no se tenga que pasar por la burocracia alemana para registrarse en la ciudad o alquilar un piso; un proceso lleno de trámites infinitos que para Ainhoa ha sido -ahora entre risas- «una experiencia difícil de olvidar».

Los planes de la ovetense, de momento, no pasan por Asturias. Puede echar mucho en falta el mar, a sus seres queridos o la comida de casa, pero las limitaciones de la región a la hora de encontrar empleo, especialmente en el ámbito artístico, la alejan. Entretanto, en Berlín se siente acogida por una ciudad que no deja de ofrecer posibilidades, un sitio donde «es muy difícil aburrirse». Por eso siempre prefiere que sean sus amigos o familiares los que vayan de visita a pesar del frío y las pocas horas de luz que «se hacen bastante duras durante el invierno».

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