Los restos de la producción de Efmen, filial de la emblemática empresa Crady, reaparecen a la venta en un establecimiento del centro de Gijón y en una página de Facebook para nostálgicos y amantes del vintage
31 may 2017 . Actualizado a las 16:39 h.Entre la década de los 60 y principios de los 90 del pasado siglo, una empresa gijonesa puso el menaje más popular, colorista y accesible en muchos hogares y también en muchas de aquellas mesas plegables con las que los españolitos montaban el picnic dominical o el comedor de cámping. Su nombre era Efmen, aunque muchos la identifican -y lo siguen haciendo- como Crady, ya que formó parte del grupo empresarial de la extinta e histórica empresa de componentes electrónicos y luego fue propiedad de Miguel Ángel Merigó, gerente del grupo. Durante todos esos años, platos, vasos, fuentes, tazas, ensaladeras, bandejas, posavasos, ceniceros y otros objetos de uso diario marcaron presencia en su humilde pero resistente melamina con decoraciones que, a su modo, son un retablo de la cultura popular de un tiempo, y también un muestrario de la infinidad de marcas comerciales para las que sirvieron de soporte. Para muchos eran simples recuerdos; otros guardaban aún piezas en el fondo de sus aparadores y alacenas. Pero ahora vuelven a estar disponibles como verdaderas estrellas del vintage doméstico.
Los restos de producción de la extinta factoría, que reaparecieron en una nave de las afueras de Gijón, han sido distribuidos por iniciativa de una marca local, Anaco Vintage, en algunos establecimientos de la ciudad y Valladolid. Ahora han encontrado un escenario físico a la medida de esos objetos que han pasado de trastos olvidados en un almacén -o, como mucho, vestigios de época- a útiles que no solo pueden seguir dando servicio y sino además poner a la última el escenario de una cena con invitados.
Hace tres meses que Mireille Ortego se decidió a llevar su taller de restauración de muebles y objetos dométicos mid-century -es decir: de mediados del siglo XX, pero cada vez también más end-century- al centro de la ciudad. Encontró un local de la calle de la Muralla que ya tenía un cierto poso, puesto que en él funcionaron, entre otros negocios, una tienda de anticuario y otra de vinilos. Pero se apresura a precisar que lo que ella hace «no tiene nada que ver ni con las antigüedades ni con la compra y venta». Lo suyo es más bien la pasión por los objetos cotidianos cargados de memoria y de vida, y el afán por devolvérsela si es que la habían perdido. «Me pasa desde siempre, desde que era una niña. Yo recogía todos los objetos familiares» -prohibido decir «trastos»- «que iban quedando por casa y los iba almacenando».
No tuvo la menor duda en que tenía que estudiar restauración, y fue lo que hizo, formándose a conciencia en un oficio que durante siete años desarrolló en un taller en Llantones. Pero Mareo queda a trasmano y no era fácil tratar así con los clientes, así que trasladó el negocio a su ubicación actual. Aunque lo de «negocio» le cueste decirlo, sobre todo cuando tiene que desprenderse de objetos que ha remozado, en los que ha puesto mucho de ella y a los que ha cogido apego. Algo parecido al síndrome del artista que siente que le están arrebatando algo cuando vende una obra.
En ese ambiente, el legado de melamina que dejó Efmen ha encontrado su lugar adecuado. Cuenta Mireille Ortego que no son pocos los viandantes de cierta edad que entran ante el reclamo de una ensaladera con tapa, una bandeja o una decoración -de tema marinero, de los Muppets de Jim Henson, de los dibujos de Hanna-Barbera- que reconocen de inmediato como parte de sus vidas. «Algunos incluso me cuentan que conocieron a tal o cual persona que trabajó en Crady, como lo llaman siempre, e incluso me van a poner en contacto con trabajadores de la fábrica para que me den más información», explica.
Para ellos esas piezas sin duda serán ahora algo así como llaves para volver a las experiencias de unos años que fueron -como casi todos- a la vez gozosos y difíciles. Para los nuevos usuarios, una forma de renovar el menaje con un paradójico rodeo por el pasado. Y para todos, esa experiencia tan peculiar de ver aparecer un personaje de cuento o dibujos animados, una rosa de los vientos, un horizonte marino o cualquier otro motivo debajo de las últimas cucharadas del guiso o de la sopa.