Desahuciados en la órbita morada

Los blogs de Fernando de Silva y Xandru Fernández ejemplifican desde Gijón los efectos de las derivas recientes de Podemos sobre la parte más crítica de la militancia y simpatizantes


Gijón

Hace un año y algo más de tres meses, un vecino de Gijón de 85 años abordó por la calle a Fernando de Silva. Quería preguntarle a quién podía confiar su voto en las elecciones generales de diciembre de 2015. Había apoyado a Xixón Sí Puede en las municipales, pero decía sentirse «un tanto ofendido y decepcionado» por la negativa de la marca local de Podemos a cerrar pactos con el PSOE y tolerar el gobierno de Foro en Gijón. En aquella ocasión el abogado, activista, militante en distintos partidos de la socialdemocracia española -el último de ellos, el PSOE- y miembro, más recientemente, del Comité Ciudadano de XsP le aconsejó sin titubeos votar a la izquierda. Lo hacía incluso estando él también decepcionado por lo que consideraba el «fracaso de un frente común de izquierdas» en Gijón -del que había sido y seguiría siendo activo partidario- y a despecho de un «alejamiento definitivo de la política». De Silva se seguía declarando «de Podemos como idea, como concepto necesario», pero concluía: «Qué difícil lo tenemos». Un año y tres meses después, se está haciendo a sí mismo exactamente la misma pregunta que aquel vecino:  «¿Y ahora, a quién voto?»

Todo ello se relata en el blog personal del gijonés, Sinlavenia. El primer texto apareció el 15 de septiembre de 2017; el último, esta misma semana, bajo un lapidario título: «Me he quedado sin opción política». Un día antes, la abstención de XsP e IU había permitido a Foro sacar adelante sus presupuestos para 2017 con el único apoyo del PP. La entrada del día 28 era la respuesta directa a lo que su autor consideró ya abiertamente como un «descaro indecente e injustificable» por parte de los morados en su «apoyo a los partidos de la derecha»; la misma actitud política por la que, añade, dejó de votar al PSOE. «La izquierda ha dejado de existir», diagnostica, y llega al meollo del conflicto: «Seguiré pensando en clave de izquierdas, porque no sé hacerlo de otra forma, pero he quedado sin partido. Y ahora ¿a quién voto?»

Drama político

En este último entrecomillado cabe lo que, sin demasiada exageración, ha cuajado como el drama político de una parte nada desdeñable de aquellos que se cargaron, o recargaron de energía a partir del 15M y la canalizaron finalmente hacia Podemos. Tienta desempolvar el viejo mantra setentero del «desencanto». O el más reciente de la «desafección», pero vuelta esta vez hacia quienes han cabalgado en buena medida en ella y surgieron para darle alternativas. La doble y nada plácida deriva de la formación -de un lado, en la práctica de sus pactos locales y autonómicos; de otro, en las obscenas luchas internas de cara al congreso de Vistalegre II- está teniendo sus efectos en de no pocos de quienes, de un modo u otro, han estado ahí, incluso en las estructuras profundas de Podemos, desde muy temprano. Es el caso de Fernando de Silva, integrante todavía del Consejo Ciudadano de Podemos en Gijón, miembro de la candidatura de Mario Suárez del Fueyo que ganó la secretaría general, e incluso, en algún momento, incluso barajado como posible candidato a la alcaldía.

Su defensa, en todo momento, de un entendimiento que favoreciese el gobierno de un tripartito gijonés en nombre de un frente de izquierda topó, como su antiguo partido, con la resistencia de XsP, cimentada en una consulta fuertemente contestada desde fuera y también desde dentro de la formación por militantes como De Silva, para quien la abstención que ha reforzado el Gobierno Moriyón parece haber sido la puntilla. En la posición adonde se ha visto centrifugado, ya muy lejos del núcleo de Podemos en Gijón, hay otros que siguen pensando «en clave de izquierdas», y tampoco avistan otros planetas habitables. Y, mucho menos, rutas hacia atrás en el tiempo.

Desahuciado pero atento

No es exactamente el caso de Xandru Fernández, aunque sí comparta hoy por hoy la posición que él mismo ha descrito como la de «desahuciado», fuera y lejos de la circunferencia. La diferencia esencial es que el escritor turonés afincado en Gijón, profesor de Filosofía, sindicalista y excandidato en las primarias para la secretaría general de Podemos parece seguir atento a lo que pasa o puede pasar en su interior.

Igual que De Silva, Fernández es un influyente bloguero, y también activo usuario de Facebook y articulista en diversos medios, en los que ha ido desgranando con una sutil mezcla de rigor, profundidad y humor caústico sus críticos puntos de vista, aunque en su caso la perspectiva ha solido ser más genérica y atenta al devenir del partido a gran escala que la del abogado gijonés. El déficit de democracia interna, las carencias programáticas y las ambigüedades ideológicas -deliberadas o involuntarias- han estado con frecuencia en su punto de mira.

Tampoco se encuentra solo, ni mucho menos, en esa posición. Su distanciamiento de militantes y activistas como Xandru Fernández está, como todo en Podemos, fuertemente entretejido con el de otros críticos en las redes sociales. Por ejemplo, en una reciente entrada de su muro de Facebook, el turonense hacía suyos los pareceres del traductor y filósofo Juan Domingo Sánchez Estop. El también excandidato en Podemos Bélgica, daba en su blog, respuesta al controvertido artículo de Pablo Echenique Yo no quiero un Podemos de familias. 

Fernández hace suya -al menos, por la transitiva- la opinión del bloguero de que  «la trampa en la que está metido de lleno Podemos es la de un populismo autoritario alejado de la realidad» -un diagnóstico que podría ser el de cualquera de los críticos más acerbos de lo podemita en la derecha mediática-, y en la recomendación de que «para salir de esa trampa es indispensable volver al mínimo de coherencia ética, política e intelectual». Sánchez Estop incluso hace a Echenique «una modesta sugerencia: un referéndum interno anterior al congreso en el que se permita a los afiliados optar por el modelo que desean y en el que, de manera muy clara se proponga, frente al modelo de partitocracia interna hoy imperante».

Ante Vistalegre II

Del mismo modo que las críticas de Fernando de Silva se han alimentado estos días de los acontecimientos políticos cercanos y recientes, las de Xandru Fernández lo han hecho de los que están por venir. Por ejemplo, el congreso Vistalegre II del próximo febrero. Con ese acontecimiento en perspectiva, última entrada de su blog, La radio interior, constituye un condensado repaso crítico de la historia de Podemos entre los dos Vistalegres con el que no pocos de los «desencantados» o ya abiertamente «desafectos» se sentirán identificados.

Xandru Fernández arranca desde aquel «agregado de espectros» con afán de convertirse en partido, recala en la «maquinaria de guerra electoral» errejonista, en las sucesivas frustraciones de las aspiraciones electorales y en sus consecuencias: «la disolución de los círculos, la dimisión de Monedero, la cooptación de cargos internos…» «Podemos devino lo que ahora es y dejó de ser definitivamente lo que nunca había sido, por mucho que algunos de sus militantes y simpatizantes lo hubieran/hubiéramos creído o imaginado», sentencia Fernández, que mira con escepticismo un Vistalegre II que teme «tan útil y apasionante como el congreso del PP que se celebrará en las mismas fechas».

Aunque propone varios debates impostergables -la forma de estado, el encaje en Europa y el modelo territorial-, hay uno más esencial. No todo estaría perdido, para Fernández, «si al menos en Vistalegre II llegara Podemos a averiguar lo que es y se decidiera a serlo. Averiguar lo que es, no empeñarse en ser lo que no es, ni en aparentar lo que no quiere ser, ni en convertirse en lo que no puede ser»

«Para llegar a ser lo que es, Podemos desahució a muchos de sus militantes, los dejó fuera, así es, y con ellos bloqueó muchas posibilidades de lo que podría haber sido, pero esas posibilidades no van a volver por muchos cambios que se introduzcan en Vistalegre II, pues no pertenecen a lo que es Podemos, sino a lo que no es», advierte Fernández.

En la estación espacial

Esa metáfora del «desahucio» -una palabra tan fuerte y cargada hoy en lo social e incluso en lo emocional- se combina con otra, que presta al analista el escritor imaginativo y con buena mano para la ficción que Fernández ha demostrado ser en obras como su última novela, El ojo vago. Comentando en Facebook la puesta en escena de la crisis navideña de Podemos, comenta: «Lo peor es estar viviendo todo esto como espectadores. Como si ocurriera en una estación espacial que no podemos hacer regresar a la tierra».

Es decir que, con todo y lo dicho -y a diferencia de lo que parece suceder con Fernando de Silva-, Xandru Fernández constata que sigue girando en la órbita morada y que no renuncia a recomponer el rumbo. Lo confiesa, en efecto, en su prólogo a Vistalegre II: «Podemos posee tal capacidad de arrastre y, por así decir, infección, que a esos desahuciados, entre los que me cuento, les está costando un triunfo recomponer sus brújulas».

Pero eso no va a suceder ni con la nostalgia de «lo que ya no puede ser» ni «favoreciendo un cisma» para convertir la formación «en el nuevo contenedor de la izquierda soviet style donde todos tengan su voz y ninguno una mínima capacidad de transformación social». «No solo Podemos ganaría si supiera mirarse al espejo y asumir que, con todos los errores cometidos, su razón de ser sigue siendo la que era antes del primer Vistalegre» para encarar los retos pendientes y «reorganizarse civil y civilizadamente, porque ya hace tiempo que es necesario algo más (o algo menos) que Podemos». Algo a lo que acaso pudiera votar aquel descontento paisano de 85 años. Incluso convertirse de nuevo en una opción política para militantes tan centrifugados del círculo originario como Fernando de Silva.

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