Gijón fue un solarón

Juan Carlos Gea GIJÓN

GIJÓN

PACO RODRÍGUEZ

La atonía social y política y la postergación de los grandes asuntos pendientes fueron las señas de un año sin relieves en el que la cuestión social cobró protagonismo en el último tramo del ejercicio

27 dic 2016 . Actualizado a las 09:44 h.

Casi cuesta trabajo decir que, en términos de dinamismo de la ciudad, lo que de más memorable dejará tras de sí en Gijón este anodino 2016 es el Solarón. Y aun más cuesta decirlo en clave de doble sentido. Porque, si es verdad que, a efectos de novedades en la vida ciudadana, este ha sido el año en el que los vecinos y vecinas colonizaron la gran nada dejada en pleno centro por la antigua playa de vías, también lo es que estos doce meses, vistos en retrospectiva, se parecen bastante a ese gran yermo: una planicie sin apenas relieves donde han sucedido cosas, pero no exactamente las que se esperaba o las que deberían haber sucedido. Por su zona verde, que brotó casi por puro aburrimiento a la espera de que llegasen promotores, urbanización y plusvalías con las que completar una ciudad incompleta, han pasado los ciudadanos con sus quehaceres y sus ocios, verbenas y romerías, algunas celebraciones y pequeñas polémicas de convivencia entre vecinos. Más o menos como en el resto de la ciudad. Ayuntamiento incluido.

 El segundo año de la era del consenso forzoso bajo la renovación del mandato de Foro y Carmen Moriyón tampoco dejará mucho más para las crónicas consistoriales. A la modorra de un año de prórroga prorrogada se le añadió el marasmo de otro año casi completo de España en funciones. Algunos de los movimientos de placas a escala estatal tuvieron algún conato de reflejo en las dinámicas locales. La convergencia entre Podemos e IU se tradujo también en un cambio de posición de la coalición en Gijón. Aurelio Martín dejó de mirar (al menos frontalmente) hacia José María Pérez y viró el rostro hacia Mario Suárez del Fueyo. En la coreografía de fin de año en torno a las negociaciones presupuestarias, juntos han dado la batalla bajo la bandera de la Renta Social municipal.

 Los morados aprovecharon para izar el banderín de la moción de censura, pero la negativa en redondo del PSOE, en esperable correspondencia con los desaires postelectorales de la marca local de Podemos, dejaron la cosa en nada. Curiosamente, el año acaba con constantes insinuaciones de un pacto bajo la mesa entre Foro y XsP. Mientras tanto, más cerca, en Oviedo, PP y Foro recosen -verbo del año- el último cisma, y los casquistas menos casquistas hacen oídos sordos a los mensajes reconciliadores del PP gijonés, que iba para annus horribilis hasta que una sentencia devolvió casi inesperadamente la autoridad a su impugnada directiva. El del PSOE, a pesar de ser año de efemérides -125 de la agrupación local gijonesa- tampoco ha sido un año de alegrías: dimisión del secretario general en febrero y gestora pendiente de congreso. Atonía convertida en duro enfrentamiento interno cuando el quebranto de Ferraz hizo caer otra gestora, esta traumática, sobre la que ya operaba en la calle de La Argandona.

 Por lo que respecta al equipo de Moriyón, llega a fin de ejercicio con críticas redobladas por la baja ejecución presupuestaria y ciertas señales de fatiga crónica. La inacción en servicios sociales -el gran caballo de batalla de la oposición- ha sido uno de los flancos más castigados en la gestión forista, junto con Divertia. El tentacular organismo que agita la única actividad claramente visible en Gijón -ocio, turismo, festejos, mercadillos, festivales y jolgorios hasta el paroxismo- ha tenido que lidiar, quizá precisamente por esa hiperactividad, con graves desfases presupuestarios y ha necesitado voluminosas transfusiones. El Festival de Cine de Gijón, convertido de nuevo en casus belli de primera línea en la política municipal, ha sido el conflicto más ruidoso a ojos del gran público. Los proveedores seguramente colocarían antes en el ranking sus cobros pendientes.

Por lo demás, desde el Solarón de este 2016 se han avistado los humos y las partículas de la contaminación que cada vez preocupa más a los gijoneses, y las roturas de emisarios submarinos por los que ha aflorado el despropósito de una depuración de aguas deficiente todavía (y con multa eurocomunitaria). Se han seguido sucesos como la captura del primer yihadista radicado en la ciudad o el tumultuoso caso de los 9 del Jovellanos. Se han renovado polémicas ciudadanas que forman ya parte de la agenda local, como las fiestas de las que se alimentan ?sampedristas contra laicistas, pacifistas contra el festival aéreo, antitaurinos contra taurinos? y se ha asistido a novedades como el estreno de un presupuesto participativo, todavía con pocos actores, pero estreno al fin y al cabo. Hubo ruido de fondo, aún incomprensible, sobre no sé qué Áreas Metropolitanas Centrales, la eterna cuestión ferroviaria no acogió más trenes nuevos que el simbólico Tren de la Libertad -que así se llama oficialmente el Solarón- y hubo alegrías -la de haber adoptado a Quini- y penas, como la de despedir a la sabia catedrática María Elvira Muñiz.  Mientras tanto, los gijoneses esperan entre árboles de Navidad gigantes y pistas de hielo las alegaciones a un PGO que tarda tanto en resolverse como todo lo demás en el concejo.

En Gijón, 2016 fue el año en el que ni siquiera se pudo batir, por primera vez, el récord Guinness de escanciado colectivo. Y en el que la niebla no dejo ver si en realidad hubo o no Noche de los Fuegos tras ella. Tampoco hubiera sido esta mala metáfora para el año que acaba justo donde empieza -malos augurios- el túnel inundado del Metrotrén que nunca llegó al solarón.