La elección de la nueva Ejecutiva local, que cerrará casi dos años de interinidad, medirá hasta qué punto permanecen abiertas o han empezado a superarse las heridas generadas por la gran crisis del PSOE tras la renovación de la FSA
09 nov 2017 . Actualizado a las 08:14 h.Un mes y 26 días después de la rotunda victoria de la candidatura de Adrián Barbón en el congreso de los socialistas asturianos, el próximo 26 de noviembre muchos de los afiliados que viajaron desde Gijón a Oviedo para depositar su voto volverán a votar, pero esta vez sin moverse de casa. Lo harán en la decimotercera Asamblea de su Agrupación Municipal -«la mayor de Asturias», exige reiterar el tópico-, para cerrar así los casi dos años de ínterin desde la nunca del todo esclarecida dimision del anterior secretario general, Santiago Martínez Argüelles, y salir de la transitoriedad de la gestora que ha pilotado José María Pérez; el mismo candidato que caía en el Calatrava a la vez que el liderazgo regional de un Javier Fernández marcado, a su vez, por su pilotaje en una gestora federal zarandeada por el mayor cisma del partido en tiempos de democracia. El PSOE de Gijón elegirá formalmente el último domingo de noviembre su nueva Comisión Ejecutiva Municipal y los representantes a los comités municipal y autonómico. La cuestión es qué votarán, y sobre todo cómo votarán, los socialistas gijoneses el próximo 26-N. Los cargos se renovarán, una vez descartada la candidatura de Jose María Pérez. ¿Serán capaces también de renovar también los criterios, esquivando el peso de familias, sensibilidades y bloques?
Eso es, al menos, lo que predican los candidatos. Si el mapa no cambia -y todo parece anunciar que cambiará a mayores- son tres de momento las candidaturas en liza. Las tres manejan, en principio, un programa muy parecido: unidad y superación de las divisiones internas, entendimiento, renovación orgánica, apertura al aire de la calle, restablecimiento de los lazos con la sociedad... Aunque con algunas diferencias de tono, las oberturas de campaña suenan tan parecidas que sería difícil decidir a priori entre lo que, por el momento, han lanzado al aire los tres candidatos declarados: dos de ellos con trayectoria orgánica e institucional -Dulce Gallego y José Ramón García- y César González Herrerías, como parte de la candidatura «independiente y coral» Socialistes por Xixón, vinculada al ala crítica que en anteriores confrontaciones internas encarnó José Antonio Garmón, ahora en la Ejecutiva de Barbón. ¿Votarán los afiliados ponderando las diferencias entre sus mensajes y programas, las aptitudes de los aspirantes y sus listas, o volverán a primar la mismas derivas de bloques que todos parecen empeñados en liquidar?
La otra pregunta pendiente apunta hacia una cuarta candidatura. ¿Quién representará abiertamente en la pugna por Gijón el alineamiento con la actual Ejecutiva regional? La publicación de un manifiesto «por el cambio» que el pasado día 5 firmaba una amplia lista de afiliados próximos a la nueva Ejecutiva regional apunta hacia esa posibilidad, y su alineamiento con Barbón quedaba clara al final del texto, que se cerraba con el mantra del exalcalde de Laviana durante su campaña de primarias: «O cambiamos o nos cambian». En la lista hay nombres como los de los exediles Iván Álvarez Raja, Justo Vilabrille, Carmen Veiga, Manuel Muruáis o Tensi Fernandez, y el exconsejero Tino Blanco. La nueva oficialidad regional tiene ahí su caladero de candidatos; la oficialidad saliente, por el contrario, no tendrá quien la represente. Al menos declaradamente.
¿Tabla rasa?
Pero, ¿será posible operar con un tablero completamente limpio y votar haciendo tabla rasa? Es muy dudoso. Así como, justo un año despues, el 1-0 de Ferraz pesó en la jornada electoral en Oviedo, la sombra del Calatrava estará aún muy encima de Gijón el día 26. Habrá que disciplinarse si se quiere mandar sobre la víscera en una agrupación especialmente dividida. Baste el recuerdo de las últimas asambleas; en particular de la última, donde a algunos pesos pesados del partido la veteranía no les infundió precisamente templanza y no faltó demasiado para llegar a los puños, y no precisamente aferrando rosas. Pero además, hay otras dinámicas profundas que siguen contribuyendo a polarizar el voto en el interior del PSOE. La retirada de la campaña exconsejero Pachi Blanco -uno de los apoyos más firmes del barbonismo rampante en Gijón- contribuye a que los viejos tropismos e inercias de «familias y bloques» que tanto deplora Monchu García refuercen sus influjos en el subsuelo de la Casa del Pueblo. Observadores de los movimientos internos de la agrupación estos días consideran que, por mucho que el concejal que voto a Patxi López quiera arrancarse el marbete de «candidato oficial», el alineamiento tras de su candidatura de algunos de los miembros del socialismo de pata negra gijonesa -los Areces, Felgueroso, Villaverde, Sariego- le cuelgan ese lastre orgánico que él mismo insiste, no sin humor, en considerar refutado ya solo con su «pinta». Hay etiquetas que se empeñan en ser adhesivas.
Si se dan por buenas las quinielas apuntan a que el enfrentamiento decisivo será entre las candidaturas de Gallego y de García, por pura dialéctica interna, si este fuese el hombre del aparato -o al menos, visto como tal- eso convertiría a Dulce Gallego, -lo quiera o no- en la candidata de lo que hay frente al aparato: Adrián Barbón y su Ejecutiva. La exconcejala no se ha manifestado, ni mucho menos, como la candidata de la nueva oficialidad en Gijón, pero podría acabar asumiendo ese rol que dificultaría su afán declarado de tender puentes si no aparece finalmente quien se postule sin embozo como candidato de la nueva corriente hegemónica en Asturias y asentada en la Ejecutiva regional. Otro exconcejal y antiguo compañero de Dulce Gallego en el grupo municipal socialista, Iván Álvarez Raja, está en los últimos tiempos y después de un cierto ostraicismo, dejándose ver muy abiertamente en la primera línea de los que repiten el ensalmo favorito de Barbón. Algunos otros han considerado, siquiera como hipótesis, contr con el exconsejero de Sanidad, Tino Blanco. Habrá que esperar, aunque ya queda muy poco tiempo, para saber en qué queda esa posible cuarta opción.
Una última cuestión deja pendiente la (improbable) posibilidad de una lista única que dé cuerpo desde el principio a la prédica de unidad e integración que viene de todas partes. Incluso en un partido como el PSOE, capaz de metabolizar las mayores disfunciones internas, eso parece mucho pedir después del annus horribilis socialista que, en Asturias, va de un primero de octubre a otro. El 26 de noviembre se comprobará hasta qué punto el organismo empieza a asentarse.