Tabacalera: así están (hoy) las piezas del puzle

Responsables técnicos revisaron en el Colegio de Arquitectos la situación de un proyecto complejo y aun sin usos definidos para encauzar los procesos de participación ciudadana

Proyecto Tabacalera Gijón puzle

Gijón

El puzle es de los complicadillos. Un edificio histórico que se destapó con otro milenio largo de historia bajo sus cimientos. Un yacimiento a la vez romano, barroco e industrial que se debe preservar, pero al que hay que mantener además vivo y en uso. Un icono de la ciudad que, sin dejar de serlo, tiene que dar vida a un barrio y engarzarse en un proyecto global con otros equipamientos urbanos. Un plan de financiación europeo cuyo uso requiere un fuerte consenso local bajo el compromiso de un proceso abierto de participación ciudadana. Un proyecto que definió su estructura antes de definir su función. Un edificio religoso que tuvo que convertirse en edificio industrial. Que ahora quiere ser un equipamiento cultural, a la vez museo de la ciudad y centro creativo, con un añadido de nueva planta. Pero que lo tiene casi todo aún por definir respecto a sus usos. Y manejando todas esas piezas, políticos, arquitectos, técnicos, vecinos, creadores y ciudadanos, no siempre al mismo compás. En definitiva: un edificio de Tabacalera en Gijón que ha pasado de edificio muerto a verdadero rompecabezas.

Así se puso de manifiesto ayer en una mesa de debate en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias (COAA), donde se analizó por extenso la historia del proyecto que tiene su origen remoto en el cierre de la factoría de tabacos en 2002, y su estado de la cuestión. Solo una conclusión al día de la fecha: las piezas tienen un encaje complicado. Y, como alguien señaló al final del encuentro, siguen moviéndose sobre el tablero, a diferentes velocidades y sin un modelo claro hacia que volver la vista. Al menos, también quedó patente una clara disposición al acuerdo e incluso a la paciencia por todas las partes para resolver una cuestión con mucho en juego.

El salón de actos del COAA se llenó para escuchar el informe de las distintas partes técnicas implicadas en su resolución. No hubo esta vez políticos en la mesa y solo la concejala socialista Lara Martínez estuvo presente entre el público. Ante vecinos, creadores locales, arquitectos y gestores culturales, la decana del Colegio, Sonia Puente, moderó una mesa en la que se sentaron a uno de los autores del proyecto ganador del concurso para la recuperación de Tabacalera, Román Villasana; a la responsable de museos y arqueología de la Fundación Municipal de Cultura, Paloma García Díaz; a Enrique Escudero, jefe de servicio de Patrimonio de la consejería de Cultura y al director del museo del Ferrocarril, Javier Fernández, además de Enrique Díaz, técnico municipal del programa URBACT 2nd Chance.

Datos para la participación

La iniciativa del encuentro partió de esta última instancia, que agrupa a otras diez ciudades europeas embarcadas en proyectos similares con financiación de los fondos FEDER y el liderazgo de Nápoles. La entidad colegial hizo de anfitriona de un encuentro que pretendía alimentar «con datos» el proceso de participación abierta, según precisó Enrique Díaz; un proceso que, señaló de entrada Sonia Puente, los arquitectos consideran «extemporáneo porque debería haberse producido antes del proyecto de ejecución». Una queja que también se repitió en el turno de preguntas, por boca del arquitecto Enrique Perea, en relación a la «irracionalidad» del proceso que puso por delante la selección del proyecto ganador a la definición de su uso. 

Pero las cosas están como están. Que es más o menos como sigue.

La parte de los arquitectos

Román Villanana -autor junto a Carlos Pereda, Óscar Pérez e Ignacio Olite del proyecto que ganó el concurso para el complejo Tabacalera en 2010- dio cuenta de la fase actual del proyecto, que es todavía la de consolidación constructiva y preservación patrimonial, emprendida tras el permiso de la Comisión de Patrimonio de mayo de este año y en colaboración con los equipos de arqueólogos. Los trabajos se encontraron con «una estructura aún más en precario de lo esperado», lo que, junto al constante goteo de hallazgos arqueológicos, provocará un retraso sobre el año y medio previsto, que el arquitecto no se atreve a fijar, pero que cree que «no será demasiado». De momento, están a punto de emprenderse los trabajos de sustitución de la cubierta metálica y de fibrocemento construidos en 1973.

Al final de esta primera fase, anticipó Villasana, Tabacalera será un edificio «constructivamente protegido» que dispondrá de «espacios diáfanos, estructuras históricas que se deben conservar y se van a quedar así». «No es un edificio de nueva planta donde los usos determinen las prioridades, sino que deben adaptarse a él», subrayó el arquitecto, que declaró que él y su equipo están «contentos» con un trabajo que pliego de bases «decía claramente que tenía que ser conservador». 

La parte de los arqueólogos

Los trabajos arqueológicos desarrollados entre 2007 y 2009 ya habían confirmado «la riqueza patrimonial y arqueológica del edificio, su entorno y su subsuelo», que revelaron además, con la aparición de los restos de una posible torre y un aljibe, los primeros restos romanos no asociados a la muralla tardorromana de Cimavilla. Estudios posteriores esclarecieron la singularidad de un edificio que evolucionó desde el único convento barroco del concejo a su primera fábrica.

Paloma García Díaz recordó estos datos para explicar que, ya como parte del proyecto en curso, en la actualidad «se está realizando un seguimiento arqueológico exhaustivo con sondeos en zonas sin estudiar», al noroeste y el norte de la parcela y se estudia la relación estratigráfica entre lo que fuera el huerto del convento y su interior. Además, se están picando las paredes para descubrir, consolidar y conservar los restos pictóricos de «un edificio icónico que recoge toda la evolución de Gijón». 

La parte del Principado

Por parte de la Comisión de Patrimonio, Enrique Escudero recordó que, a pesar de que el proyecto adoleció inicialmente de «inconcreción en los contenidos», la distribución de espacios y el «uso respetuoso» al que estará destinado el equipamiento le valió la luz verde del Principado. Pero también pesó otra circunstancia: «A ciertos edificios parece que nunca les llega la hora, y si no se aprovechaba la oportunidad de financiación, si no se cogía el tren, podía estar condenado a no ver otro en décadas». Ahora, tras lo que considera «una buena actuación arqueológica y arquitectónica», corresponde definir un «uso abierto, aunque ya muy concretado, bastante acotado dentro de una polivalencia bastante aceptable».

La parte del patrimonio industrial

Javier Fernández resaltó la naturaleza «siempre conflictiva» de «un edificio que se resistía a dejar de ser convento» para ser fábrica y el «singular interés» que le confiere esa tensión, pero puso el acento en un uso industrial que «no puede ser relegado» en un inmueble al que «seguimos llamando edificio Tabacalera». El director del museo del Ferrocarril advirtió del caso de «otras tabacaleras nacionales en que se eliminó de forma vergonzante» ese uso que, por otra parte, goza de «protección legal expresa» en este caso, y que aun así llega tarde para «naves con cierto interés se derribaron» tras el cierre.

Ahora, realizados los trabajos de inventariado de la historia fabril, Fernández insta a «conservar aspecto externo de la vicaría, que desde 1928 fueron dependencias del director y conserjería que conectaba la fábrica con la ciudad» y a incorporar al conjunto «gran cantidad de vestigios recuperados: maquinaria, puertas interiores, la escalera antigua de la casa de dirección o un techo modernista», ahora inventariados y almacenados.

La parte de los ciudadanos

Por su parte, en el turno de palabras los asistentes se movieron entre los deseos y el escepticismo. Hubo quien remarcó que el edificio debería «producir un flujo de personas y economía» que devolviese a Cimavilla la «pujanza industrial», y quien expresó su temor de que, frente a los procesos participativos abiertos, el proceso trasluzca que «ya está todo pensado» y «no va a  haber mucho espacio posible para negociar posibles usos».

En el mismo sentido se pronunció la concejala socialista Lara Martínez, que cree que los procesos de participación en el barrio y a través de instancias como la Plataforma Tabacalera son una «pieza que descoordina y despista», que «no encaja» en un proyecto que -recordó- «no debe ser un edificio aislado del resto de la ciudad», y que a su entender sigue lastrado por el  «despropósito de no saber adónde lleva todo este proceso».

Román Villasana admitió que existirán limitaciones por con las reservas de espacios para áreas arqueológicas y patrimoniales -que ocuparán 4.000 metros cuadrados del conjunto-, mientras otros asistentes, entre el público, argumentaban que las zonas abiertas para usos expositivos y creativos apenas multiplican por tres la actualmente disponible en el Museo Casa Natal de Jovellanos. Una incógnita que preocupa especialmente a quienes, como otro de los intervinientes, pidió que Tabacalera «sea un museo, pero con más cosas: polivalente, abierto y con la participación de la ciudad». 

Por el momento, y mientras los técnicos vuelven del debate al tajo, esta semana se iniciarán las mesas de trabajo sectoriales que reunirán a distintas partes interesadas hasta el mes de enero. A ellas, en primera instancia, va dirigida la recomendación de «sosiego y debate» con la que Sonia Puente despidió la sesión. 

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