Los «diez mandamientos» del nuevo director del FICX

Alejandro Díaz Castaño reflejó su perfil como programador, decisivo en su elección, en un decálogo elaborado en 2015 que da una pista sobre su actitud y enfoques de cara a su nuevo cargo

Alejandro Díaz Castaño
Alejandro Díaz Castaño

Gijón

Prudente y discreto, Alejandro Díaz Castaño posponía ayer toda declaración hasta que el consejo de administación de Divertia ratifique la próxima semana el dictamen del «jurado de expertos» que puso ayer fin a la búsqueda de nuevo director para el Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX). Pero el crítico, programador y también flamante realizador de cortos gijonés -que inició su experiencia en la programación en el FICX de José Luis Cienfuegos y la consolidó con el mismo director en el Festival de Cine de Sevilla-, ha dejado constancia en entrevistas y algunos escritos de posiciones que, sin duda, se habrán reflejado en el proyecto con el que tendrá que suceder a Nacho Carballo y reinventar el certamen gijonés.

Bastante más que una pista sobre sus principios, criterios y métodos quedaron patentes en «un pequeño decálogo personal» que elaboró en septiembre de 2015 para la Associació Catalana de Escriptors i Crítics Cinematográphics, «conformado por impresiones y prácticas» en su paso de la crítica cinematográfica a la condición de programador; un perfil este último que ha tenido tanto peso como los aspectos de gestión y la austeridad del proyecto presentado por el gijonés en la decisión del jurado. Resumidos, estos son los diez puntos de las «tablas de la ley» de Díaz Castaño como programador. Y seguramente, una firme base para el trabajo que le espera en Gijón.

1) Tener clara la dimensión del festival. «No es lo mismo programar un festival de alcance minoritario (y de presupuesto acorde al mismo), un festival temático, uno internacional, o un clase A», y siempre dentro de «unos determinados objetivos de público, difusión y ayuda a la distribución», que afecta a la forma de trabajar y a los criterios para valorar contenidos, «entre muchas otras cosas».

2) No programar únicamente aquello que te gusta. Hay puntos en común entre el gusto y el criterio, pero se necesita «capacidad de observación y una apertura de mente (y, por supuesto, escuchar las opiniones de compañeros de confianza)» para seleccionar con tino.

3) Dejar el ego al margen. «Seleccionamos películas que existen antes y existirán después de nosotros, y conviene que el hecho mismo de darlas a conocer al público y a los medios de comunicación en las mejores condiciones posibles sea la mayor recompensa que podamos esperar». Los protagonistas «son siempre los cineastas y las obras».

4) Ir contra la obviedad y arriesgar. «Conviene no estancarse en fórmulas de probada eficacia, y cuestionarse y reevaluar los pasos que se han dado en las ediciones inmediatamente precedentes». Incluso, a veces, también «provocar al espectador, rompiendo sus expectativas», aunque respetando la calidad.

5) Hacer pedagogía cinematográfica de forma escalonada y racional. Igual que hay libros que no se entenderían sin preparación (menciona a Hegel), «hay propuestas fílmicas que requieren de aprendizaje previo», y ese aprendizaje ha de ir de « propuestas que logran apartarse de lo convencional mediante lenguajes reconocibles para el público mayoritario», hasta objetivos «más abstractos, complejos o depurados». Y sin agobios: los espectadores han de ser «invitados» a hacer esa ruta «por su propia cuenta».

6) No programar siempre lo que se quiere. Se trata, escribe Díaz Castaño, de «conciliar el criterio y las posibilidades presupuestarias de su festival con las aspiraciones de una distribuidora, una productora y de un/a cineasta», y además «respetando en lo posible la estrategia de festivales que tengan los responsables de la película en cuestión». Y también de ceñirse a la realidad del calendario. Y también «generosidad» para admitir que a una película le resulta «más conveniente» estar en otro festival.

7) Tener en cuenta las propuestas cinematográficas locales, incluso dentro de un festival internacional. «Un festival no puede permitirse dejar de lado el apoyo a los creadores locales que, entre otras cosas, están financiando con sus impuestos el certamen».

8) Respetar el trabajo ajeno. Ser «sinceros» e «implacables» pero «teniendo siempre en cuenta que detrás de las películas hay personas como nosotros».

9) Cuidar las premieres. «Es importante para un certamen que en las reseñas periodísticas se cite dónde han sido estrenadas y vistas las películas. No por ego personal, sino por reconocimiento al trabajo de todo el equipo del festival al completo». Identifican «el tipo de cine que programa el festival en cuestión».

10) Evaluar el festival no solo por su palmarés, que es «fruto de decisiones tomadas por un reducido número de personas», y admite «infinidad de posibilidades distintas». «Es mucho más lógico enjuiciar el trabajo de un festival por sus líneas de programación, y el equilibrio entre su capacidad para descubrir y mantener viva la memoria del cine».

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