El suicidio pactado del matrimonio de ancianos causa estupor en Ceares

J. C. G. GIJÓN

GIJÓN

La vivienda de la calle Felicidad donde se produjo el suceso.
La vivienda de la calle Felicidad donde se produjo el suceso.

La investigación da por hecho que Daniel Suárez usó un arma de confección casera para quitar la vida a su mujer y luego se suicidó. Renunciaron a permanecer en una residencia de ancianos de Oviedo

22 jun 2018 . Actualizado a las 13:58 h.

Anoche fue el sobresalto. Hoy, la conmoción. Y también la extrañeza. Entre los vecinos del número 4 de la calle de la Felicidad, en el barrio gijonés de Ceares, cunde hoy el pesar por la muerte de dos de los vecinos del inmueble, los más veteranos: Daniel Suárez Fernández y Maruja Álvarez, una pareja de octogenarios sin hijos que anoche fueron hallados sin vida y con sendos disparos en la sien realizados, según las primeras investigaciones, con un arma de fabricación casera. Hay muchas preguntas entre quienes trataban a diario a una pareja «completamente normal, muy amable y muy querida por todos», según los describe una de las vecinas. Y también una certeza que comparten las sólidas hipótesis policiales: no se trata de un crimen machista. «Es imposible, se querían muchísimo y eran bellísimas personas», asegura la hija de otras de las vecinas de Daniel y Maruja.

La nota explicativa firmada por ambos y encontrada junto a los cadáveres, además de dinero y documentación e instrucciones para el legado de sus bienes a sus sobrinos, abona ese testimonio. También lo sucedido en los últimos días de su vida. Ambos se trasladaron hace algo más de una semana a una residencia de ancianos de Oviedo, pero decidieron casi de inmediato que no era el lugar donde querían acabar sus vidas. Ni el modo. De ahí que decidieran regresar a su domicilio. Lo hicieron el pasado miércoles, y según las investigaciones fue esa misma noche o, como mucho, el jueves por la mañana, cuando Daniel usó un arma de fabricación casera para quitar la vida a su esposa y luego quitársela él. Lo hicieron discretamente. Solo la extrañeza de sus sobrinos, que no recibían respuesta a las llamadas telefónicas, dio la señal de alarma y acabó revelando lo sucedido.

La sorpresa ha sido enorme entre sus vecinos y allegados porque no había ningún indicio de que algo así pudiera suceder. Ambos tenían los achaques habituales a su edad y Daniel «estaba un poco peor, tenía algo de demencia, y a veces se quejaba algo más, pero eso no le impedía hacer vida normal, ir a su partida y estar siempre pendiente de Maruja para todo», comenta otra de las vecinas. Iban juntos a hacer la compra, salían por el barrio y les gustaba sentarse a tomar el aire en los bancos de los jardines de la calle Plaza del Real. No tenían hijos, pero sí parientes con los que mantenían buena relación.