«Abuelita, me va a matar»

El acusado de matar a Silvia Hernández niega los hechos y afirma que su pareja trató de suicidarse

Juicio por la muerte de Silvia Hernández
Juicio por la muerte de Silvia Hernández

Gijón

El hombre acusado de matar a Silvia Hernández en Gijón en 2016, su pareja Celestino G.V., ha negado este lunes que hubiera asestado varias puñaladas mortales a la mujer, sino que, al contrario, logró arrebatarle el cuchillo con el que ella trataba de suicidarse.

Así lo ha indicado en el juicio con jurado popular iniciado en la Sección Octava de la Audiencia Provincial de Asturias con sede en Gijón, en la que se han escuchado dos versiones muy distintas. Mientras las acusaciones han atribuido al procesado una agresión a su pareja que llevó a esta a la muerte tras horas sin ser atendida, la defensa ha dibujado un escenario totalmente distinto, en el que el hombre evitó el suicidio de su pareja y le curó sus heridas, que no consideraron de gravedad.

Tanto Fiscalía como Abogacía del Estado califican los hechos de homicidio, con las agravantes de parentesco y desprecio por razón de género, y piden para el acusado 22 años de prisión y medida de libertad vigilada al término de la condena. También se pide una indemnización de 60.000 euros para cada uno de los padres de la víctima y de 3.000 para su abuela.

La acusación particular, ejercida por Emilia Calvo, y la popular, representada por Andrea Rodríguez, de la Asociación Abogadas para la Igualdad, consideran, en cambio, que se trató de un asesinato y no un homicidio, al sostener que hubo alevosía y ensañamiento, por un lado, por el grado de un 70 por ciento de minusvalía que padecía la víctima, lo que anulaba prácticamente su capacidad de defensa, y por otro, por haberla dejado «agonizando» horas desangrándose, según las letradas. En este caso, piden una condena de prisión permanente revisable o alternativamente una pena de 27 años de cárcel.

El abogado de la defensa, Enrique Lamadrid, por su lado, solicita la libre absolución de su cliente, al argumentar que no solo evitó el suicidio de su pareja, sino que le curó las heridas e intentó convencerla para que fueran al hospital de Cabueñes, sin que ella accediera.

Sobre los hechos, el propio acusado ha relatado que conoció a su pareja porque ella vivía con un vecino del piso de arriba de su casa. Tras quedar viudo, la joven le pidió quedarse en su casa unos días al haberla echado del piso el que era entonces su novio. Se entabló entre ellos en 2012 una relación sentimental.

Sobre el suceso, ha explicado que habían estado de compras y luego fueron a una sidrería. De camino a casa, ella resbaló y al caer al suelo se rompió una botella de ron. Empezó entonces una discusión entre ambos porque quién llevaba las bolsas de la compra que continuó en el domicilio, según la versión del procesado, donde ella le acusó de haber escondido los cargadores del móvil.

Intento de suicidio

De hecho, el acusado, que solo ha querido contestar a preguntas de su abogado, ha señalado que su pareja llamó a la abuela y al 112 para quejarse por la falta de los cargadores, para después empezar ella a buscarlos por casa dando «patadas a las cosas y portazos». Fue entonces cuando ella cogió un cuchillo de cocina y salió al rellano de la escalera gritando «socorro» y diciendo que se iba a cortar las venas.

Él entonces intentó cogerle el cuchillo y forcejearon, hasta que el arma calló al suelo y él lo agarró. No obstante, ella se abalanzó hacia él y cayeron contra las escaleras. Al entrar en casa, se percató de que la mujer tenía un corte en la muñeca y unos leves en el costado izquierdo, al tiempo que se quejaba de que le dolía el costado derecho por la caída contra las escaleras.

Según él, la mujer se calmó tras la caída. «Era como si hubiese cambiado el chip», ha apuntado. El acusado, que negó que los cortes se los hubiera producido él «en ningún momento», ha explicado que le curó las heridas que dejaron de sangrar y se metieron en la cama. Ya a la mañana ella se quejaba del costado derecho y él insistió en llevarla al hospital «a toda costa», pero, según él, ella tenía miedo por los puntos y por los anteriores intentos de suicidio.

Ya de tarde, estando en la cama, y ante los dolores de la mujer, esta le prometió que irían a Cabueñes a la mañana siguiente si le seguía doliendo. Sobre las 6.00 horas del lunes, él despertó y vio que ella estaba sangrando por la nariz y la boca y llamó al 112. «No sabía si estaba viva o muerta», ha apuntado.

El acusado, asimismo, ha justificado que si había una llamada del móvil de su pareja al suyo pudo deberse a que a veces cuando no encontraban uno de los teléfonos hacían una llamada perdida. De esta forma, negó la versión de la acusación de que intentó fingir que la mujer seguía viva cuando ya había fallecido.

En el juicio han declarado también los familiares de la víctima. Su madre ha incidido en que llevaba una vida «relativamente normal», dentro del trastorno psíquico que padecía, con una minusvalía del 70% reconocida.

Según ella, el acusado había «aislado» a su hija de su familia y amigos. «No éramos bienvenidos», ha apuntado, antes de añadir que empezaron a constatar que era víctima de amenazas y malos tratos. Y pese a que intentó que le dejara, cree que su hija tenía una dependencia de él «en parte emocional y en parte por miedo». «Él la quería para él solo», ha asegurado.

Ha enfatizado, en esta línea, el cambio «radical» de su hija desde que empezó la relación con el procesado. «El control era total», ha destacado, para apuntar después al cambio «increíble» de su hija cuando se fue a vivir con ella mientras él estaba en prisión. La madre de la víctima, no obstante, ha dicho desconocer que su hija tomara drogas o se hubiera intentado suicidar, y ha negado que la hubiera agredido físicamente. Sí que ha apuntado a, en ocasiones, algún brote de agresión verbal que sufría su hija. Y pese a rechazar cualquier retraso mental, ha reconocido que «a veces era como una niña».

«Me va a matar»

En la misma línea se ha expresado la abuela de la víctima, quien ha asegurado que en más de una ocasión escuchó al acusado decir a su nieta «hija de puta, te voy a matar». También ha afirmado que vio lesiones a su nieta, aunque esta se inventaba excusas.

«Abuelita, me va a matar», ha indicado que le dijo su nieta la noche de la supuesta agresión cuando la llamó de madrugada. La abuela, en este sentido, ha contado que recibió dos llamadas, una en la que le contó la discusión por la botella de ron y otra en la que le confiesa que teme por su vida. La mujer le animó a llamar un taxi y abandonar la casa, pero la llamada se cortó y no volvió a tener noticias de su nieta, pese a que la llamó tres veces. «La tenía controlada total», ha asegurado sobre el acusado.

Cabe recordar que, según la Fiscalía, el acusado, desde aproximadamente el año 2012, mantenía una relación sentimental con Silvia Hernández, con la que convivía en Gijón, sin hijos en común. Sobre las 02:30 horas del domingo día 13 de marzo de 2016, la pareja, de camino al domicilio, inició una acalorada discusión en la calle. Una vez en casa, el hombre cogió un cuchillo de cocina, de unos 22 centímetros de longitud y una hoja de unos 11,5 centímetros, metálica y dentada, y se lo clavó al menos en dos ocasiones, en la zona torácica y a nivel de la línea axilar.

Durante todo el domingo día 13 de marzo, el acusado, consciente de que la mujer estaba aún con vida tumbada en la cama sin poder levantarse, agonizando, no procedió llamar a los servicios médicos ni a prestarle ningún tipo de auxilio. No fue hasta aproximadamente las 06,17 horas del día 14 cuando llamó a los servicios de emergencia, que inmediatamente se personaron en el lugar y constataron que S. H. Á. había muerto. Previamente, el acusado, con el objetivo de aparentar que la mujer aún se encontraba viva, le cogió su teléfono móvil y realizó una llamada desde el mismo al suyo propio.

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