El caso de Ángeles Álvarez, la tapiega de 43 años cuya situación ha desencadenado el encierro de la PAH en las oficinas municipales de Vivienda
15 mar 2017 . Actualizado a las 17:14 h.Ángeles Álvarez, la tapiega de 43 años, cuya situación ha dado pie a la movilización, era recibida con aplausos a su salida de la sede de Emvisa. «Necesito mi vivenda y tener a mis hijos conmigo, necesito que se tomen medidas. Hay mucha más gente como yo por culpa de las políticas de esta sociedad. Pero ahí seguiré, luchando», ha conseguido decir, emocionada y nerviosa. Madre de dos hijos de 10 y 17 años, Ángeles habita una vivienda en la calle Marcelino González, en el barrio de El Llano, que decidió ocupar a pesar de unas condiciones que la PAH considera fuera de «las condiciones mínimas de habitabilidad, con una humedad de hasta el 80% en algunas zonas y una instalación eléctrica deficitaria».
Esa situación es el último eslabón de una cadena de desgracias que se inició cuando, hace unos años, su pareja empezó a infligirle malos tratos que la tuvieron -cuenta- «tres días en el hospital». Después de un mes de espera, consiguió plaza en la Casa Malva, donde estuvo acogida otros seis. «A la salida nadie me ayudó a nada», recuerda Ángeles, que había desempeñado a través de los planes de empleo trabajos en la Empresa Municipal de Limpieza, el Jardín Botánico y el Centro Municipal de El Coto, y que intentó, sin éxito, conseguir una plaza de serena. A pesar de problemas de salud que van a reportarle en breve una paga por invalidez del 33%, volvió a incorporarse a Emulsa, pero acabó con la baja y viviendo en las deplorables condiciones mencionadas, Tuvo que asumir que no le quedaba otra opción «sin avalista ni fiador y con un salario social con el que nadie te alquila nada».
En esas condiciones le llegó la orden de desahucio. Según la PAH, en Emvisa nadie le dijo que disponía de una ayuda de emergencia para pagar un trimestre. Cansada de trámites sin soluciones también en la agencia de vivienda del Principado, Vipasa, ha acabado entrando con sus 14 compañeros en la sede de Emvisa con una actitud muy distinta, y reclamando sus derechos.