Un investigador asturiano sobrevive al ciclón que devastó Mozambique

Nacho G. Ruano REDACCIÓN

EMIGRACIÓN

Mario Lebrato trabaja en una estación científica en la isla de Bazaruto, al sur del país, preparada para soportar vientos de hasta 150 kilómetros por hora

28 mar 2019 . Actualizado a las 13:09 h.

El asturiano Mario Lebrato, que trabaja en una estación científica en la isla de Bazaruto, se acabar de topar con el devastador ciclón que ha arrasado Mozmbique y ha dejado cientos de muertos en el país. Ha sobrevivido a esta catástrofe gracias a que las condiciones del terreno de la zona en la que vive, al sur del país, unida a que las casas construidas en la isla soportan rachas de viento huracanadas. Los medios de las gentes locales, apunta Lebrato, son inexistentes, pero pueden hacer frente a estos ciclones por sus conocimientos de la zona.

Las especies vegetales juegan un papel clave a la hora de frenar los vientos huracanados que suelen llevar a las islas ciclones como el que recientemente ha devastado MozambiqueLas islas, señala el asturiano, tienen vegetación muy alta de palmeras, matorral y árboles muy resistentes, que amortiguan los ciclones. Por esto, Lebrato considera que es muy importante no deforestar. Las tribus y gentes locales construyen de manera que nunca sobrepasan la vegetación, de forma que logran una protección natural. Lo mismo ocurre con la estación marina BCSS Bazaruto Center for Scientific Studies, del que es director general y científico jefe, y el santuario de Kisawa,del que ejerce como asesor científico, que están construidos de tal manera que la vegetación también les protege. «Tenemos capacidad de resistir sin ningún tipo de daños hasta los 120 o 150 kilómetros por hora de vientos, pero hasta los 200 kilómetros por hora no. Por encima de esta velocidad nos volaría todo, menos las estructuras principales, que garantizan la integridad de la estación», explica el científico. A los habitantes de la isla le pasaría lo mismo. A partir de esa fuerza del viento, sus viviendas no resisten. «El problema mayor es para habitantes de pueblos y ciudades costeras sin este tipo de protección y expuestos a los elementos», afirma.

Con los medios actuales de predicción es posible saber más o menos por dónde va entrar el ciclón. En este caso, los trabajadores conocían que entraría por Beira, y no por el sur, por lo tanto sabían que se hallaban más o menos seguros. Sin embargo, nunca se sabe si el ciclón puede cambiar la trayectoria y desviarse más al sur, como hizo. «Pero no nos pego de lleno», apunta. Además, el ciclón no ha afectado al suministro de recursos como el agua potable, ya que no tienen problema porque extraen agua de acuíferos subterráneos con bombas, por lo que son autosuficientes. La electricidad que consumen se extrae a partir de energía 100% solar, acumulable en baterías y que luego se emplea como generador de emergencia. La estación BCSS está preparada para los ciclones. Sin embargo, la electricidad se les fue 48 horas por un problema técnico del generador al no haber sol durante 72 horas, que no tuvo nada que ver con el impacto del ciclón.