El regreso de las lluvias puede convertir a veces los desplazamientos a pie por la ciudad en ocasión para desagradables experiencias sobre suelo deslizante. Estos son algunos puntos donde conviene pisar con garbo, pero también con cuidado
10 nov 2017 . Actualizado a las 07:46 h.Volvieron las lluvias. Y con ellas, la necesidad de redoblar el siempre sensato consejo, con sequía y aún más con borrasca: «Cuidado donde pisas». Un simple desplazamiento por las calles del propio barrio se puede convertir en fuente de disgustos de amplio rango: desde el resbalón sin consecuencias o la salpicadura de una baldosa-géiser hasta algún percance de mayor importancia si llega la costalada. La simple física de la superficies mojadas es suficiente para aconsejar prudencia; pero a menudo el estado de las vías urbanas hace aún más necesario pisar con tiento en días lluviosos. Estas son algunas de las diabluras que acechan bajo las suelas de nuestro calzado, detectadas en un pequeño muestreo de urgencia. Seguro que al lector se le ocurren muchas más en el entorno de su propio domicilio.
La baldosa-géiser
O «baldosa-trampa». Todos las hemos sufrido, de preferencia con ropa de estreno y de colores claros. Llegan a lanzar su mezcla de agua, barro, grasa y sustancias casi siempre indelebles hasta alturas insólitas. No todas son, por desgracia, tan visibles como la de la fotografía. Son objeto de odio universal. La única manera de evitarlas es pavimentando sin zócalo, como en la discutida reforma de Marqués de San Esteban. No hay otra forma de librarse de ellas.
Suelo en rampa o vado continuo
En determinadas zonas de la ciudad, y seguramente por causas menos urbanísticas que orográficas, la inclinación de las aceras llega a ser casi alarmante, y un problema transitar por ellas sobre todo con suelo húmedo o con alguna limitación motora. Tal es la inclinación que parece haberse prolongado desde la rampa de algún vado al resto de la calle. Son verdaderas pistas de pruebas y un peligro para los tobillos. Como poco.
Zócalo en doble textura
Todo el mundo recuerda en Gijón los años de la tatayuba, aquella madera exótica que pavimentaba los tránsitos de la recién inaugurada plaza de Europa. Al final, por muy hermosa y cálida que fuese su presencia, hubo que retirarla, so pena de vaciar las arcas municipales en indemnizaciones a los damnificados. Por lo general, el suelo de la ciudad está cubierto con materiales que garantizan el mínimo de rugosidad necesaria en una ciudad cantábrica sujeta al clima atlántico. Pero a veces el afán por embellecer deja zonas deslizantes allí donde se han empleado materiales más pulimentados. Sucede en el paseo de Begoña y sobre todo en la ancha acera frente a la Casa Rosada. A riesgo de que el resto de viandantes, quizá con suelas de más agarre, piense que uno padece un Trastorno Obsesivo Compulsivo que le hace esquivar patológicamente según qué baldosas, hay que tener cuidado con ellas si la lluvia les ha sacado aún más brillo.
Tapas de registro
Alguien dijo que no hay ciudad del mundo con más tapas de registro que Gijón. Probablemente exageraba. Pero lo cierto es que hay muchas. Y que algunas, sobre todo esas pequeñas en las que menos reparamos, pueden ofrecer una inesperada superficie deslizante si el tacón acierta en la superficie precisa y con la inclinación y la presión precisas.
Cuidado al entrar
Lo normal es que el zócalo de los lugares adonde entramos después de haber caminado sobre suelo urbano bien mojado sean mucho más pulimentados y, por tanto, resbaladizos, si uno entra con las suelas bien cargadas de agua. Por lo general, en establecimientos públicos se ha generalizado el uso de paneles de aviso; tanto, que ya ni reparamos en ellos. Cuidado al entrar.
Un mosaico deslizante
Cada ciudad tiene sus particulares zonas de aquaplanning peatonal. Una de las más bellas de Gijón está frente al teatro Jovellanos. El mosaico concebido por la artista Mabel Lavandera con motivo de artes escénicas diversas tiene la ventaja de que es, por definición, vistoso, y de que uno puede tener incluso el instinto de rodearlo para no pisar la obra de arte. Pero está hecho también para ser pisado. Y resbala. Mucho. Cuidado con dar espectáculo a las puertas del teatro.
Hojas de otoño
Aunque los servicios de limpieza cumplen, las hojas siguen cayendo y caerán aún más en fechas venideras. En determinadas superficies, algunas de ellas pueden resultar bastante menos melancólicas que resbaladizas.