Así es el gran refugio antiaéreo bajo Cimavilla

La mayor de las instalaciones para proteger civiles de los bombardeos entre 1936 y 1938 es seguro y apto para recibir visitas del público según el informe del historiador Toño Huerta

«El refugio», cuadro de Nicanor Piñole
«El refugio», cuadro de Nicanor Piñole
Europa Press
Gijón

El refugio antiaéreo situado bajo el barrio de Cimavilla, el mayor de los casi 200 que se habilitaron en Gijón durante la Guerra Civil, es «seguro, perfectamente transitable y podría abrirse al público en un periodo de dos a tres años». Así lo recoge un informe encargado por el ayuntamiento al historiador Toño Huerta que hoy lo ha dado a conocer en la casa consistorial junto al presidente de la asociación Lázaro Cárdenas, José Manuel García La investigación, que forma parte de un estudio mayor iniciado en el año 2010, revela que la estructura, que en los años 40 fue sometida a una serie de mejoras, dispone de cuatro accesos, una superficie total de 178 metros cuadrados y 149 metros de túneles. Todo ello en buenas condiciones de seguridad y susceptible de ser abierto a la visita pública siempre que se realicen previamente una serie de obras «menores», como la eliminación de algunos tabiques para recuperar uno de los accesos y una limpieza general que suprima humedades del enclave. El director del proyecto ha asegurado que, si el equipo de gobierno tiene «voluntad política», el refugio podría estar abierto al público en un plazo máximo de tres años.

Desde que en agosto de 1938 se iniciaran los intensos bombardeos desde el aire y el mar sobre la ciudad, el último bastión del Frente Norte, se llegaron a habililtar 193 espacios para ser usados como refugios para civiles. En ellos, la poblacion se guarecía del fuego del crucero 'Almirante Cervera' y de las constantes incursiones de la aviación rebelde o de la alemana Legión Cóndor con base en León. El mayor de esos refugios es el ahora investigado, pero hubo otros de considerable capacidad bajo edificios emblemáticos como la antigua Tabacalera o la actual Biblioteca Jovellanos, en los túneles de Aboño junto a El Musel y en numerosos inmuebles ya desaparecidos, muchos de ellos instalaciones fabriles.  Todos ellos han sido investigados por Huerta y su equipo en el curso de un proyecto, iniciado en 1910, de catalogación y estudio histórico de esas estructuras de protección civil, además del diseño de la ruta interpretativa '1936Xixón1937' que también incluye paneles explicativos, un plano-guía y un libreto sobre la historia de la citada contienda y el papel de los refugios.

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