El colectivo de estudiantes LEA y la Red de Solidaridad Popular montan en el Polígono un programa gratuito de cursos de apoyo para escolares. Ahora buscan nuevos docentes
17 ene 2017 . Actualizado a las 09:58 h.Que un alumno aventajado eche un cable a un compañero de clase rezagado no es demasiado raro, ni lo es que rebañe unos euros dando alguna clase por horas a vecinos o conocidos. Que lo haga por puro sentido de la solidaridad con cualquiera que necesite de apoyo con las asignaturas que se atascan, es abiertamente infrecuente. Y una muestra notable de las mallas de cooperación que cuajan cuando la falta de recursos hace inasumibles para muchas familias gastos que hasta hace poco no lo eran. Por ejemplo, unas clases suplementarias en una academia o con un profesor privado para los hijos en edad escolar. De ahí el interés de lo que está haciendo desde el pasado viernes en un local del Polígono de Pumarín un puñado de bachilleres y universitarios gijoneses: impartir de forma totalmente gratuita clases de apoyo a cualquier alumno con dificultades que lo necesite. Cada viernes y durante tres horas. Sin más condiciones.
Los «profes» de esta generosa iniciativa que demanda urgentemente más «profes» forman parte de Libertad Estudiantil Asturiana (LEA), una asociación radicada en Gijón aún en trámites de registro que se forjó de cara a las últimas movilizaciones educativas para crear «una asamblea de estudiantes más abierta ideológicamente, no partidista y más horizontal y transparente» que las existentes. Pero también «más abierta a las calles» y con la aspiración de «conectar con otros colectivos y organizaciones sociales para ver qué podemos aportar a la sociedad», según explica uno de sus miembros, Tomás Darío Albarenque Mainero, estudiante de 2º de Bachillerato científico-tecnológico en el INB nº1 de Gijón, la misma barriada donde LEA tiene su sede y donde desde el pasado viernes ha empezado a compartir, casi en tiempo real, lo que está aprendiendo en sus clases de instituto.
Hambre de cooperación
La asociación, de la que forman parte unos 30 estudiantes de Secundaria, Bachillerato y algunos universitarios, encontró cauce para su hambre de cooperación en la Red de Solidaridad Popular (RSP) en Gijón. Conscientes de los problemas de algunos de sus compañeros y de que «las academias o los profesores privados ya no están al alcance de muchas familias», los miembros de LEA contactaron con RSL para ofrecerse a dar continuidad a una primera convocatoria de cursos de apoyo que la ONG había organizado el pasado verano.
Fueron aceptados de mil amores por la entidad, que funciona en Gijón desde hace año y medio, al igual que medio centenar de agrupaciones similares en otros tantos puntos de España, y que busca precisamente estas formas de simbiosis bajo el principio de la autogestión democrática y el distanciamiento «de toda forma de asistencialismo», según explica su coordinadora local, Xana Reyes, que recalca que esta actuación, como otras iniciativas en materia de reparto de recursos básicos o asesoría laboral impliquen directamente a los propios interesados, en una red de intercambios y reciprocidad. Y siempre, insiste, como «una respuesta política no a problemas individuales, sino a problemas colectivos».
Ningún requisito previo
Bajo esa colaboración entre LEA y RSP, los cursos de apoyo no exigen ningún precepto para la admisión ni perfiles predeterminados. «Lo hacemos simplemente para ayudar a la gente, a cualquiera que lo necesite, no somos una institución», precisa Albarenque. Basta con contactar con la página en Facebook de RSL, el correo xixon@redsolidaridadpopular.org o el teléfono 653 501 186. La única limitación es la disponibilidad de personas dispuestas a ejercer como «profes» provisionales durante tres horas a la semana. Las perspectivas son buenas, según Tomás Darío Albarenque.
«Estamos a punto de empezar una campaña de publicidad con cartelería y en redes y esperamos que también funcione el boca a boca. Somos realistas. Iremos creciendo poco a poco según vayamos teniendo más gente para dar las clases, pero las expectativas son buenas. Ya se nos han ofrecido otros estudiantes, profesores retirados o trabajadores con ganas de colaborar», cuenta Albarenque. Por el momento, hay grupos de matemáticas, inglés, física y quimica para un grupo de alumnos en el que «los perfiles son muy variados».