Una cooperativa para gestionar la futura Tabacalera de Gijón

La plataforma ciudadana surgida en torno a la recuperación de la fábrica de tabacos propone un completo plan de usos que realmente aporte un futuro tan productivo como su pasado


Redaccion

Cerró sus puertas el 31 de julio de 2002, pasó a ser propiedad municipal en septiembre de 2005 y, hoy, tras más de una década de idas y venidas, el futuro de la antigua fábrica de tabacos de Cimavilla sigue sin estar claro del todo. Para ayudar en esa labor que precisamente el año pasado se abría a la ciudadanía, a través de un proceso de participación en el que quedó de manifiesto que el uso menos valorado por los gijoneses era el de convertir Tabacalera únicamente en un museo, la plataforma surgida en torno a la recuperación del emblemático edificio presentaba esta mañana un plan de usos que se ha elaborado junto con la asociación de vecinos, la comisión de festejo y la asociación de hostelería del barrio. 

Un plan que concibe esos futuros usos en torno a tres ejes de actividades fundamentales: producir, pensar y mostrar. La propuesta, además, plantea que el modelo de gestión sea ejemplo de cooperación, como antaño lo fueron las cigarreras que trabajaron durante más de un siglo y medio en el edificio, y quede en manos de una cooperativa que permita incluir a agentes institucionales, sociales, culturales y empresariales, así como a productores, profesionales y usuarios. «Es esencial que el edificio aporte riqueza al barrio y a la ciudad y, para ello, han de poder verse los resultados de la creatividad de vecinos de Cimavilla y Gijón. Tabacalera ha de ser un lugar al que venir a plantear ideas, a pensar cómo hacerlas y a buscarles salida», aseguraban ayer representantes de todos los colectivos implicados en encontrarle a Tabacalera un futuro igual de productivo que su pasado. 

Aprovechar los sótanos para crear ideas y productos

Así, se reivindica el aprovechamiento de los enormes sótanos para albergar talleres audiovisuales, locales de ensayo y espacios en los que, por ejemplo, pueda trabajar la comisión de festejos de Cimavilla -que este año triunfó decorando las calles del barrio con ingenio, mucho trabajo y promoción del reciclaje-, así como otros colectivos, artesanos o personas que quieran desarrollar proyectos que conviertan a la futura Tabacalera en un un lugar de referencia en la fabricación de productos físicos para todo tipo de actividades culturales y sociales. 

María Álvarez, miembro de la Plataforma Tabacalera, remarca en este sentido que incluso podría fabricarse el propio mobiliario del edificio, «con una visión circular y de reciclaje». O también creaciones de profesionales del diseño, la producción audiovisual y otras profesiones vinculadas a los sectores creativos y culturales, a través de residencias que fomenten además el trabajo colaborativo y asociativo, convirtiendo los sótanos en un espacio único en la ciudad.

Las oficinas del FICX y La Cocina, en la planta primera

El segundo eje, que se ubicaría en la planta primera del edificio, plantea que Tabacalera sea un espacio para pensar y diseñar lo que es y lo que debería ser Cimavilla y Gijón, una ciudad que tiene en el Festival Internacional de Cine (FICX) uno de los eventos culturales más importantes. Por ello, la plataforma entiende que el futuro complejo debería albergar las oficinas del FICX y un espacio que denominan La Cocina, que está basado en modelos que ya se desarrollan en otros lugares de España y que serviría como punto de reunión entre técnicos municipales de distintas áreas, vecinos, colectivos y profesionales. «Sería una especie de oficina de encuentro entre la administración y la ciudadanía, precisamente para discutir y elaborar políticas en común», explica Álvarez. 

Una segunda planta para mostrar el trabajo realizado en el edificio

La tercera pata no olvida que Tabacalera debe ser un lugar en el que se muestre, además del contenido museístico y patrimonial que esta propuesta ubica en la planta baja del edificio y puntualmente en otros espacios, toda la actividad que se genere en el propio edificio. En este uso, que se concentraría en la planta segunda del edificio por su mayor luminosidad, se otorga también especial importancia a la herencia de las cigarreras, poniendo con ello en valor la tradición industrial de Gijón, además, desde una perspectiva de género al reservarles un espacios. A todo ello se sumaría una programación que, según las ideas que se han ido recabando en estos dos años de trayectoria de la plataforma, incluiría proyecciones, mercados de productos agroalimentarios, artesanía y diseño y actividades literarias, musicales o teatrales. 

Al margen de la polémica sobre el uso museístico

Los usos físicos del edificio de Tabacalera, que tendrá una vez terminado cuatro plantas, se completan con otras zonas multiuso en la antigua capilla y en los espacios que rodean al inmueble, así como una planta baja en la que se localizan los restos arqueológicos además de los fondos museísticos. 

Álvarez, respecto al hecho de que las actuales obras de consolidación del edificio de Tabacalera se basen en un proyecto arquitectónico basado en la creación de un museo, reitera que la plataforma no surgió «como colectivo para oponerse a nada», sino que simplemente varios centenares de personas fueron conscientes de que compartían una serie de inquietudes y de que existía una oportunidad para desarrollar un proyecto que impulsara una dinamización social, cultural y económica de Cimavilla y de la ciudad. «Toda esta polémica de si el museo sí o no sucede al margen de lo que nosotros hemos venido haciendo», aclara, explicando que en todo caso les ha sorprendido que no exista un plan general de museos de Gijón en el que se aborden las soluciones a los problemas de una manera más amplia y transversal. 

Las obras avanzan en la estructura del gran museo proyectado

La plataforma también confía en que, a partir de este documento en el que además proponen pequeñas modificaciones necesarias para que el museo que se está construyendo sea un edificio polivalente, se abra un nuevo diálogo sobre la futura Tabacalera entre los gijoneses y los diferentes colectivos de la ciudad, todos ellos como potenciales beneficiarios de que la ciudad cuente con un espacio productivo en todos los sentidos. «Ojalá en todos los grupos políticos exista la sensibilidad y la voluntad para ponerse a trabajar en intentar convertir este impulso ciudadano en un plan que tenga la transversalidad suficiente para no ser objeto de disputas partidistas y eso va a necesitar el apoyo de la ciudadanía y de otros colectivos», añade Álvarez, que explica que la plataforma, una vez presentado este plan de usos, seguirá como hasta ahora abierta a escuchar y a incorporar nuevas ideas.

De las obras de consolidación, otro de los miembros de la plataforma, el arquitecto Rubén Ramos, explica que han apreciado que durante el pasado verano se había relajado en cierto modo el ritmo, aunque «hemos comprobado que siguen avanzando, por ejemplo, en el hormigón de la estructura del gran museo que estaba proyectado». 

Mejorar los accesos, la circulación interna y ganar superficie útil

Las modificaciones que plantea la plataforma para que el proyecto del museo pueda adaptarse, con una mínima inversión económica a los diferentes usos sugeridos, tienen que ver con mejorar los accesos, la circulación por las diferentes estancias y la supresión de la doble altura para ganar superficie útil. Se plantea, además, reducir los muros y las divisiones de la segunda planta y utilizar elementos y mobiliario modular para favorecer la polivalencia de los espacios. En la segunda planta, de hecho, se propone acotar un único espacio para proyectar películas con aforo de más de 300 personas.

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