«En España no se ven más hombres que mujeres en bici por la calle, pero ¿por qué las mujeres no están liderando colectivos probici?»

Andrea Navarrete, fundadora del colectivo Mujeres Bici-bles en Iberoamérica, imparte en Gijón dos talleres sobre movilidad ciclista con perspectiva de género

Andrea María Navarrete
Andrea María Navarrete

Gijón

Andrea María Navarrete es una ciclista urbana que, en 2012, se cansó de ver menos mujeres que hombres en bici por su localidad natal, Bucaramanga, en el nordeste de Colombia, y fundó el colectivo Mujeres Bici-bles, con el que consiguió darle visibilidad a la bicicleta como vehículo de empoderamiento de las mujeres. En 2016, se convirtió en cicloviajera cuando decidió venderlo todo y dejar su trabajo como docente en la universidad para extender la red de mujeres bici-bles por el sur de América. Ocho meses de viaje, ocho países y 8.500 kilómetros con un proyecto, el Sur Bici-ble, que han convertido a Navarrete en pieza clave de la escena iberoamericana de la movilidad ciclista. Tras más de dos meses de viaje por las principales capitales de provincia de España compartiendo y recabando experiencias, aterriza en Gijón invitada por el colectivo 30 Días en Bici para impartir dos talleres (hoy a las 20 horas en el Green Zone Bio y, el sábado, a las 18 horas en La Revoltosa) sobre la movilidad ciclista desde una perspectiva de género. 

-¿Por qué se ven más hombres que mujeres en bicicleta?

-Es una muy buena pregunta. Depende de los contextos, ahora que estoy en España me doy cuenta de eso. Creo que tiene que ver con que la bicicleta es un objeto de la calle. Por ende no es un objeto fácilmente convertido en un regalo de Navidad o de cumpleaños para las chicas. Cuando yo era niña recibía joyitas y muñequitas en vez de una bicicleta. El objeto y la idea de la bicicleta es andar en la calle y eso no está tan relacionado con lo doméstico, que tiene mucho que ver con los roles de las mujeres. En España, aunque he encontrado mujeres de mi generación, los ochenta, que no usan la bicicleta, no existe tanto prejuicio social.

-¿Dónde se ven más hombres que mujeres en bicicleta? 

-En Latinoamérica. En España, desde la experiencia urbana y como ejercicio básico de observación, he visto hombres y mujeres en bici en la calle. Hay un equilibrio, pero sí existen más problemas por ejemplo de autonomía ciclista, de mecánica básica. Cómo arreglar un pinchazo en la llanta, cómo limpiar la bici, cómo poner la cadena si se me cae… He notado que aquí las mujeres siguen siendo un poco dependientes de los hombres y los hombres bastante paternalistas respecto a esta situación. Además se nota que en los colectivos y los grupos de promoción de la bicicleta hay más hombres que mujeres. Hay más representación de hombres que de mujeres. Es un tema de liderazgo. ¿Por qué las mujeres no están liderando colectivos probici? Es una pregunta interesante para responder.

-Hoy imparte una charla titulada «Diacronía, sincronía y anacronía de las mujeres en bicicleta». Tres conceptos que tienen que ver con el tiempo…

-Lo diacrónico es lo que está a lo largo del tiempo. Cómo a partir de un pequeño cambio en la tecnología de la bicicleta se permite que las mujeres se suban a la bici y como este acontecimiento también genera nuevos roles sociales. Por ejemplo, las mujeres se empiezan a preguntar sobre su vestimenta: no pueden ir en bicicleta con faldas victorianas, con corsés y, entonces, lo primero que hacen es modificar su forma de vestir. Las primeras sufragistas hacen todas sus conquistas de derecho al voto subidas a una bicicleta. No quiero decir que la bicicleta abriera el camino a la conquista del sufragio, pero sí acompañó esas conquistas. 

-¿Y cuando habla de lo sincrónico?

-De un momento en el tiempo: como soy latinoamericana e hice ese viaje en bicicleta tengo un panorama muy amplio de los colectivos que se están moviendo para mover más mujeres en bicicleta y que hacen un trabajo de empoderamiento a través del uso de la bicicleta. Y por supuesto, hablo de mi ciudad y de Mujeres Bici-bles. 

-Y queda la parte anacrónica…

-Que es lo que está fuera de tiempo. Cómo en este siglo XXI encontramos en algunos contextos que las mujeres no pueden ir solas en bicicleta y cómo, entonces, se generan algunos fenómenos sociales. Por ejemplo en Afganistán, en donde un grupo de chicas se organizan y arman un equipo deportivo de mountain bike, retando de alguna manera los prejuicios que existen respecto al uso de la bicicleta por parte de la mujer. Resulta anacrónico que en pleno siglo XXI encontremos lugares donde ocurre esto. 

-El sábado se centrará en el sexismo en los espacios ciclistas…

-En cómo la violencia callejera afecta en las experiencias de ciclismo urbano. El acoso callejero, las agresiones físicas… O, por ejemplo, la forma en la que los medios de comunicación hablan sobre el ciclismo o cómo se promueve el ciclismo a través de chicas supersexies mostrando el culo en primer plano. Pequeñas cosas que demuestran que existe un sexismo como por ejemplo también que haya un Tour de Francia de mujeres del que no se habla, igual que en el fútbol no se mencionan los equipos de mujeres. 

-Lo cierto es que al ciclista, sin importar si es hombre o mujer, es frecuente que se le insulte o se le acose por el simple hecho de ir en bici…

-Hay una resistencia, como un cambio de paradigma, y nuestras ciudades están diseñadas desde la autonomía del carro particular y de la infraestructura para automóviles. Son prejuicios sociales, culturales, tal vez viene de alguna experiencia negativa… Existe una resistencia a aceptar la bicicleta como un medio de transporte y como parte de la movilidad y de la experiencia urbana.

-Son muchos los ciclistas que viajan por el mundo con causas solidarias. ¿Cómo ayudan a la integración de la bici como algo cotidiano en la movilidad de las ciudades?

-La bici también es un objeto de la resiliencia. Cuando uno asume un viaje en bicicleta no solo está asumiendo una experiencia de cicloturismo, sino que también puede relacionar la bicicleta con promover y trabajar otros temas relacionados con la humanidad. En mi caso yo trabajo el género, pero durante mi viaje conocí a otros cicloturistas que hacían promoción de la prevención del cáncer, que recogían dinero para comprar agua para comunidades a las que no llegaba o incluso al Bikecanine, el gijonés que promueve la adopción y el rescate de animales. El viaje en bicicleta funciona también solo, porque no deja de ser un viaje interior. Uno mueve muchas cosas dentro, sin querer, y hay gente que quizá solo se concentre en su experiencia de viaje, no quiere promover nada. Sin embargo, en el simple hecho de romper con la zona de confort, con los estándares de vida y con las formas impuestas de viajar, ya hay todo un ejercicio de resistencia y de promoción de la bici. Si yo puedo moverme en bicicleta por la ciudad y si puedo viajar en bicicleta, ¿qué onda?, ¿por qué no nos subimos todos a la bici?

-¿Por qué es importante que las mujeres se suban a la bicicleta?

-La experiencia del ciclismo desde las mujeres habla de una organización de la ciudad. Es más fácil percibir la inseguridad desde una experiencia ciclista en mujeres y, pese a que quizá los hombres también están expuestos a muchos tipos de violencias, es la mujer quien realmente puede detectarlo y básicamente su experiencia del ciclismo depende de ello. Yo no me monto en la bici si sé que me va a matar un carro. Así de simple. Hay chicos que no se suben a la bici porque les desanima la misma sensación. Pero creo que la perspectiva de género de la movilidad permite, por ejemplo, hablar de percepciones de inseguridad en las ciudades. Para todos, porque cuando se desarrollan programas desde la perspectiva de género las beneficiarias no son solo las mujeres, sino toda la ciudadanía. Y eso es algo que quizá la gente no comprende. No es un tema de feministas locas con ganas de joder y no se dan cuenta del beneficio que pueden tener todos como ciudadanos. 

-¿Y por qué es importante para cualquier mujer subirse a la bici?

-Las mujeres tenemos otra sensibilidad para las cosas, que no es mejor ni es peor, pero sí tenemos otra sensibilidad. Por ello, creo que estamos muy expuestas a más situaciones de violencia que los hombres y eso también habla por ejemplo de una inseguridad en la ciudad y con cómo fortalecer la seguridad en las calles. También me gusta hablar del empoderamiento femenino por lo que puede implicar la bicicleta, ya que puede ser el objeto que permita a una mujer no ser codependiente económicamente de una persona que quizá la maltrate. En una situación de violencia de género, en la que un esposo maltrata a su esposa y ella no le puede abandonar porque depende económicamente de él, ¿qué tal si le enseñamos a esta mujer a pedalear y si le proponemos un sistema de bicimensajería o de trabajo desde la bicicleta que le permita liberarse y ser autónoma económicamente? Quizá estemos incluso evitando hasta un feminicidio. La bicicleta puede desarrollar este tipo de proyectos sociales.

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