«Tengo que estar tres años sin subir al escenario; falta saber si me dejo a mí mismo»

J. C. Gea

GIJÓN

Fotografía colgada en Instagram por Pau Donés
Fotografía colgada en Instagram por Pau Donés

Pau Donés encara un «parón» tras el 1 de enero, al final de la gira «20 Años» que llega el 10 de noviembre a la Sala Albéniz

06 nov 2018 . Actualizado a las 20:54 h.

Hace año y medio, Pau Donés pasó por Gijón para celebrar sus 50 Palos con una gira de puro desafío y celebración de la vida. Este fin de semana (10 de noviembre, Sala Albéniz, 20,30, desde 30 euros), Jarabe de Palo regresa con el mismo brío como parte de otra gira con coartada numérica -20 Años- que la formación inició el pasado día 5 de octubre y que finalizará el 22 de diciembre, al borde mismo de un momento muy especial para el músico barcelonés: el 1 de enero, la fecha en la que ha decidido soltar los trastos por una buena temporada y desaparecer para concederse una liberación -todo indica que temporal- de la «esclavitud de la música» y engancharse a otros pequeños placeres de una vida que, lejos de apagarse, ha ganado en intensidad desde que le diagnosticaron un cáncer. En la última entrevista con La Voz de Asturias, Donés narraba el encuentro sorprendente con una corza cerca de su vivienda en el pirineo oscense como ejemplo de esos encuentros que regala el presente y hacen que uno se enganche a él.

-¿Y hoy? ¿Ha tenido alguno de esos regalos?

-Hoy no, hoy todavía no. Pero ayer hice el amor y fue una sorpresa muy agradable. La mejor sorpresa en estos dos días es que ayer me pasé la tarde follando. Me encantó. La clave no es otra que vivir. Últimamente todo el mundo me pregunta continuamente por la enfermedad, y lo cierto es que no pienso en ella. Como la mayoría de los enfermos crónicos, pienso en la vida más que en la enfermedad. Y es lo que deberíamos hacer todos: pensar en las horas que nos quedan por vivir, que nos dan placer, que nos traen algo, más que pensar en las zonas de sombra que nos acojonan, que de alguna manera nos limitan. Mira: hace veinte días que dejé el azúcar. Pues ahora, justo cuando estaba subiendo a la furgoneta, acababa de salir de un sitio que se llama 'Chocolates Fresco', y me he comprado una palmera de chocolate de llorar… El azúcar me va mal para el cáncer, pero me estoy metiendo una palmera de chocolate de cojones.

 -Al final hoy también ha tenido su regalo del día.

 -¡Bueno, pues sí, mira, ya está!

 -Pero está también el futuro. Hace año y medio me decía que no sabía si dentro de unos meses iba a estar grabando algo con Beyoncé o comprándose un burro. Este año sí parece que lo tiene claro. Año nuevo...

-No te creas. Aunque tenga planes hechos, aún es posible lo de Beyoncé y el burro. Cuando hablamos la última vez aún teníamos por delante una gira, el libro, un disco… y lo mismo pasa ahora pero de otra manera. El 1 de enero paro, pero hay muchas cosas que hacer después.

-Lo viene contando como si fuese una autoliberación. ¿Es así? 

-Sí. Soy un tío muy afortunado porque me dedico a lo que más me gusta en la vida, que es la música. Ahora ha llegado un momento en que, después de 20 años a tope, ha llegado el momento de hacer otras cosas. Y, sí, de alguna manera es una liberación de una esclavitud. De la esclavitud de la música. Es verdad que es una esclavitud que he buscado con mucho gusto. Pero imagínate todo lo que me ha dado. Claro que tampoco pasa nada si ahora llega el momento en el que tengas que tener un ratito para ti, para tu familia, para tus cosas, ¿no?

-El último tramo de esta etapa ha pisado fuerte el acelerador. Libro de letras, gira y la experiencia orquestal... ¿Sigue con gana de experimentar, a pesar de todo?

-Era algo que faltaba. Otras cosas quizá ya no tenían sentido. Pero esto sí: el proyecto sinfónico, la maravilla de escuchar las canciones de Jarabe de Palo así. Nunca han sonado tan bonitas. Artísticamente no había publicado en un proyecto tan potente como este. Y 100 letras es un libro que habla de estos 20 años de nuestras vidas, de cómo los hemos compartido con la gente a través de las letras. 

-Es una reivindicación de la letra. De canciones que no son solo melodías bonitas y arreglos...

 -Correcto. Muchas de estas poesías permiten redescubrir las canciones, y a otros muchos, ir de las letras a las canciones a partir del libro. Las lees, vas a Spotify, las escuchas y el circuito se amplía. Desde luego, hay mogollón de matices que se descubren al leer las letras sin música.

-Su despedida produce una cierta melancolía. ¿Siente que ya no tiene más que dar al público?

-No, no, qué va. Esto no es una retirada, es un parón. Este año han pasado tantas cosas que tendría un disco para grabar en septiembre, si me pongo. Tengo buenísimos textos con música para ponerme a ello.

-¿Septiembre? ¿Le va a entrar el 'mono' tan pronto? 

-Eso espero. Tengo que conseguir estar dos o tres años sin subirme al escenario. Tengo que desaparecer.

-A ver si le dejamos.

-El problema es saber si me dejo yo a mí mismo.

-Seguro que su hija le ayuda. Una de sus motivaciones principales es no perderse su adolescencia.

-Sí, tiene quince años y no me gustaría perderme todo lo que va a pasar ahora. Pero ella ya me ha dicho: «Papi, pero qué, ¿vas a estar siempre en casa? ¡Joer qué coñazo!»