Los 20 (menos 1) «puntos calientes» del abandono en el mapa de Cimavilla

El incendio y derrumbe del edificio abandonado en el Barrio Alto gijonés pone en primer plano la urgencia de las denuncias vecinales sobre el abandono de inmuebles y solares

Mapa elaborado por la Asociación de Vecinos 'Gigia' de CImavilla con los edificios y solares abandonados o problemáticos en el barrio
Mapa elaborado por la Asociación de Vecinos 'Gigia' de CImavilla con los edificios y solares abandonados o problemáticos en el barrio

Gijón

Hasta el pasado sábado, la Asociación de Vecinos 'Gigia' de Cimavilla, en Gijón, tenía marcados en un mapa del barrio 20 puntos rojos. Cada uno de ellos señalaba un enclave problemático en términos de seguridad, salubridad y estética: edificios abandonados y en mal estado de conservación, otros a medio habitar pero igualmente descuidados, solares olvidados por sus propietarios, incluso los de propiedad municipal… El domingo, los 20 se habían reducido a 19. Y no porque se hubiese resuelto la situación de uno de los más conflictivos del listado, el ubicado en el Tránsito de Atocha. Un incendio que puso en peligro la vida de los bomberos que acudieron a sofocar las llamas y de las 25 personas desalojadas del edificio contiguo provocaba el derrumbe de un inmueble cuya situación los vecinos habían denunciado al menos tres veces oficialmente ante el ayuntamiento de Gijón. Lo ocurrido -que ha desencadenado de inmediato un batería de críticas y de exigencias al gobierno de Carmen Moriyón desde todos los grupos de la oposición- viene a dar la razón a las demandas vecinales de la peor manera posible. Y quedan otros 19 puntos rojos.

Todos ellos forman parte de un informe que durante meses se ha ido elaborando a partir del trabajo de campo de la Asociación 'Gigia', adjunto a un dossier del que también forman parte los tres escritos en los que Sergio Álvarez, presidente vecinal del Barrio Alto, alertaba de la situación en el inmueble colapsado: la primera, del 8 de agosto del año pasado al concejal de Seguridad Ciudadana, Esteban Aparicio; la segunda, al servicio de Disciplina Urbanística, del 23 de febrero de este año y una tercera del pasado 24 de mayo dirigida a la Junta Local de Seguridad. La respuesta no llegó, o llegó a toro pasado, con las justificaciones de la alcaldesa, Carmen Moriyón, que ha alegado ante los vecinos dificultades legales y burocráticas para abordar el problema. Los vecinos no discuten esas dificultades, pero tampoco consideran que constatarlas sea una respuesta. En el caso del inmueble siniestrado -recuerda Sergio Álvarez- se pedía intervención urgente en un edificio 'okupado' cuyos clandestinos inquilinos ponían «en riesgo la seguridad de vecinos y vecinas» con el uso de bombonas de butano o con las tomas ilegales de luz, que hacían temer un incendio como el que finalmente se ha producido.

Amplio abanico de casos

El abanico de casos es muy amplio. Existen edificios antiguos cuyas reformas quedaron paralizadas, otros -como el caso del Tránsito de Atocha- cuyos propietarios, herederos posiblemente y fuera de GIjon, no respondieron a ninguna demanda y solares sin construcción que acumulan escombros, basura, trastos y ratas. También hay edificios semihabitados y otros deshabitados y con problemas de estructura que se mantienen así sobre negocios hosteleros en funcionamiento y con licencia, caso del ubicado en la calle del Rosario.

Edificio abandonado sobre un negocio de hostelería en la calle del Rosario
Edificio abandonado sobre un negocio de hostelería en la calle del Rosario

Y, finalmente, están -«la mayor parte», asegura Sergio Álvarez- los de propiedad pública: inmuebles adquiridos por las agencias autonómica o local de vivienda -Vipasa y Emvisa- sin ocupantes y en mal estado de mantenimiento, que en algunos casos quedaron deshabitados después de que sus inquilinos los abandonaran «desesperados» por la falta de respuesta de Emvisa a problemas de humedades o deterioro, a pesar de que los organismos públicos están -recalca Álvarez- «obligados a su mantenimiento».

Vivienda propiedad de Emvisa en la calle de la Soledad
Vivienda propiedad de Emvisa en la calle de la Soledad

También hay casos tan llamativos como el del solar de la calle Óscar Olavarría en el que se iba a construir, pero que pasó por ley a ser propiedad municipal tras el hallazgo de restos arqueológicos, y que hoy permanece cerrado en zonas muy visibles, al margen de la desprotección patrimonial. Es el caso del que fue expropiado al encontrar en él restos de la antigua muralla romana y para el que los vecinos reclaman un tratamiento similar al de los vestigios encontrados frente a la Torre del Reloj, en un solar donde se exhiben y protegen, pero en el que también se llegó a construir.

Solar con ruinas romanas en su interior en Óscar Olavarría
Solar con ruinas romanas en su interior en Óscar Olavarría

Ni abandono ni gentrificación

Todo ello configura un panorama que, según Sergio Álvarez, hay que mirar «en el contexto amplio del Plan de Dinamización» elaborado por la Asociación 'Gigia', y enfocándolo de modo «transversal», sin perder de vista los problemas de fondo del Barrio Alto. «Más que soluciones puntuales, se trata de que el ayuntamiento se pregunte cuál es la causa de todo esto, por qué la situación está así y qué se puede hacer para evitarlo, qué herramientas tiene el ayuntamiento», argumenta el presidente de 'Gigia'. También tiene claro que la solución no pasa sin más por derribar y construir, o construir sin más. «Hay que huír de la especulacion y de la gentrificación del barrio. La mejor forma de dinamizar es conseguir que vengan a vivir al barrio nuevos vecinos en viviendas públicas», añade. Y lamenta que se entienda que la dinamización pasa exclusivamente por inversiones como la de la reforma de Tabacalera, «una política medieval que se basa en construir palacios mientras la gente alrededor tiene serios problemas». Pero sobre todo quieren que se el ayuntamiento «se pregunte por las causas de que la situación sea la que es, que piense qué hacer y de qué herramientas se dispone y que aporte plazos», señala Sergio Álvarez, que espera que el derrumbe del Tránsito de Atocha sea también el tránsito de la inacción «a tomar medidas para resolver un problema histórico y comenzar a hacer algo».

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