Concluye la reforma del edificio, que le ha devuelto la luminosidad de sus orígenes, después de dos años y medio de trabajos. Sus instalaciones podrían estar abiertas al público antes de que acabe el año
13 jul 2017 . Actualizado a las 07:55 h.De momento, es la luz vuelve a dar vida al edificio de la antigua Escuela de Comercio en Gijón. Los usuarios lo harán previsiblemente antes de que acabe este año, para disfrutar de sus servicios como «centro cultural de proximidad». Después de casi treinta meses de trabajos, los autores de la rehabilitación del céntrico inmueble de 1911 que también acogió la Escuela de Empresariales han presentado esta mañana el resultado de su trabajo a partir de un proyecto redactado desde el servicio local de Patrimonio por los arquitectos Javier Uría, María López, Mónica Costales con la asistencia de Ramón Ruiz y Jorge Alonso Nicieza, del Estudio Ruiz Nicieza, para devolver el uso a casi 3.200 metros cuadrados de edificio más los 450 habilitados en el subsuelo para albergar el Archivo Municipal.
Este último exponía este mediodía los criterios que se han seguido durante la visita guiada a representantes de la corporación gijonesa encabezada por la alcaldesa, Carmen Moriyón, directivos de algunas de las asociaciones que ocuparán el inmueble y vecinos: «Es un edificio que está en la memoria de mucha gente», aclaraba Alonso Nicieza, «así que hemos querido ser honestos por una parte con sus valores arquitectónicos como con el recuerdo de su uso».
Para aquellos cuyo recuerdo no vaya más allá de la mitad de los años cincuenta, el resultado será una verdadera novedad; los que lo conociesen ante de la reforma que se realizó en aquel momento se reencontrarán con el edificio mucho más diáfano y luminoso que se proyectó inicialmente. «Hemos querido traer aquel edificio al siglo XXI, pero intentando hacer que parezca que no hemos hecho nada», ha precisado el arquitecto. Javier Uría añadía la «flexibilidad» de usos como el principal rasgo que se ha añadido al inmueble durante ese «viaje» temporal.
Naturalmente, para que eso suceda sí se ha hecho mucho. Sobre todo, en términos de limpieza de estructuras que se habían ido añadiendo a la original y haciendo mucho más rígido y pesado un edificio que fue el primero en utilizar estructuras de acero, precisamente para permitir el máximo de diafanidad y luminosidad en su interior.
A partir de ahí, y con el máximo respeto, se ha intentado también reproducir la interrelación de disciplinas y artes que se dio durante la construcción de la escuela, conforme a los usos en la época entre el modernismo y la Secesión vienesa que inspiraron a Manuel del Busto, su autor. Así, se ha recurrido a artesanos para reponer los azulejos dañados o desaparecidos durante las reformas del edificio o para construir unas barandillas de rejería basadas en las originales, frente a las barandillas macizas que bordearon la escalera en los últimos 60 años. También se ha recuperado el suelo de madera, bajo el cual se ha realizado una instalación calefactora por energía eléctrica, y se han dejado a la vista las cubiertas originales.
La principal novedad es, en términos arquitectónicos y funcionales, la habilitación del acceso desde la calle de La Merced, las escalinatas que conectan las tres plantas desde ese ala el edificio y los ascensores que funcionarán a un lado y otro de las escaleras. Además, se han añadido 400 metros cuadrados para albergar un Archivo Municipal que, según Javier Uría, se ha diseñado a la medida de los requerimientos del servicio para que acoja los documentos ahora mismo dispersos y pueda seguir archivando los nuevos en el plazo de un cuarto de siglo.
Junto al archivo y a la sala de consultas de dos alturas proyectada sobre él, el inmueble albergará un salón de actos para 130 asistentes, varias salas de exposiciones y de usos múltiples, una biblioteca y las sedes de entidades vecinales y culturales como el Ateneo Obrero y el Ateneo Jovellanos. En estas últimas dependencias se repite un mismo patrón de tres dependencias con distintos grados de privacidad en torno a un cubículo transparente que, de entrada, parece haber alterado un tanto las planificaciones de alguna de sus sociedades destinatarias. Las dependencias del Festival de Cine de Gijón, que inicialmente también se iban a ubicar en la planta primera, han pasado recientemente al proyecto para el edificio de Tabacalera, también en rehabilitación.