Fiestas de Cimavilla SOS

«El tiempo se acaba. Las fiestas de Cimavilla han lanzado un SOS. O acudimos a su rescate o se las tragarán las aguas del Cantábrico que rodean a nuestro barrio alto»

Una joven fotografía la decoración de la fachada de Tabacalera durante las fiestas de Cimavilla
Una joven fotografía la decoración de la fachada de Tabacalera durante las fiestas de Cimavilla

Recientemente saltó la señal de alarma. Más bien, señal de auxilio. Las fiestas de Cimavilla podrían desaparecer como tantas otras de nuestro concejo. El problema de Cimavilla no es exclusivo, afecta a la mayor parte de las fiestas parroquiales o de barrio de Xixón. El modelo de las fiestas populares basado en la organización de las mismas por un grupo altruista, por lo general, muy reducido y en muchas ocasiones envejecido, choca con la «mercantilización» del ocio y la dejación de funciones del ayuntamiento.

Este fenómeno viene de largo. Se remonta a gobiernos pasados cuando se puso el énfasis en fomentar las fiestas del centro de la ciudad, la Semana Grande y otros eventos de masas, en perjuicio de las fiestas populares.  Se trataba de crear imagen de marca de ciudad y disputar un espacio en el mercado turístico mediante eventos que sirvieran de polo de atracción para visitantes foráneos.

Con la llegada de Foro al poder, este fenómeno se magnificó al ceder todo ese espacio a agentes privados que tomaron el impulso de la programación de ocio y festiva de nuestra ciudad. Agentes, que en su lógica, buscan el máximo beneficio económico con el menor gasto posible. Lo cual es totalmente legítimo sino fuera porque su oportunismo ha marcado el carácter de la programación festiva de Xixón en los últimos años ante la incapacidad de Foro para dibujarla por sus propios medios. Y porque, además, suelen contar con el respaldo económico de Divertia sin concursos o procesos de pública concurrencia.

La realidad es que el carácter popular de las fiestas y con ello, la identidad que nos diferenciaba, ha desaparecido atropellada por la turistificación, las lógicas de mercado y el desigual trato que se da a unos y otros. Para muestra un botón. El gasto municipal directo en la producción de los conciertos de la Semana Grande, el Arcu Atlánticu y grandes festivales fue en el año 2018 en torno a 861.000 €. Las ayudas a las 38 entidades que se presentaron a las subvenciones de las fiestas de barrios y parroquias fue de 60.000 €.

No hay fiesta popular grande o pequeña, ni más importante o menos. Todas son especiales en la medida en que activan a los vecinos y vecinas en una causa común y generan cohesión social e identidad. Pero el caso de Cimavilla es singular. En primer lugar, porque implica a todo el barrio gracias al esfuerzo de un pequeño pero joven grupo promotor. En segundo lugar, porque en poco tiempo han conseguido generar gran arraigo. Y por último, porque sirve de seña de identidad no sólo del barrio sino de toda la ciudad de Xixón. No hay más que darse una vuelta por Instagram e incluso por los soportes comunicativos de promoción turística de nuestra ciudad para darse cuenta de que el dragón de la Casona de Jovellanos, la decoración de los balcones o los centollos de Tabacalera son profusamente reproducidos.

El tiempo se acaba. Las fiestas de Cimavilla han lanzado un SOS. O acudimos a su rescate o se las tragarán las aguas del Cantábrico que rodean a nuestro barrio alto.

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