La guadaña y la cachapa que arrasan en Estados Unidos

El segador asturiano afincado en Washington Alfonso Díaz alaba la técnica manual como un ejercicio que ayuda a la meditación y cuida el medioambiente mientras gana competiciones frente a desbrozadoras

Alfonso Díaz demuestra su técnica con la guadaña El segador asturiano afincado en Estados Unidos gana con su método manual a un joven con una desbrozadora en un festival Maryland

Redacción

«Es curioso cómo una actividad tan vieja, tan normal y ordinaria en la vida de tantas personas, de repente despierta curiosidad e interés cuando está a punto de desaparecer». Así explica Alfonso Díaz, un asturiano en Estados Unidos, su valiosa labor con la que, guadaña en mano, desbroza los pastos de la región del Atlántico Medio con tal maestría que es capaz de ganar a los que participan con métodos automáticos. «Es como sacar algo de un armario viejo que nos gustaba mucho de chicos y hacía muchos años que no lo veíamos». 

Nacido en Onís, en un pequeño pueblo llamado Talaveru, su afición es más bien una tradición familiar. «Desde crío, como todos, iba a los praos con mis padres y esa fue la primera escuela de la siega», sostiene. Así, a base de admirar la maestría de su padre aprendió los trucos de una técnica pulcra. «Él segaba muy bien -y mucho- pero, como era habitual entonces, los mayores no tenían tiempo -y muchas veces tampoco humor- para sentarse a dar explicaciones detalladas», por lo que la única opción era fijarse, copiar y practicar. 

Empezó su andadura por los pastos con apenas ocho años, cuando ayudaba a su padre a segar el heno y la hierba para dejar el terreno en perfecto estado para sus vacas durante todo el año. Poco a poco fue mejorando y se animó a participar en concursos. Se presentó al primero con 14 años y desde entonces no ha parado. Tras pasar por el bachiller y la entonces obligatoria mili, a los 21 años voló a Estados Unidos gracias a la invitación de un familiar. «Lo que pensaba que sería una temporada o unos pocos años acabó por convertirse en muchos más». Tanto que, a día de hoy, es funcionario en Washington D.C., ocupación que compagina con la impartición de clases en un huerto comunitario y su eterna afición por la siega manual.

Los utensilios

Conocido como «the Scytheman», «el segador» en inglés, Díaz tiene una colección de utensilios para segar muy rica. Desde distintos tipos de guadañas aptas para zurdos y diestros cuyas hojas proceden tanto de Europa como de Estados Unidos, pasando por las indispensables piedras para afilar rápidamente mientras se está segando, siguiendo con los martillos necesarios para la acción de cabruñar -acto de afilar la guadaña con un martillo adecuado sobre un yunque-, y sin olvidar el gaxapu o cachapa, esa pieza de madera que se cuelga del cinturón de los segadores para portar la piedra, normalmente con agua. Como bien explica Díaz, lo general es que las cachapas sean de madera, «pero también las hay de plástico, cobre y por supuesto de cuerno», sostiene.

Como no podría ser de otro modo, también consta con múltiples cachapas en su hogar e incluso ha llegado a optar por una un tanto especial cuando las circunstancias no eran las más favorables: «En momentos de apuros, si no hay una a mano se puede improvisar una cachapa con una botella de esas de jabón Ajax o semejante. Solo se le corta la parte del cuello y listo».

La siega manual, un beneficio medioambiental

En una era en la que la automatización domina todos los procesos bajo la premisa de ahorrar tiempo, sorprende ver cómo Díaz es capaz de ganar con gran ventaja a un segador con una desbrozadora mientras él, sin prisa ni pausa, llega a la meta con su afilada guadaña, como bien se aprecia en el vídeo.

Este asturiano tiene claros los beneficios de un método considerado por muchos como «arcaico», y en la cima de la lista está el medioambiente. «Por suerte, esta generación está tomando conciencia de la necesidad de proteger el entorno y cada detalle cuenta», explica. En este caso, las desbrozadoras se valen de motores de gasolina que propician el deterioro del medioambiente. «Además, son caras, hay que estar pendientes de su mantenimiento, llevarlas a arreglar si se estropean, hay que aguantar todo ese ruido constante y pueden ser peligrosas, por lo que siempre hay que llevar cascos y gafas protectoras». Pero no se queda ahí, ya que a la hora de medir su efectividad también se quedan por detrás del método manual ya que «destrozan la hierba, no la cortan limpiamente y te dejan en la ropa ese olor a gasolina y humo durante todo el día», sostiene.

En comparación, la guadaña es el otro lado de la moneda ya que su precio es más que asequible y su longevidad está asegurada, «gracias a que su mantenimiento no cuesta nada», cuenta Díaz. También es silenciosa, limpia y evita que se queden impregnados en las prendas olores desagradables. El corte que realiza es mucho más apurado y delicado, ya que no destroza la hierba ni expulsa humo. Para Díaz, además, uno de los beneficios asociados a esta actividad es que «es más personal que la otra máquina». Para él segar es parecido al yoga o la meditación: «Si siegas sin prisa y entras en un ritmo constante, el ruido del corte mientras ves la hierba caer y acomodarse a un lado de una manera organizada hace del ejercicio algo verdaderamente agradable». 

Pero no siempre ha sido así. Díaz señala que esa sensación de paz es posible sentirla ahora, ya que antes, cuando se hacía por necesidad, «la gente no se paraba ni siquiera a pensar en estas cosas y la guadaña se veía casi con odio; era un castigo», explica.

Una afición con mucho público

En Estados Unidos este segador asturiano ha conseguido conocer a un gran círculo de personas que él califica como «entusiastas de la siega con guadaña». Así, recorre distintas ciudades para participar en competiciones llenas de aficionados que abarcan perfiles desde los más jóvenes a los más senior. Experiencia que Alfonso vive con gusto, como cuando vio que uno de estos encuentros, que tuvo lugar en Vermont, fue creado hace 30 años por un hombre que ya ha cumplido los 100 y que sigue segando con virtuosismo y placer.

«Hay un gran interés por la siega manual y a los entusiastas de este asunto nos gusta mucho que así sea», cuenta Díaz, quien señala que ese interés se esparce también por otros países del norte de Europa, Canadá, Australia o Nueva Zelanda. Y allá donde vaya, Díaz se seguirá moviendo por el mundo con ligereza y tenacidad a golpe de guadaña.

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