Después del 21D hay todavía 155 para rato

La intervención de la autonomía no acabará hasta que se forme Gobierno, lo que puede alargarse hasta después de marzo

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Madrid / La Voz

Si en algo coinciden los partidos independentistas y los constitucionalistas es en que el resultado del 21D va a despejar las dudas sobre el futuro de Cataluña. Un augurio que está lejos de la realidad porque, aunque como se dijo aquí no volveremos a la casilla de salida ni entraremos en un bucle acción-reacción entre declaraciones de independencia y aplicaciones del artículo 155, cuando los catalanes y el resto de españoles se despierten el 22D se necesitará todavía mucho tiempo, sea cual sea el resultado, para ponerlo en práctica.

De entrada, los independentistas que crean que una victoria en estas elecciones supondrá la retirada inmediata del artículo 155 de la Constitución pueden ir abandonando esa esperanza. Tal cosa no sucederá hasta que se invista a un nuevo presidente de la Generalitat. Y, a la luz de los sondeos y del juego de estrategias que estamos viendo entre los partidos, eso puede llevar bastante tiempo, incluso aunque hubiera una mayoría independentista. Baste recordar que desde las pasadas elecciones del 27 de septiembre del 2015 hasta la investidura de Carles Puigdemont el 10 de enero del 2016 transcurrieron tres meses y medio en los que la CUP se cobró la cabeza de Artur Mas a cambio de su apoyo. Si los números dieran de nuevo, los antisistema venderían aún más caro su apoyo a Oriol Junqueras (o a Marta Rovira), una vez que ERC ha admitido que engañó a los catalanes al prometer una independencia que era inviable. Y el hecho de que hasta que no haya Gobierno seguiría vigente el 155 solo reforzaría la posición de los radicales de la CUP.

Pero la situación puede ser incluso más compleja que en el 2015 y alargarse más en el tiempo, porque todo indica que, al contrario de lo que ocurrió entonces, puede terminar habiendo varias fórmulas de Gobierno viables. Tanto si hay mayoría independentista como si no, es muy probable que ERC busque un pacto alternativo con los comunes para no depender de una fuerza incontrolable como la CUP. Y ese pacto, para el que los números darán casi con seguridad si se incluye a Junts per Catalunya, la lista de Puigdemont, llevaría incluso más tiempo, porque tanto Ada Colau como Pablo Iglesias necesitarían escenificar una dura negociación, con concesiones de los independentistas, para justificar ante su electorado un acuerdo con quienes impusieron la vía unilateral. Y no digamos ya las dificultades que habría para articular, en el improbable caso de que dieran los números, un hipotético gobierno de izquierda mixta con ERC, Catalunya en Comú y el PSC.

De modo que, ocurra lo que ocurra, Mariano Rajoy no solo se comerá el turrón y pasará los Reyes como presidente de la Generalitat, sino que muy bien podría llegar hasta marzo con el artículo 155 vigente en Cataluña. El Estatuto catalán no pone límite temporal para la elección de nuevo presidente de la Generalitat. Solo indica que, si transcurridos dos meses desde la primera votación de investidura ningún candidato es elegido, se disolverá el Parlamento y se convocarán nuevas elecciones. La urgencia independentista para evitar tal cosa y para acabar con el 155 será por tanto un elemento clave de las negociaciones de investidura.

TV3 sigue siendo un órgano de propaganda secesionista

La decisión más discutible sobre la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña fue sin duda la de no intervenir, pese a haber solicitado autorización al Senado para ello, en la gestión de los medios de comunicación públicos catalanes. Menos de un mes después de que el Gobierno interviniera la autonomía de Cataluña, se ha demostrado que esa decisión fue un grave error de juicio. Con el anterior Ejecutivo catalán encarcelado o fugado en Bélgica, TV3 sigue siendo un órgano de propaganda y adoctrinamiento, en el que se acosa e insulta a la oposición, se sigue tratando a Carles Puigdemont como presidente legítimo y se miente hasta en los programas infantiles sobre la situación de Cataluña.

Las mentiras de Rovira son la muestra de su frustración

Las declaraciones de Marta Rovira dejan claro por dónde transcurrirá la campaña electoral de las catalanas. Los independentistas son conscientes de que, después del baño de realidad que han recibido, ya no es posible hacer una campaña triunfal que prometa la independencia unilateral. Y por eso juegan ahora la carta del victimismo, aunque para ello sea preciso recurrir a mentiras groseras y tremendistas, como la de que el Gobierno les amenazó con muertos en la calle. Ya no se trata de ignorar a «Madrid» y decir que Cataluña decidirá su futuro sin contar con nadie, sino de admitir que no hay vía unilateral y tratar por eso mismo de desprestigiar al Gobierno para que Europa fuerce a Rajoy a negociar.

El Gobierno no va a exagerar sobre la injerencia de Rusia

El Gobierno está entrando a regañadientes en el debate sobre la injerencia rusa en la situación que atraviesa Cataluña. En primer lugar, porque es consciente de que España no está en condiciones de abrir una grave crisis diplomática con Rusia, ni tampoco le interesa. La tibia respuesta a las primeras amenazas de la Administración Putin si se opta por esa vía lo demuestran. Pero también es consciente el Ejecutivo de que, aunque fuera pueda calar, resulta ridículo tratar de difundir en España la tesis de que la deriva radical que ha tomado en los últimos años un problema secular como el del nacionalismo catalán es consecuencia del esfuerzo ruso por difundir mensajes falsos en las redes sociales.

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