Historias de los niños de la guerra: «Cuando dormía hablaba en español»

La antigua URSS acogió a más de 7.000 españoles, entre los que se encontraba una gran cantidad de exiliados astures

La ministra de Justicia Lola Delgado y el Fiscal General de la Federación Rusa, Yuri Chaika, han firmado el programa de acción entre la Fiscalía rusa que prevé actividades que intensifican las relaciones bilaterales entre ambos organismos durante 2019-2020
La ministra de Justicia Lola Delgado y el Fiscal General de la Federación Rusa, Yuri Chaika, han firmado el programa de acción entre la Fiscalía rusa que prevé actividades que intensifican las relaciones bilaterales entre ambos organismos durante 2019-2020

Moscú

La ministra de Justicia de España, Dolores Delgado, dijo que «nunca es tarde para pedir perdón» y «reconocer el sacrificio» del exilio republicano español, para el que la antigua URSS fue un importante lugar de acogida al dar cobijo a unos 7.000 españoles, entre ellos 3.000 «niños de la guerra». «A pesar de que hayan pasado 80 años, nunca es tarde para pedir perdón, reconocer el sacrificio de los hombres, mujeres y niños exiliados y de devolverles su lugar en la historia de España», dijo Delgado en la inauguración del seminario «Páginas del exilio español en Rusia» en el Instituto de Cervantes. Moscú era una parada obligatoria para el Gobierno español para reconocer y homenajear a los exiliados y sus descendientes, muchos de ellos asturianos.

Bajo el lema «¡Salvad a los niños de España» y el decreto del Gobierno de la República que creó un Comité de Refugiados, 32.000 niños fueron evacuados, de los que 3.000 fueron acogidos por la URSS. En cuatro grandes expediciones, las tres primeras entre marzo y septiembre de 1937 - procedentes de Valencia, Santurce y Gijón -, y la última desde Barcelona a finales de octubre de 1938, llegó a tierras soviéticas un grupo de 7.000 españoles, de los que 2.895 eran niños, recordó Delgado. Llegaron al puerto de Leningrado, «donde recibieron un acogimiento afectuoso» por parte del pueblo ruso, recalcó, y recordó que todos pensaban que el éxodo forzoso duraría meses, pero no décadas. «Algunos permanecerían para siempre y nunca volverían a ver a sus padres de nuevo», indicó Delgado. 

Como otros exiliados, tras escapar del franquismo «la fatalidad les perseguiría», ya que los países de acogida «se enfrentarían al nazismo o serían invadidos por tropas alemanas», recordó Delgado. «Para regresar a España hubo que esperar a la muerte de Stalin» en 1953, apuntó la ministra de Justicia, quien explicó que fueron los exiliados los que forzaron las negociaciones entre Moscú y Madrid para regresar a su patria. Fue en 1956 cuando los soviéticos dieron su visto bueno al regreso de los exiliados, casi dos décadas después de haber llegado en barco a Leningrado. Volvieron a su patria 2.622 españoles, pero la vuelta no fue fácil y de los que regresaron 150 se marcharían de nuevo a la URSS al poco tiempo y otros 500 lo harían más adelante. De los 3.000 «niños de la guerra» unos 120 permanecieron en Rusia.

Los «niños asturianos de la guerra» 

Como el asturiano Belarmino Rodríguez Vallina, que hoy tiene 94 años y vino a la URSS con diez años junto a su hermana mayor Alvarina, dos años mayor, quien se casó «con una rusa muy buena» de nombre Nadezhda, que significa «esperanza» en español, y que decidió no regresar a España porque «ya tenía la vida hecha» en Rusia. El «niño de la guerra» visitó España cuando su hija pequeña tenía 15 años, porque antes no se lo permitía su trabajo «un poco secreto». Era ingeniero «en una fábrica grande e importante para la URSS», relató a Efe su nieta Inna. «No volvió a ver a su mamá y papá. Ya murieron. Me han dicho en España que besó el suelo y lloraba cuando vino a Asturias», comentó su nieta, quien afirma que Belarmino «siempre ha tenido una tristeza dentro, aún la tiene», a pesar del contacto que mantuvo con su familia. «Claro, aquí tenía trabajo, piso, mujer e niños, pero España es su patria», afirmó Inna, quien se acuerda de que su abuelo «cuando dormía hablaba en español» en el sueño.

Ángel Gutiérrez, que hoy tiene 86 años y es creador del Teatro de Cámara Chéjov de Madrid, fue de los que volvieron a España. Lo hizo en 1974 y tuvo que empezar de cero, según dijo a Efe. Este asturiano, que fue pastor con solo seis años, no sabía «ni qué era la Unión Soviética» cuando fue embarcado junto a una de sus hermanas rumbo a tierras soviéticas. Al llegar a Leningrado se quedó en una casa de niños y se dedicaba a la pintura y la música. Cuando empezó la guerra estuvo un tiempo en el Cerco de Leningrado, hasta que le llevaron a los Urales y de allí a las afueras de Moscú. Él dice que tuvo «mucha suerte» en Rusia, que «es mi patria». «Me siento ruso y un poco asturiano, pero soy ruso, qué se va a hacer. Es mi destino, mi suerte», sostiene

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