Más de 300 escolares participan en un programa artístico de intervención en espacios de seis centros públicos para tomar y crear conciencia del drama de los refugiados
09 dic 2016 . Actualizado a las 17:58 h.Mientras medio mundo ha levantado, levanta o proyecta levantar murallas físicas o mentales contra el otro medio, los muros de seis colegios de Gijón se están usando justo para lo contrario: abrir de par en par conciencias y sensibilidad a la tragedia de los refugiados y el pisoteo de derechos básicos de quienes se ven abocados a perder por la fuerza vivienda, educación, asistencia sanitaria o, simplemente, cualquier cobijo emocional. El arte ha sido cauce para que 330 escolares de seis centros públicos de la ciudad expresen a través de distintas técnicas de creación como cerámica, fotografía o transfer, sus visiones o sus reflexiones sobre un asunto sobre el que han trabajado en varios talleres; un conflicto que, aunque no forme parte de su entorno inmediato, «no les resulta ajeno».
Lo dice el artista Chus Cortina que, junto a Maite Centol y Benjamín Menéndez, ha participado en esta iniciativa de la concejalía de Cultura, Educación y Cooperación. Los tres han presentado hoy en el Colegio Público Río Piles junto a la edil forista Mercedes López y el director del centro, Amalio Núñez, los resultados del programa «Niños y Niñas con Derechos/Arte», en el que se han implicado también los colegios público Laviada, Lloréu, Montevil, Federico García Lorca y Nicanor Piñole de la ciudad. Los tres creadores pertenecen al Espacio de Creación y Didáctica, que recibió el encargo de la concejalía de materializar esta actividad, conectada a otras como la exposición Ponte en sus zapatos, de la oenegé Acnur, que estos días se exhibe en el Centro Municipal Integrado Pumarín-Gijón Sur y que en Navidad se trasladará a la Feria de Muestras como parte de la feria Mercaplana.
Los escolares han trabajado sobre tres ideas de la mano de cada uno de los artistas. Chus Cortina se ha ocupado de coordinar los talleres en Montevil y el Río Piles con alumnos de 4º y 6º de Primaria en torno al concepto de la casa como hogar, refugio y cobijo en un sentido no solo físico. En los colegios García Lorca y Piñole, Maite Centol ha guiado el taller «Los ojos del mundo», más centrado en el modo en el que la imagen transmite la situación de niños que podrían ser los mismos que han trabajado junto a ella. Y finalmente, Benjamín Menéndez ha visitado el Laviada y el Lloréu invitando a los niños en «Una mochila diferente» a trabajar sobre el punto de partida de aquel objeto que llevarían con ellos si tuviesen que abandonar de forma brusca el lugar donde viven. Siempre -señala Centol- procurando que «compendan la realidad sin generan ni culpa ni angustia».
La artista riojana afincada en Gijón subraya que «lo importante es más el proceso que el resultado», los aprendizajes -mutuos-, las preguntas y las situaciones que han ido surgiendo durante los talleres. Pero hay también resultados, que han empezado ya a verse en algunos de los centros participantes, y que han ocupado los muros más visibles para quedarse. Relieves de cerámica con las visiones más dispares de casas, palacios, planos de viviendas, objetos cotidianos, que a su vez forman a veces el dibujo de una casa o un SOS. O imágenes en las que los niños y niñas replican, a partir de las fotografías tomadas en campos de refugiados, las de otros niños y niñas expulsados de sus casas, sus colegios y sus países por la guerra o la miseria.
Hay pequeñas piezas que conmueven y estremecen por su belleza, y otras por lo que delatan, como el pequeño oso de peluche que una de las alumnas grabó en su placa de cerámica, recordando el que le regaló su abuela -ya fallecida-, y que llevaría con ella a cualquier sitio para conjurar el miedo. Un sentimiento este que, según Maite Centol, «se percibe» entre los niños de 2006, que «están más pendientes de él» de un modo muy distinto al que podían sentir ante «el hombre del saco» o cualquier otra amenaza los de generaciones anteriores.
La respuesta, coinciden promotores y artistas, ha sido «fantástica», y los niños han demostrado estar «bastante concienciados». Montserrat López y Amalio Núñez se mostraban también satisfechos por la posibilidad de haber podido introducir el arte en las aulas. Y los artistas, asegura Benjamín Menéndez, han «salido a veces de las aulas con más experiencias de las que les dejas a los alumnos». Amalio Núñez está dispuesto a que la experiencia se repita. Al menos en el Río Piles, anuncia, «tenemos más muros disponibles».