¿Por qué faltan 100 millones de mujeres en el mundo?

Médicos Sin Fronteras inaugura en el CCAI «Sin ellas no hay futuro», una muestra basada en casos individuales que aborda las amenazas a la salud de las mujeres en las crisis humanitarias

Una de las fotografías de la muestra de MSF «SIn ellas no hay futuro»
Una de las fotografías de la muestra de MSF «SIn ellas no hay futuro»

Gijón

Se llaman Edna, Chantal, Sylvie, Marlin, Yvonne. Han padecido graves problemas ginecológicos durante el parto; agresiones por parte de sus parejas; violaciones seguidas de embarazos; VIH, sin tratamiento que temen contagiar a sus hijos. Sus nombres y sus respectivos sufrimientos no son, naturalmente, intercambiables. Pero sí comparten una doble circunstancia: son mujeres, y viven en países en conflicto o en situación de emergencia humanitaria como Burundi, Papúa, Nueva Guinea, Malaui o Haití; países a los que la oenegé Médicos Sin Fronteras (MSF) ha llevado a profesionales internacionales de la imagen para que den testimonio de sus casos como ejemplo de los riesgos que, en determinadas zonas del planeta, amenaza a las mujeres en aquello en lo que, como tales, son más vulnerables: embarazos, abortos, sida, violencia sexual o de género. Todos esos testimonios se exhiben hasta el 29 de diciembre en Sin ellas no hay futuro, la muestra de MSF que acaba de inaugurarse en el Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI) de Gijón con el objetivo de mostrar aquellas circunstancias que impiden que estas mujeres tengan futuro, pero que también ponen en peligro el porvenir de las comunidades de las que forman parte, y donde ellas son pilares imprescindibles.

Las cifras que rodean los casos individuales que recogen los documentos realizados por Martina Bacigalupo, Patrick Farrell, Kate Geraghty y Sydelle Willow Smith se presentan rodeados de unas cifras intolerables. Un parto siempre es una circunstancia de riesgo, pero se minimiza con tatamiento médico especializado. Cuando no es así, el día a día arroja dramas como el de las 800 mujeres que diariamente mueren en el mundo como consecuencia de complicaciones en el embarazo o el parto, sobre todo por infecciones y hemorragias. El aborto sin garantías sanitarias, por otra parte, se ha convertido en una de las cinco principales causas de mortalidad materna, provocando el 13 por ciento del total de muertes en mujeres embarazadas en un planeta que registra 44 millones de abortos anuales. De las embarazadas que sobreviven, entre 50.000 y 100.000 desarrollan, después de dar a luz, fístulas que no solo les provocan un grave problema de salud, sino también consecuencias como el repudio o la expulsión del hogar o de sus comunidades. Respecto al VIH, el 40% de las embarazadas transmiten el virus a sus bebés si no han recibido tratamiento antiretroviral, una medida que puede rebajar la tasa hasta el 5%.

En la mayor parte de esos casos, las causas son «previsibles y evitables», asegura María Díaz, delegada de MSF en la zona Noroeste, quien ha estado acompañada en la presentación de la muestra por María Guinovart, una de las más activas especialistas en obstetricia y ginecología de la oenegé, la concejala de Educación y Cultura, Montserrat López, y las participantes, junto a Guinovart, en la mesa redonda que acompañará la inauguración: Maje Girona, de la Federación de Mujeres Jóvenes, y Casilda Velasco, de Médicos Mundi. El debate se centra en el impacto de las crisis humanitarias en curso en la salud de las mujeres.

En ese panorama, Ginovart marca con un círculo rojo casos que conoce de primera mano, como la situación en Sierra Leona -donde MSF acaba de abrir el primer centro de maternidad para pacientes de ébola-, la República Democrática del Congo, con casos extremos de violencia sexual utilizada como arma de guerra, o la olvidada entre las olvidadas: la República Centroafricana. También países teóricamente más atendidos, como Haití, donde sin embargo la violencia sexual sigue siendo habitual. La especialista y cooperante señala la importancia de la prevención, muy especialmente en el caso de los abortos, la única causa de mortalidad femenina en este ámbito que considera «totalmente susceptible de ser prevenida».

Pero no se trata simplemente de un asunto sanitario. Maje Girona recuerda que, asociada a toda esta problemática, se da «una sistemática vulenarción de derechos, no solo sanitarios sino también educativos y sociales», muy especialmente en países donde esa vulneración se acentúa como consecuencia de conflictos. De ahí que Casilda Velasco ponga el acento en «una mejora de la salud de las mujeres desde un enfoque de género», yendo a las causas profundas, que son culturales, sociales o ideológicas.

«Los problemas de salud no se resolverán si no se resuelve la diferencia entre niños y niñas. En todos estos países, todos comen poco, trabajan demasiado y no tienen acceso a la educación, pero las mujeres comen menos, trabajan más y tienen aún menor acceso a la educación que los hombres. Y cuando llegas a un parto malnutrida de base a causa de todas esas circunstancias, no basta con que se mejore la salud reproductiva, el acceso a personal sanitario de calidad… Si una mujer queda con cuatro gramos de hemoglobina después de una hemorragia tras el parto, da lo mismo que le pongas mucha sangre, porque ya ha muerto», sentencia Velasco, y añade un dato que llena el aire de ausencias que, en muchos casos podrían haberse evitado: «Faltan 100 millones de mujeres en el mundo».

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