Ángel Cappa: «El fútbol pertenece a la gente, no a los empresarios»

J. C. Gea GIJÓN

GIJÓN

Por la izquierda, Íñigo Arza, Nacho Cases, Ángel Cappa, María Cappa y Pablo García-Cuervo, en el colegio Jovellanos
Por la izquierda, Íñigo Arza, Nacho Cases, Ángel Cappa, María Cappa y Pablo García-Cuervo, en el colegio Jovellanos

El exjugador y extécnico argentino presentó su libro «También nos roban el fútbol», escrito con su hija María, en un acto junto a Nacho Cases, Íñigo Arza y Pablo García-Cuervo

14 dic 2016 . Actualizado a las 07:14 h.

Porque lo vivió como jugador profesional, técnico, asistente, comentarista y escritor, pero sobre todo porque lo disfrutó como un chaval de barrio que sintió que el balón era mejor manera de «expresarse y ganar el respeto propio y el ajeno», Ángel Cappa tiene todo el derecho del mundo a preguntarse dónde está el fútbol hoy por hoy. Así tituló un libro hace casi diez años. Y sigue preguntándoselo, y sabiéndo dónde está el que a él le mueve. Pero también descargando con más encono la artillería contra quienes considera responsables de haber expoliado a la gente de un deporte que es sobre todo «juego, pertenencia y sentimiento», y que el argentino se atreve a definir con palabras de Xavi Hernández: «Una pelota y amigos».

Por eso ha escrito También nos roban el fútbol (Akal) junto a su hija, la periodista María Cappa. El libro fue ocasión para un animado encuentro de ambos autores con el sportinguista Nacho Cases y el directivo del UC Ceares Íñigo Arza conducido por el periodista de Radio Marca Pablo García-Cuervo. Fue anoche, en un acto organizado en el Colegio Público Jovellanos por la Sociedad Cultural Gijonesa, tan atípico como el propio Ángel Cappa. Un hombre capaz de ridiculizar, por ejemplo, la obsesión del fútbol contemporáneo por las estadísticas que «enmascaran el verdadero significado del juego» echando mano de un símil político. Y no precisamente complaciente con el gobierno.

«Pasa con las cifras del fútbol lo que pasa con las cifras del desempleo. El gobierno dice que hay más empleados, pero no la clase de empleados que hay, gente que cobra 300 euros por trabajar 12 horas. Lo que ha habido, como dijo el Papa, es en realidad un aumento de la esclavitud», espetó Cappa.

Sentimiento, no empresa

La cita marca el tono de la velada: más que una presentación en sí del libro -que sus dos autores han redactado en nueve meses con el padre en la parte «filosófica y conceptual» y la hija como «obrera del plan»-, una apasionada reivindicación del fútbol, de lo que Cappa alude insistentemente como «el verdadero significado del juego» y del fútbol como «algo que no es empresa, sino sentimiento, y que pertenece a la gente, no a los empresarios». «El fútbol es profesión y es negocio», admitió el exfutbolista y exentrenador, ahora comentarista en Onda Cero, pero -añadió- «eso no puede quitarle su significado como juego, no puede imponer su norma y su lógica al juego». Lo que Ángel y María Cappa han procurado en su libro es desmontar esa lógica ofreciendo, desde el punto de vista «infrecuente en la prensa deportiva española», del periodismo de investigación lo que la autora considera como «una visión global de lo que significa hoy el negocio en el fútbol».

Después de las presentaciones, Cappa se metió ya al público en el bolsillo declarando su aprecio de siempre por el Sporting; un equipo que «se alimenta de la gente de Gijón, un pueblo combativo y que ha peleado por sus derechos». «Es que tengo el defecto de relacionarlo todo con la política», ironizó el autor ante un público muy variopinto en el que se encontraban, entre otros, el secretario general de Xixón Sí Puede y director del colegio Jovellanos, Mario Suárez del Fueyo, el excoordinador y exconcejal de IU en Gijón Jesús Montes Estrada, Churruca, o el músico Igor Paskual. Cappa, tan locuaz que casi se tuvo que imponer autodisciplina para pasar el micro, salpicó sus intervenciones con anécdotas protagonizadas por Cruyff, Beckham, Laudrup, Maradona o él mismo, causando más de una vez la hilaridad del respetable.

A su derecha, Nacho Cases declaró su afinidad con el modo de entender el fútbol del argentino, como una rma de «pertenencia» que ejemplificó en sus 21 años como canterano rojiblanco; un vínculo que «añade un plus de competitividad a la hora de defender tu escudo o tu camiseta». Pero también coincidió en su debilidad por el fútbol entendido como una forma de crear «lazos de amistad con la gente con la que jugabas a los ocho o los nueve años, y con la que sigues teniéndolos», y en su debilidad por los equipos modestos. Hasta el punto de que confesó que muchos domingos prefiere «ver los partidos del Rácing de La Guía a los del fútbol profesional». «Debo ser un poco raro», bromeó.

Sacrificios y pasión

De la entrega, los sacrificios y la pasión de los directivos de otro equipo modesto, pero con un halo muy especial, como el UC Ceares, habló Íñigo Arza, aunque advirtió también contra la tentación de «idealizar» lo que no considera más que como «una manera de demostrar que algunas cosas que pensábamos sobre el fútbol pueden salir adelante» y formar un «cogollo de varios cientos de personas» en torno a un club septuagenario, pero de barrio. Desde luego, no es el fútbol tal y como se entiende en un momento en el que «los chavales ya no quieren ser futbolistas sino Cristiano Ronaldo» y «no disfrutan tanto como antes porque les puede la obsesión por ganar».

Contra esa obsesión levantó armas también Ángel Cappa, que desmontó con muchísima sorna algunos de los tópicos del fútbol de este tiempo: «aprender a sufrir para ganar», «el esfuerzo no se negocia», «tener la obligación de ganar»… Especialmente caústico y divertido estuvo Cappa en su ridiculización de la obsesión por las estadísticas, «números que no dicen nada si no hay detrás de ellos un criterio y una valoración futbolística», y que acaban por enmascarar lo que el argentino considera sacrosanto: «el significado del juego». El exentrenador aseguró que muchos entrenadores echan mano de las cifras «para que no los cataloguen de antiguos», y arrancó carcajadas describiendo los visajes de los entrenadores que intentan dirigir a sus jugadores («que son los únicos dueños del juego en el campo») desde las bandas. «Los comentaristas dicen en ese caso que "lo está viviendo con intensidad". ¡Mentira! ¡Es que está nervioso!». Y añadió un apunte psicológico. O sociológico: «Lo que pasa es que el entrenador no quiere ser menos que el jugador».

Precisamente los comentaristas, sus comentarios, los formatos televisivos actuales de los programas sobre fútbol y, en general, la prensa deportiva ocuparon un buen trecho del tramo final del acto. El primero en hacer autocrítica fue el corresponsal de Radio Marca Pablo García-Cuervo, que no obstante distinguió el «tratamiento sensacionalista de las noticias incómodas pero contrastadas». Aun así, admitió que ha conocido jóvenes colegas y becarios que «entraban en la redacción queriendo ser famosos, no periodistas»; un «problema gravísimo» que se origina en que «hay quien piensa que saliendo en televisión y dando cuatro gritos por la noche ya está todo solucionado». Le secundó su colega María Cappa, que reivindicó un periodismo «responsable» que «no falte al respeto al lector» ni a los jugadores o entrenadores, «tirando mierda injustificadamente a personas que están haciendo su trabajo».

Nacho Cases habló de los intentos de «buscar enfrentamientos» y «hacer ruido» por arte de la prensa en casos como el de la entrada que el pasado año le hizo Cristiano Ronaldo, y denunció que «el fútbol está cogiendo los malos hábitos de programas de televisión como Sálvame». El centrocampista rojiblanco hizo una reflexión y un llamamiento para atajar esa tendencia: «Es necesaria más educación. Todo es educación, en el fútbol y en todo lo demás, es la base de todos los males y los bienes que una sociedad vaya a tener en el futuro». Y en la misma línea García-Cuervo cerró la noche con otra reflexión, pero sacando la artillería: «Se están trasladando al deporte otros modelos de éxito, y el futbolista retroalimenta a menudo esa tendencia con comportamientos infantiles.