Dejar Asturias para descubrir el país de Papá Noel

La ovetense Olaya Esparta cursa su proyecto de fin de máster de biotecnología en un laboratorio finlandés

La ovetense Olaya Esparta
La ovetense Olaya Esparta

Redacción

«Sí y mil veces sí, me queraría aquí». Pese al brutal contraste térmico entre invierno (-33 grados) y verano (30 grados) la ovetense Olaya Esparta lo tiene muy claro. «Finlandia es el paraíso». Esta asturiana cursa su proyecto de fin de máster de biotecnología en un laboratorio del país nórdico y, pese a que no cuenta con mucho tiempo por este trabajo, exprime cada segundo libre para descubrir cada rincón de un país que la tiene enamorada. Sus costumbres, su naturaleza, sus oportunidades científicas (y el amor) han hecho que esta expatriada planee su futuro cercano en Finlandia. 

La educación y la ciencia, sobre todo en la rama biotecnológica, fueron las principales razones para que esta ovetense escogiese este destino para enriquecer su currículum. Esta decisión le ha permitido descubrir los entresijos de una cultura muy lejana en la distancia pero muy cercana en algunos aspectos. Por ejemplo, la vida universitaria. «El salir de fiesta es inherente a todos los estudiantes del mundo. Había muchas organizaciones de estudiantes que organizaban eventos y fiestas, tanto para locales como Erasmus», explica. 

Pese a esta similitud, Olaya Esparta describe las grandes diferencias entre la idiosincracia finlandesa y la forma de ser asturiana. Mientras que en la tierrina el carácter es más abierto y extrovertido, los nórdicos tienden a ser más distantes y silenciosos. Además, el hecho de que la población sea menor en este país explica la falta de bullicio en las calles. Otra costumbre que difiere mucho de la de su tierra natal son los horarios de las comidas. «La mayoría de las personas iban a comer a la cafetería entre las 11.30 y las 12.00 y luego la cena era aproximadamente a las 18.00», señala.

Una naturaleza que ver en todo su esplendor

Si por algo destaca Finlandia, además de por su nivel educativo, es sin duda por sus imponentes parajes blancos de naturaleza virgen. Laponia es la joya de la corona, y un «sitio indispensable por el que hay que pasar» si uno visita este país. Los seis meses que Esparta ha vivido allí le han permitido conocer lugares como Helsinki, Turku, Oulu y uno de los rincones más mágicos del mundo. Se trata de ni más ni menos que Rovaniemi, donde la asturiana pudo conocer a Papa Noel y a sus ayudantes. Además, ha podido descubrir cómo es un hotel de hielo que se construye año a año desde cero, como el existente en Laino, el Snow Village

El despliegue de lo que es la esencia finlandesa lo conoció en Levi, donde se alojó con el resto de la expedicion del viaje en cabañas de madera, que contaban cada una con una sauna, y donde pudieron disfrutar de las imponentes auroras boreales nocturnas. «Por el día nos dedicamos a hacer excursiones como caminar con raquetas de nieve, visitar una granja de renos, hacer esquí de fondo y hasta cruzar la frontera y ver los fiordos noruegos por un día», comenta.

La sauna como espacio social

 A pesar de la fama de timidez e introversión de la población finlandesa, existe un lugar donde sus habitantes dejan el silencio fuera y se lanzan a hablar de cualquier tema: la sauna. Este santuario sagrado de encuentro social y charla con amigos y familiares supone un cambio drástico con respecto a su forma de ser fuera de ella. «Es sorprendente como cambian dentro y fuera de ella, para ellos la sauna es un momento social, es donde se hablan los temas importantes y sientes que pueden ser ellos mismos», apunta.

El contraste extremo entre las altas temperaturas de la sauna y el frío gélido del exterior es una delicia para todo aquel que lo haya probado, según añade la propia Esparta. El darse un baño caliente y rematar la experiencia e un lago helado es una costumbre que la asturiana ha probado y recomienda. «Las temperaturas dentro de la sauna van desde los 80 a 90 grados y la mejor parte es salir fuera y bañarse haciendo un agujero en el hielo de algún lago congelado. La experiencia parece imposible de imaginar para nosotros los españoles que somos de clima cálido, pero merece totalmente la pena, te deja el cuerpo como nuevo y muy relajado», defiende. 

Su lugar de residencia y las condiciones climáticas

Kuopio, en el este de Finlandia, es la octava ciudad más grande del país. Se encuentra rodeada de lagos y bosques y la ovetense disfrutaba en estos parajes del patinaje sobre hielo y el esquí de fondo. La diferencia extrema de las temperaturas invernales (-33 grados) y las veraniegas (30 grados) es algo chocante, pero que la asturiana no tardó en acostumbrarse, sobre todo al frío. «Llevábamos ropa de esquiar y cuando hacia tan solo -5 grados nos parecía que estábamos en verano. Para salir de fiesta nos poníamos el traje de esquiar encima de la ropa y al llegar a las discotecas dejábamos la ropa de invierno en el ropero», relata.

Las escasas horas de luz solar también fueron una realidad que sorprendió a la estudiante. «En enero siempre era de noche, estuvimos sin ver el sol bastantes días y luego en verano siempre era de día, el sol nunca se escondía del todo y podías oír los pájaros cantar toda la noche», narra. 

Cómo vive Finlandia la cultura española

Para la ovetense, lo que más valoraban los finlandeses es la forma de ser abierta de los españoles, y la percepción de que siempre están felices y con una sonrisa en la cara. Por otra parte, algunos estereotipos sobre España, como la necesidad de echar la siesta para rendir en el trabajo, ya se encargó la expatriada de desmentirlos. «Se imaginaban que los españoles no éramos tan trabajadores y que necesitábamos hacer siesta para funcionar correctamente. Obviamente les demostré que eso no era cierto y que los españoles nos tomamos el trabajo muy en serio», añade.

Lo que más atrae a la asturiana de este país

El amor que siente Olaya Esparta por Finlandia es tal que incluso reconoce que tiene el billete de ida para allá, pero no el de vuelta. «Empezaré en octubre unas prácticas en una empresa de biotecnología en Turku con vistas a quedarme allí de momento», afirma. El hecho de ser asturiana de nacimiento y sentir mucho cariño por su tierra natal, considera el país nórdico como un verdadero paraíso y un lugar excepcional por su naturaleza virgen y la propia conciencia de respeto hacia el medio natural que exhiben los finlandeses. «Dejan los bosques prácticamente vírgenes y las ciudades las construyen dentro de ellos. Caminas cada día entre árboles blancos en invierno y verdes en verano, viendo animales salvajes por la ventana mientras desayunas y despertándote con el trinar de los pájaros», añade. Esta asturiana aprovechó la oportunidad de coger las maletas, mejorar su currículum y, de paso, descubrir el país de Papá Noel. 

Un gijonés residente en Laponia: «A -40 los niños hacen vida normal y van a la escuela»

N.G.R.
Carlos López, gijonés que vive en Laponia.El gijonés Carlos López, que vive en Laponia desde hace 18 años
El gijonés Carlos López, que vive en Laponia desde hace 18 años

Carlos López afirma que las personas que pasan muchos años fuera de su hogar natal «sienten que no pertenecen a ningún sitio»

Casi la mitad de su vida fuera de Asturias, el gijonés Carlos López se considera en tierra de nadie. «Cuando pasas muchos años fuera de tu casa sientes que no perteneces a ningún sitio», explica. El sentimiento de desarraigo no impide que este expatriado disfrute por igual de Asturias y Laponia, donde reside en la actualidad. Eso sí, reconoce que los hábitos alimenticios y la dieta en esta región del norte de Finlandia ha influido en su apetito. «Cuando vengo a Asturias no puedo con las raciones de aquí, he perdido saque», señala. Pese a que no se plantea volver a su tierra natal, afirma que las relaciones sociales aquí es algo que echa en falta en la gélida Laponia, donde el carácter tiende a ser más distante. No obstante, el sentimiento de cooperación y comunidad de los habitantes de Ivalo, localidad en la que vive el asturiano, favorece cooperativas en las que cada persona aporta su granito de arena para realizar actividades en grupo, más allá de los clásicos deportes de invierno. Esta estación es especialmente gélida en la zona de residencia del gijonés, donde pueden alcanzar temperaturas de hasta -40 grados, aunque la población ya está acostumbrada y convive con estas condiciones extremas. «A -40 los niños hacen vida normal y van a la escuela», destaca el emigrante asturiano.

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