La aventura asturiana de uno de los pintores predilectos de Bowie

David Bomberg, autor del óleo de los Picos de Europa que el músico tenía en su colección de arte, residió cuatro meses de 1935 en una casa de aldea que abandonó ante la inminente Guerra Civil

David Bomberg y su obra «Sunrise in the mountains, Picos de Asturias»
David Bomberg y su obra «Sunrise in the mountains, Picos de Asturias»

Gijón

David Bomberg (Birmingham, 1890-Londres,1957) fue un pintor británico cuyo caché, como otros tantos artistas, se revalorizó tras su muerte. Los próximos días 10 y 11 de noviembre una de sus obras, «Sunrise in the Mountains. Picos de Asturias», saldrá a la venta dentro del lote de casi 400 pinturas de la colección particular de David Bowie en la casa de subastas Sotheby’s, en Londres. Bowie, apasionado de la pintura que había adquirido este lienzo en 1995, se confesaba un «gran fan» de Bomberg en una entrevista publicada por el New York Times en 1998 para explicar su predilección por los artistas Frank Auerbach y Leon Kossoff, que fueron alumnos del pintor británico. De Auerbach, es conocida esa frase de Bowie en la que decía que «pinta como me gustaría sonar a mí». 

Esta obra, que tiene un valor de entre 166.172 y 276.987 euros, fue pintada en 1935, durante los cuatro meses que Bomberg residió en una casa de aldea muy próxima a los Picos de Europa, justo en la frontera entre Asturias y Cantabria. No es ni mucho menos la primera vez que uno de los lienzos que Bomberg realizó en los Picos de Europa salen a subasta; en Christie’s uno de ellos estuvo a la venta por un precio de entre 221.680 y 332.520 euros. Luz en las montañas, tormenta sobre Peñarrubia, la carretera de la montaña, Picos de Europa o el valle de La Hermida son los nombres castellanizados de parte de los cuadros y los dibujos que pintó Bomberg en esos cuatro meses. Algunos forman parte de los fondos de museos británicos como el Sheffield o el Tate Modern.

¿Cómo llegó Bomberg a Picos?

En 1934, el pintor británico había dejado atrás Inglaterra para instalarse en la localidad malagueña de Ronda, en el que era su segundo viaje a España. Allí, en mayo de 1935 nació su hija Diana y, a los dos meses, la familia decidió irse al norte de España porque no podían hacen frente al pago del alquiler. El pintor sentía predilección por los paisajes montañosos y rocosos, por lo que decidió trasladarse a Linares, una pequeña aldea cántabra situada sobre el desfiladero de La Hermida, en donde se unen la parte occidental de Cantabria y Peñamellera Baja. Una zona que, en el siglo XIX, era muy conocida por viajeros y montañeros británicos que se adentraban en los Picos de Europa. 

Un camino que recorrió el pintor inglés durante los cuatro meses en los que vivió en esta aldea, que él en sus óleos sitúa en todo caso en Asturias. En esos espectaculares paisajes, realizó varias series de pinturas al óleo y dibujos con carboncillo. «Las pinturas que hizo en esta inmensa y fascinante región presentan un alcance y una libertad que Bomberg nunca había conseguido. Si hubiera sido capaz de quedarse más tiempo en los Picos de Europa, su arte seguramente hubiera prosperado aún más», asegura el crítico e historiador británico Richard Cork en uno de los catálogos realizados sobre la obra de Bomberg. 

«Qué contento me puse al encontrar este camino», escribió el pintor en sus diarios

Cork es además el autor de la biografía sobre David Bomberg que se publicó en 1987, uno de los 100 libros que David Bowie recomendaba con motivo de la exposición que se le dedicaba hace tres años en Toronto (Canadá). Cork, de los óleos que Bomberg realizó en los Picos de Europa, dice que «parecen estar en llamas», con una fuerza especial que atribuye a la gran motivación que el pintor consiguió en estos parajes: «La abrumadora grandeza del entorno le atrapó y sus pinturas expresan las fuertes emociones que experimentó mientras recorría las montañas». 

En palabras del propio Bomberg, «cuando busqué una entrada para pintar las maravillas de los Picos de Europa, qué contento me puse al encontrar este camino», en referencia a la carretera que va desde Santander hasta La Hermida, que permite el acceso a las cumbres exteriores de los Picos a través de pequeños núcleos de población, «empapados a veces por nubes de lluvia y otras relucientes bajo el sol».

Dos semanas por las montañas, una de las expediciones «más memorables»

En una de las expediciones que realizó en solitario por los picos más altos, empleó dos semanas en un viaje que le resultó agotador y peligroso, en el que el burro que llevaba las provisiones y los equipos de pintura casi se despeña. «He pintado en muchos lugares extraños y de difícil acceso, pero esta expedición es una de las más memorables», recogería el pintor al respecto en sus diarios.

Además de las exploraciones por los Picos que aprovechaba para pintar, de día o de noche puesto que algunos de los dibujos que realizó con carboncillo dan la sensación de estar realizados a la luz de la luna, también se empapó del estilo de vida de las gentes del lugar. «Pronto se dieron cuenta de que en una España que aún estaba retrasada en comparación con el resto de Europa, incluso había zonas en las que las costumbres y la vida de la gente parecía haber cambiado muy poco desde la época medieval», apunta Cork en su escrito sobre este periodo de la pintura de Bomberg. Sin embargo, no fue ningún impedimento para la gran inspiración que el paisaje causó en el pintor, que supo aprovechar los constantes cambios del clima para crear lo que, según Cork, son algunas de sus obras más impactantes. 

Ante la inminente Guerra Civil, abandona Linares

El pintor había encontrado el lugar perfecto, pero tampoco era ajeno a las tensiones políticas de una España a punto de entrar en guerra. Ya en julio, cuando se dirigía con su familia desde Oviedo a su nueva residencia en la montaña, fue consciente del malestar social existente en la Asturias de entonces, tras la revolución de octubre de 1934 y sus consecuencias: «Vieron cómo las balas de las ametralladoras habían perforado las paredes del ayuntamiento en Oviedo». En los meses de aquel otoño de 1935, Bomberg se percató aún más de de que el conflicto social iba en aumento y su preocupación creció cuando se enteró de que los habitantes de Linares se estaban armando para protegerse ante lo que pudiera ocurrir.

Por ello, decidió abandonar el lugar y, en Santander, consiguió pasajes en un barco de carga rumbo a Inglaterra, dejando atrás su casa en los Picos de Europa en noviembre de 1935. Meses después estallaría la Guerra Civil en España. En junio de 1936, mostró lo que había pintado en España en una exposición individual en Londres. 

Sorprendido con la austeridad y las penurias de los campesinos

No vendió nada, pero tuvo una buena acogida entre la crítica. «España le impulsó a explorar el lado más aventurero de su imaginación», asegura el historiador Richard Cork, que también recoge la doble preocupación que tuvo Bomberg tras dejar atrás los Picos de Europa. 

Por un lado, se sentía atormentado por no poder seguir recibiendo el estímulo que había sentido para pintar y, por otro, estaba horrorizado con el drama que estaban viviendo las personas a las que había conocido. En uno de sus diarios, el artista británico escribía lo siguiente: «Cualquiera que haya vivido en los Picos de Europa entenderá el gran sufrimiento almacenado por aquellos que se han refugiado en la inmensidad de estas montañas. Incluso en tiempos de paz, la austeridad y la escasez que existe entre los campesinos de estas cumbres, nacidos y criados en una tradición de penurias, apenas son soportables». 

En los años que siguieron a su estancia en los Picos de Europa intentó alcanzar el mismo nivel de ejecución en sus pinturas, pero al parecer no le fue tan fácil encontrar tanta tranquilidad y sensación de libertad como en las montañas asturianas. 

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