Con 14 proyectos en marcha, la entidad ha lanzado actividades en las que participan más de 1.500 personas de todas las edades
04 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.«La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un mundo mejor». Este lema adorna una de las paredes del antiguo economato de Ensidesa de La Calzada, hoy reconvertido en la sede de Mar de Niebla, una entidad sin ánimo de lucro que nacía en 2004 para implicar e implicarse en el barrio a través de un proyecto comunitario que trabaja por la inclusión, el fomento de la participación y la transformación social. Hoy más de 1.500 personas de todas las edades participan en alguno de los 14 proyectos que Mar de Niebla tiene en marcha, en manos de un equipo de 18 jóvenes profesionales y 59 voluntarios que pasan por la sede de la calle de Martín todas las semanas.
El local tiene 1.600 metros cuadrados y, tras dos reformas, de momento están habilitados 760 metros cuadrados. El antiguo economato, que pertenece a la comunidad de vecinos, llevaba 30 años cerrado. Tras surgir la oportunidad de alquilar las instalaciones en 2013, el reto era darle forma a un espacio diáfano y prácticamente destrozado por el desuso y del que sólo se mantiene el suelo original. La reforma se valoró en 50.000 euros. «Sólo teníamos 17.000 euros que nos habían dado en Servicios Sociales y conseguimos que nos ajustaran el presupuesto», explica Héctor Colunga, que dirige Mar de Niebla desde 2011.
El mismo año del traslado a la nueva sede, en la que se habilitaron diversos espacios polivalentes para acoger actividades de todo tipo, el Rotary Club de Gijón les ofreció la recaudación de la cena anual que celebran con fines benéficos. En total, eran otros 8.000 euros para crear una zona de infancia. «También nos dieron material de obra y decidimos hacer la reforma nosotros mismos», indica Colunga, frente a los dos amplios espacios destinados a los grupos de infancia y juventud, en los que hubo que colocar techos, suelos, puertas y cristaleras. Una labor que realizaron durante cinco meses 42 personas de forma desinteresada. Sus nombres aparecen en las hojas de un gran árbol que adorna otra de las paredes.
En el resto de las paredes aparecen palabras que definen el objeto social de Mar de Niebla: participación, compromiso, futuro, ilusión, cercanía, luz? «Cada grupo escogió una palabra que representase los valores de intervención y de trabajo y, cada año, realizamos cuatro jornadas internas con esos temas estratégicos», explica Colunga.
Mar de Niebla tiene tres áreas de trabajo diferenciadas: los programas de inserción e inclusión social, los programas de educación, de ocio y tiempo libre y el área de voluntariado y participación.
¿Cómo funciona el área de inserción sociolaboral e inclusión social?
«En Mar de Niebla siempre trabajamos desde la perspectiva del acompañamiento, que depende de que haya programas públicos, que son los que nos financian», indica Colunga, «con los jóvenes siempre tenemos dos objetivos: la inserción laboral y aquellos casos en los que intentamos que tengan una reincorporación formativa si han dejado los estudios, en los que siempre les animamos a que terminen la ESO y también a que realicen algún grado».
El área de inserción sociolaboral, a cargo de Bea Aijón y Eva Tirado, tiene tres programas que llegaron a 1.150 personas en 2015. El primero es el de acompañamiento juvenil para el empleo: «Los chavales saben seguir rutas en internet, pero notamos que existe bastante brecha digital y hoy todo hay que hacerlo a través del ordenador».
Otro sería la Ofi, en donde se trabaja el aprendizaje para motivar a los jóvenes de entre 16 y 25 años en mayor situación de vulnerabilidad, con dificultades para acceder a recursos formales de formación y al mercado laboral. «El cambio para ellos, que vienen del fracaso escolar y de ser expulsados, es brutal. Se les propone que construyan un servicio que les guste y sirva a la comunidad y salen totalmente reforzados. Consiguen motivarse y, sobre todo, insistimos en que terminen la ESO», remarca Colunga.
El tercer proyecto son las medidas de inserción sociolaboral, que se realiza a través de un convenio con el Ayuntamiento de Gijón y que permite financiar actividades durante todo el año. «Como en 2012 no hubo nada de formación, decidimos ponerlo en marcha con formaciones más cortas que ya habíamos iniciado un año antes con el curso de manipulador de alimentos», recuerda Colunga. El precio estándar de estos cursos entonces era de 50 euros. «La normativa era muy sencilla y le dimos el temario a un biólogo. Al final hicimos un curso de cinco horas por 15 euros y hoy todos los cursos de manipulador de alimentos son a 15 euros. Dejó de ser un negocio tan claro». Mar de Niebla, en todo caso, beca a las familias o a las personas con menos recursos en todos sus programas. En 2015, más de 300 personas participaron en los diferentes cursos de formación (escanciado de sidra, puente grúa, carretilla elevadora?) «Cada año llegamos a más personas, la parte del voluntariado y la participación han crecido mucho».
El grupo de inclusión social tiene también tres proyectos en marcha. Por un lado, la Oficina de Derechos Sociales, atendida por Noelia Muñoz. «Si nos llega alguien que nos dice tengo un problema, directamente le damos cita con Noelia. Pueden ser desde dudas sobre cómo pedir alguna ayuda económica o situaciones familiares complejas, en las que se abre un itinerario. Cada caso es un mundo».
Eslabón es el nombre del proyecto de intervención en la calle, a cargo de Andrea Vega e Irma Benito. «De lunes a viernes ellas van a las plazas y a los parques a conectar con personas que están en la calle para generar un espacio de relación». Colunga pone el ejemplo de un hombre que llevaba toda la vida en la calle, que había aparecido en la zona del Ateneo de La Calzada y tenía una infección muy grave. «No sabía que existía un albergue en la ciudad. Todos tienen una realidad complicada y pretendemos que sepan que si quieren pueden mejorar sus condiciones. Se les ayuda a recuperar conciencia. Hemos tenido casos de personas que estaban en la calle y ahora están en un entorno más o menos normalizado, o bien en rehabilitación o que recuperaron un derecho y ahora están en un centro para mayores».
También son muchos los casos nuevos. «Hasta hace un año tenían su vida y ahora están en la calle o sobreviven con la mendicidad. Hay un cúmulo de circunstancias para acabar así. Tener una vida digna es una aventura para mucha gente en estos últimos años. Las estadísticas dicen que la pobreza ha crecido, pero siempre ha existido y dejamos que ocurriera», indica Colunga, que explica que, a través de este proyecto, se conoce la situación y se está contacto directo con 98 personas. «Hoy hay una tendencia de crecimiento y es cada vez mayor. La desigualdad ha crecido y la factura de la crisis la han pagado los de siempre. ¿Qué estímulos tenemos? ¿Las políticas asistenciales que sólo reproducen la pobreza? Repartir alimentos no genera dignidad y eso es lo que hemos estados estimulando. Nuestro reto es romper con eso».
Colunga, que acumula una dilatada experiencia como activista social, ve la imagen del problema. «El objetivo que tiene una sociedad es que sus miembros tengan una vida digna y puedan vivir en cohesión, cuando pierdes todo eso el riesgo es que rompes la cohesión social, generas desigualdades, generas visiones conflictivas, sospechas de todo el mundo, se critica a la gente empobrecida porque tiene un móvil y, en el reparto de migajas que es lo que son las ayudas sociales, ese caldo de cultivo es peligroso porque enfrenta a las personas o guetoriza barrios. Para evitarlo, hay que invertir para que la gente del barrio reivindique y construya su propio entorno».
El tercer proyecto del área de inclusión es el Club Social, del que se encarga Marli Cossi y en donde se genera un espacio de ocio y tiempo libre durante la semana para personas con problemas de salud mental. «Otro estigma que es mucho más cercano a todos de lo que se puede imaginar. Si tienes un entorno más o menos normalizado, lo sobrellevas, pero cuando no es así, te encierras. Hay muchos casos en los que te dicen que llevo cinco años sin salir de casa y todo puede haber comenzado cuando llegan aquí con un quiero que me ayudes a buscar trabajo».
¿Cuáles son los programas educativos de Mar de Niebla?
Tres son los grupos: infancia, adolescencia y juventud. En todos ellos, se organizan actividades educativas de ocio y de apoyo en el estudio. Es un itinerario completo. El GIM, a cargo de Virginia Llano, Edu García, Víctor Ruiz y Ari Moneo, es el grupo de infancia abierto todas las tardes de la semana a los niños y niñas de 6 a 11 años del barrio. En las nuevas instalaciones hacen deberes, meriendan y realizan todo tipo de actividades didácticas. «A los padres les pedimos que los niños no vengan todos los días, que vayan también al parque, se genera un proceso de acompañamiento con ellos para que tengan varios grupos de relación. Y trabajamos mucho el tema de las emociones e intentamos minimizar el estrés de los deberes. Tienen una carga inmensa de tareas que, en la mayoría de los casos no sirven para nada, pero hay que hacerlo y no todas las familias pueden ayudarles; crea estrés», explica Colunga. Los pequeños también tienen oportunidad de trabajar en equipo y adquirir habilidades comunicativas «para que, según vayan creciendo, conformen una ciudadanía activa, no frustrada».
Colunga destaca que existe poco estímulo de juego: «Hemos generado una sociedad de postureo y, sin embargo, a través del juego se puede educar y construir muchísimo». Pone como ejemplo cómo, en una ocasión, algunos niños no se atrevían a dar el primer paso para jugar en una gincana. «Si de verdad queremos transformar el barrio, tenemos que evitar que muchos niños acaben en la Ofi. No queremos tampoco generar guetos, sino diversidad, que éste sea un espacio normalizado». En este sentido, como detectaron que algunos niños venían con merienda y otros no, «hicimos de la necesidad una oportunidad». Así, Mar de Niebla aporta la merienda, garantiza de paso una alimentación sana y saludable y se beca a las familias que no pueden sufragar la cantidad simbólica que se paga por acudir al conjunto de las actividades infantiles.
Para Colunga, ahora que ha terminado el curso escolar, es un «error garrafal» que se abran comedores escolares en verano porque «generas comedores para niños pobres». Por ello, plantea que se vinculen a una actividad. «Nosotros hacemos los campamentos de verano con comedor, de manera que las familias que pueden pagar lo hacen y las que no, no».
Al grupo de adolescencia de Mar de Niebla, a cargo Pablo Sanjurjo, Patri de Lucas y Valentín Aguilar, se le conoce también por sus siglas: GAM. Además del aula de estudio y el apoyo a chavales derivados de los propios centros escolares, se motiva siempre a los jóvenes con actividades y propuestas que abran su mente y les inciten a ser participativos. Al igual que en el grupo de juventud, que está en manos de Jony Varela. «Motivar, capacitar y generar oportunidades son las tres patas del trabajo. Hay que estimular para que surjan cosas», insiste Colunga, que pone el ejemplo del chaval de 15 años que quería ayudar a una protectora de animales y organizó un desfile canino para adoptar perros y recaudar dinero. «Consiguió juntar a más de 300 personas. Encontró una motivación y ahora sabe que se pueden hacer cosas. A lo mejor no al 100%, pero es más que si no haces absolutamente nada».
¿Cómo se puede participar en Mar de Niebla?
El último grupo de Mar de Niebla es el de voluntariado y participación. «Si somos coherentes, como entidad comunitaria, cuando una persona viene porque quiere participar tenemos que preguntarle qué es lo que quiere hacer. Y así, por ejemplo, tenemos a la señora que se jubiló y quiso enseñar costura. Pues entonces pusimos un cartel con el taller de costura, la gente se fue apuntando y, a partir de ahí, creamos un movimiento en el centro muy chulo. Se crean nuevos talleres y se empieza a pensar de manera más colectiva cuando, por ejemplo, en el taller de costura proponen hacer los disfraces de los pequeños», valora Colunga, que explica que ahora existen una docena de cursos y talleres llevados por voluntarios que, en algunos casos incluso, se autogestionan.
¿Cómo se financia Mar de Niebla?
El presupuesto de Mar de Niebla, que desde el año pasado es una fundación, es de unos 350.000 euros al año destinados a costear los 14 proyectos, los salarios de sus 18 trabajadores y los gastos derivados de «abrir y cerrar» las instalaciones a diario. Del Ayuntamiento de Gijón, a través de varios convenios, reciben 169.000 euros. Del Principado, a través de las ayudas que se abren para entidades sociales, en torno a los 100.000 euros. Y de 40.000 a 60.000 euros de fondos privados, donaciones y fondos propios. «Si lo tuviera que hacer la Administración sería mucho más», deja claro Colunga, «las administraciones te pagan mal, tarde y nunca. Nuestro presupuesto ejecutado siempre es el del año pasado».
Por ello, se trabaja en minimizar la dependencia de las administraciones favoreciendo las donaciones, las colaboraciones con otras entidades y las campañas. Osxfam Intermón acaba de incluir a Mar de Niebla entre las 10 iniciativas ciudadanas que va a apoyar en su programa doméstico en España. Además, Mar de Niebla está construyendo una red con asociaciones del País Vaco y Cataluña, en donde este tipo de entidades que intervienen en el territorio tienen mayor camino andado. En Gijón, también existen otras asociaciones de dinamización comunitaria como El Telar, en Nuevo Roces, y Cuentayá, en Contrueces.
En 2014, el gran proyecto social que es Mar de Niebla peligró al igual que el del resto de entidades sociales de Gijón al no acabar de llegar entonces el pago de las subvenciones municipales. «No estamos como en el 2014, pero la situación es la misma. Tienes que arriesgar dinero. En 2015 pedimos préstamos importantes. O tienes dinero propio, que es complicado, o tienes que endeudarte para salir adelante». Este año aún esperan por dinero municipal comprometido en 2015 y ahora, a mitad de año, es cuando se convocan las ayudas del Principado.
«Cuando haces un proyecto que responde a una necesidad social no tienes garantías de que vaya a estar respaldado. Encima estás cubriendo lo que la Administración no está haciendo. Conseguir que esto salga es una lucha cuando no debería serlo. Cuando quieres hablar con la Administración, piensan que les vas a pedir dinero. Y, sí, la financiación se necesita, pero también hablar de cómo funcionan las cosas para mejorarlas entre todos», considera Colunga, que explica que en 2015 Mar de Niebla pasó a ser fundación para proteger con esta forma jurídica que siempre sea patrimonio de la gente y parta desde abajo, independientemente de quién esté al frente. «Hace cinco años era imposible que estuviéramos haciendo lo que estamos haciendo. Se consiguen muchas cosas con el esfuerzo de la gente», concluye. Las utopías pueden parecer imposibles, inalcanzables, pero como decía el escritor Eduardo Galeano, al menos sirven para caminar...