Los secretos para soplar las 30 velas de un negocio familiar de moda en Schulz

Cantonata, uno de los locales más veteranos del eje comercial, está a punto de celebrar sus tres décadas. Su fundadora explica las claves de esa longevidad para un establecimiento de barrio

Los propietario y la dependienta de 'Cantonata, en la avenida Schulz
Los propietario y la dependienta de 'Cantonata, en la avenida Schulz

Gijón

Hace unos días, los escaparates de uno de los chaflanes con más personalidad del barrio de El Llano aparecían salpicados de unos llamativos carteles amarillos. Cantonata, una de las tiendas de moda con más veteranía de la zona, cumple 30 años el próximo 1 de diciembre y los propietarios han querido celebrarlo compartiendo con sus clientes unas participaciones de lotería con la fecha exacta del aniversario. No es fácil llegar a esa edad en un pequeño comercio en la época en la que este inició su andadura; pero sus fundadores -ambos ya jubilados- no solo pueden estar orgullosos de haber sacado adelante este negocio de moda exterior para señora y joven. Durante muchos años, cada uno de los miembros de la pareja formada por Mercedes Canal y Manuel Callejo se repartieron entre la tienda de Schulz y Maymer, en la avenida de Magnus Blikstad, que se mantuvo abierta abierta 39 años, desde su apertura en 1974. Todo un ejemplo de resistencia a las grandes superficies, la invasión de las franquicias, las crisis económicas y la compra online. Ahora el negocio ha pasado a manos de su hijo, Eduardo, que heredó la responsabilidad de mantener en la brecha el negocio y también la fidelidad de una clientela que no se limita al barrio.

«Desde siempre nos viene gente de otros puntos de Gijón y de fuera: de La Providencia, de Oviedo, de Navia... incluso de fuera de Asturias, cuando vienen a pasar sus vacaciones. Nuestra primera clienta sigue siéndolo todavía después de todos estos años y en muchos casos han venido primero las madres y luego también sus hijas», cuenta Mercedes Canal, jubilada desde hace dos años, pero aún encantada de aparecer por un local que considera como su propia casa para seguir «enseñando y asesorando en todo lo que necesite» a su hijo. Igualmente fiel desde el primer minuto es la dependienta, Gema Rodríguez, que empezó en Cantonata desde su misma apertura en 1988. Es una proeza de estabilidad que, asegura Mercedes, no tiene grandes secretos, aunque sí requiere que la receta se aplique con rigor y constancia.

«Para llevar un negocio así hay que saber muchas cosas, un poco de todo, y dedicarle mucho trabajo. No puedes mirar horas ni días de la semana. Y, por supuesto, tienes que dar buena mercancía y buena atención a la clientela», enumera. Tampoco se trata de estar solo tras al mostrador y tener don de gentes. Hay que abrir bien los ojos cuando se sale de detrás de él y se viaja o se acude a ferias «porque se aprende mucho viajando». Claro que no son precisamente viajes de placer: «La dedicación es todo en un negocio como este. Y eso implica por ejemplo no tener vacaciones. Tuvimos una semana en el 74 y otra en 2004», asegura Mercedes.

Ahora las vacaciones son permanentes, aunque siempre haya un ojo puesto en la esquina donde pasó 28 años de su vida en activo y donde sigue acudiendo, ahora a punto de solplar las velas del 30 aniversario con el local en buenas manos y todos los secretos de la supervivencia traspasados a manos del joven Eduardo, licenciado en Arquitectura pero ahora al frente de un negocio de ropa tan intemporal como aspira a serlo la tienda misma, situada, por cierto, en los bajos de un coqueto edificio con catalogación ambiental cuya estratégica situación en Schulz seguro que ha tenido también que ver en la resistencia del establecimiento.

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