Fin de ciclo, crepúsculo en Gijón

Juan Carlos Gea GIJÓN

GIJÓN

La playa de San Lorenzo, con las manchas
La playa de San Lorenzo, con las manchas

Crónica de un año que abundó en fugas políticas y emisiones contaminantes, y acabó con promesas de grandes planes (para otro año)

02 ene 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

El año noticiable arrancó en Gijón con atarceder apocalíptico y los cielos oscurecidos por la enorme humareda del incendio en el desguace de Riestra. El apocalipsis no llegó ni se le espera; pero se diría que no ha soplado viento suficiente para limpiar del todo la turbiedad de la atmósfera a lo largo de este año de cielos grises, aguas más que turbulentas y luces crepusculares en el concejo.

Quién lo iba a decir de un ejercicio del que Gijón saldrá oficialmente con uno de sus mayores asuntos pendientes al alcance de la mano -el Plan General de Ordenación-y con el otro -el Plan de Vías- en apariencia bien encarrilado. En ninguno de ambos casos se trata, sin embargo, de logros de una añada demasiado memorable en la gestión municipal. No se citará 2018 como el año decisivo el día en que la ciudad vuelva a tener PGO -es de esperar que en un par de meses- y el día -nadie acaba de saber qué día- en el que haya en Gijón algo parecido a un soterramiento ferroviario, una estación intermodal y una brecha eliminada entre el Oeste y el Sur de la ciudad. El cauce de ambos proyectos es tan largo y tortuoso que, en todo caso, el que acaba constará sin más como el año en el que finalmente por fin la CUOTA dio luz verde al consenso que en 2017 desbrozó el curso del PGO, y en el que dos ministros de dos gobiernos de dos partidos prometieron para el soterramiento ferroviario soluciones que, como mucho, dejarán para Nochevieja un papel firmado. Lo cual, en el presente escenario de la política nacional, no tiene por qué significar mucho más que un papel firmado.

Bajo el palio de la luz crepuscular y del cielo sobrecargado de esas partículas PM10 y PM2,5 de las que ya se habla casi tanto en los ascensores como del buen o el mal tiempo, lo que quedará para la memoria a corto plazo del concejo serán seguramente otros registros. El archivero podría clasificarlos casi todos ellos bajo la expresión de moda, la que este año se le ha escapado en un momento u otro a casi a todo el mundo: «Fin de ciclo». Con alcaldesa al frente: cierra ciclo Moriyón, pero para cambiar en realidad de ciclo, en el sentido planetario. Tal y como prometió, la actual mujer fuerte de Foro no repetirá un tercer mandato, pero sí intentará primera legislatura después de ocho años en los que parece habérsele revelado directamente desde el puente de mando una persistente vocación política. A falta de balances finales, que serán también juicios finales para el caso, la oposición ha criticado con tanta insistencia que da en rutina la inacción de Foro, la improvisación, el gasto demasiado bajo -según la ejecución- y demasiado alto -según la regla-, la falta de diálogo o, peor aún, el diálogo que concede y luego no ejecuta. Han sido los versos del contraestribillo plenario, que solo puede arreciar en los seis meses que se nos vienen, pero ya en crescendo mitinero.