Piden colocar una placa en homenaje a Pi y Margall en Gijón

Pablo Batalla Cueto GIJÓN

GIJÓN

El político republicano dio nombre a la calle Los Moros entre 1910 y 1937, pero la concejalía de Cultura no responde a la petición de la Cultural Gijonesa y Ateneo Obrero de homenajearle

25 dic 2017 . Actualizado a las 07:52 h.

El de la calle Los Moros de Gijón es uno de esos nombres de sabor añejo y popular que hacen único un nomenclátor y cuyo origen pudiera parecer perderse en la noche de los tiempos. Sin embargo, ésa que es una de las rúas más concurridas y comerciales de la ciudad tuvo otras dos denominaciones. Se llamó Fuente Vieja, pasó a llamarse Moros en 1891 y, aunque acabaría recuperando dicho nombre, en 1910 volvió a cambiarlo para acoger el de Francisco Pi y Margall, que retendría hasta la conquista franquista de la villa en diciembre de 1937. Se cumplía así -superando la tenaz oposición del Partido Conservador- una vieja reivindicación de los republicanos gijoneses: la de homenajear en el callejero local a quien había sido, además de abogado y escritor, uno de los presidentes de la Primera República. Hoy vuelve a no haber una calle, avenida o plaza gijonesa que recuerde al político catalán, y una pequeña campaña ciudadana apoyada por el Ateneo Obrero de Gijón y la Sociedad Cultural Gijonesa solicita que, como parte de la serie Memoria de Gijón, se coloque en Los Moros una placa en su recuerdo. Javier Cubero, historiador gijonés experto en la historia del carlismo y el federalismo españoles y particularmente la figura de Pi y Margall, es uno de sus promotores.

A juicio de Cubero, preguntado por la significación histórica de Pi, «el impacto de las ideas piimargallianas fue fundamental en el aprendizaje político de las clases populares asturianas como sujetos activos en la vida pública, a través tanto de la movilización de masas como del asociacionismo privado». Pi y Margall era la principal figura del Partido Republicano Democrático Federal, una fuerza política escasamente conocida en la actualidad pero que gozó en tiempos de una extraordinaria implantación en la sociedad española y particularmente en la asturiana; y la calle Los Moros fue la que acogió, en Gijón, el primer centro republicano durante la Restauración, donde el comité local del PRDF celebraba sus reuniones.

El ideario de aquel partido, delimitado por Pi «era extraordinariamente avanzado para su tiempo» y partía, explica Cubero, «de una concepción de los derechos ciudadanos como naturales (inherentes a la misma dignidad de la persona humana) e ilegislables (anteriores y superiores a toda legislación positiva de los poderes públicos)». Explica también Cubero que «el planteamiento piimargalliano de la democracia como una comunidad de ciudadanos libres iba mucho más allá de una simple reforma "tricolor" de las instituciones liberales, que se limitase a la conquista del sufragio universal, a la forma republicana de la jefatura del Estado o a la separación entre las confesiones religiosas y los poderes públicos». Continúa exponiendo el historiador que, «asumiendo que la vida colectiva de la sociedad española estaba determinada por la existencia de diferentes estructuras de dominación y exclusión no solamente en términos políticos sino también de clase social o nacionalidad cultural, Pi y Margall elaboraría un programa de cambio estructural especialmente amplio. Sin la socialización de esas ideas en Asturies sería impensable que a finales del siglo XIX se hubiese creado el Ateneo-Casino Obrero de Xixón o que se llegase a redactar un proyecto de Constitución para un futuro estado federado asturiano».