Una «Medusa» gigante y otros remedios cercanos contra las nubes de carbón

A Coruña resolvió años de quejas vecinales con la construcción de un espectacular «Palacio del Carbón». Santander también maneja su tráfico carbonero bajo cubierta

La «Medusa» del puerto de A Coruña
La «Medusa» del puerto de A Coruña

Gijón

El 11 de julio de 2007 terminó una larga espera para los vecinos de algunos de los barrios que circundan el puerto de A Coruña. Ese día entraba en funcionamiento en el muelle del Centenario la «Medusa», un gran sistema de carga y almacenamiento de carbón que se presentaba como «pionero y único en el mundo» y cuyo elemento central era una gran cúpula de un centenar de metros de diámetro y 35 metros de altura construida por la Autoridad Portuaria y la aún existente Unión Fenosa y diseñada por el arquitecto César Portela. Culminaban así años de protesta de los coruñeses -sobre todo de los vecinos de Os Castros-, movilizados contra las molestias y los problemas sanitarios que originaba el tráfico de graneles sólidos en el puerto. Esa gran «Medusa» es el modelo al que mira IU pensando en resolver los mismos problemas en El Musel. Al menos, en cuanto a su eficiencia y a lo que tiene de éxito de una tenaz campaña de movilizaciones. 

Porque otra cosa es que las dimensiones de la «Medusa» o de cualquier otra estructura cubierta construida en una terminal de carbones se puedan ajustar a las 15 hectáreas -en permanente crecimiento- que se expanden a lo ancho de la ampliación de El Musel. Demasiado carbón que cubrir. Sobre todo teniendo en cuenta que los 100 metros cuadrados por 35 de altura de la «Medusa» costaron casi 18,5 millones de euros.

Desde las instalaciones, pensadas para buques de 120.000 toneladas, el carbón que llega al puerto coruñés con destino a la central términa de Meirama es transportado sin entrar en contacto con el aire en ningún momento mediante un sistema que incluye, además de la cúpula en sí, incluye un sistema de cintas transportadoras cubiertas y brazo cargador telescópico que absorbe el carbón desde las bodegas de los cargueros. A través de las cintas y por métodos de aspersión, el mineral se conduce a tolvas cerradas, y de ahí a los vagones cubiertos. 

El modelo santanderino

Más modesto en el aspecto estético, pero no en términos de cuidado medioambiental, es el planteamiento de la gran nave rectangular que aisla del entorno portuario las operaciones de la terminal de graneles en Santander de la empresa Noatum, que se presenta como la «más moderna de España para la manipulación de graneles sólidos pulverulentos» conforme a «los más altos estándares de medioambiente».

Las cántabras son las instalaciones que estudian visitar, en primera instancia, los representantes de IU para conocer de primera mano sus 65.000 metros cuadrados de superficie total, que alberga un área de servicio de 3.500 metros cuadrados y una capacidad de almacenaje de 460.000 metros cúbicos. Dimensiones que también quedan muy lejos de las del parque de graneles gijonés.

Además, IU ha repasado otras alternativas, como la «verdadera muralla china» de 23 metros de altura y 2,9 kilómetros que protege a los vecinos del mayor puerto de graneles chino, Quinghuangdao, o el sistema de cintas cubiertas que mueve el carbón desde Puerto Bolívar, en Colombia.

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