Investigadores de la Universidad de Oviedo desvelan que el cerebro humano premia el ejercicio físico
ESTUDIOS SUPERIORES
Los autores atribuyen el fenómeno a un desajuste evolutivo, ya que con alimento asegurado, transporte motorizado y trabajos sedentarios el cuerpo sigue esperando un movimiento que la vida moderna no ofrece
13 oct 2026 . Actualizado a las 11:09 h.El cerebro humano reutiliza circuitos neuronales que estaban destinados a regular la actividad física de supervivencia y por eso sigue premiando el esfuerzo físico incluso cuando no existe una necesidad real del entorno. Así lo ha planteado un estudio de la Universidad de Oviedo publicado en la revista 'Evolutionary Anthropology', que propone un nuevo marco neuroevolutivo sobre el esfuerzo físico voluntario.
Según ha explicado este martes la institución académicas asturiana, el trabajo establece tres mecanismos que no compiten entre sí: la compensación homeostática, que propone que el ejercicio contribuye al mantenimiento del propio organismo; la señalización costosa, que muestra la condición física ante los demás, y la recodificación de la recompensa, que hace que el esfuerzo resulte gratificante por sí mismo.
El primer firmante del artículo e investigador, Miguel Ángel Rodríguez, sostiene que es probable que las tres explicaciones actúen a la vez con distinto peso según cada persona, porque todas parten de un sistema cerebral que no evolucionó para hacer ejercicio sino para decidir si un esfuerzo merece la pena.
Los autores atribuyen el fenómeno a un desajuste evolutivo, ya que con alimento asegurado, transporte motorizado y trabajos sedentarios el cuerpo sigue esperando un movimiento que la vida moderna no ofrece, y recuerdan que pueblos como los hadza de Tanzania o los tarahumaras de México dedican energía extra a danzas y carreras sin beneficio alimentario, recoge Efe.
El estudio deja una idea de fondo, «que cueste ponerse las zapatillas algunas mañanas no constituye un fallo personal, sino el resultado de un sistema que, durante millones de años, aprendió a evaluar el esfuerzo en términos de coste y beneficio, y que tiende a evitarlo cuando la recompensa no resulta evidente, porque nunca evolucionó pensando en el ejercicio», según ha afirmado la universidad. Entrenar con regularidad va cambiando la forma en que el cerebro valora el esfuerzo, de modo que quienes practican ejercicio de forma habitual lo perciben como menos costoso.