«Podemos es otro juguete caro e inútil de la izquierda que, como la basura espacial, tarda en caer»

Xandru Fernández reúne en «Apuntes de pragmática populista» una selección de sus artículos políticos publicados en los años de Rajoy y el surgimiento de Podemos

Xandru Fernández
Xandru Fernández

Gijón

Durante los ocho años transcurridos desde 2011 hasta el recién expirado 2018, Xandru Fernández (Turón, 1970) ha ido dejando en distintos medios una selección de artículos en los que hay tanto de su formación de doctor en Filosofía y hombre concernido por la política -la actualidad política y la política sin el lastre de la actualidad- como del escritor comprometido con la dignidad del estilo y del polemista poliédrico, alimentado de buena literatura y cultura pop. Algunos de ellos fueron publicados en La Voz de Asturias, muchos otros en su diario antecesor, Asturias24, o en la revista El Cuaderno y otros en diversas publicaciones de las que ahora se alimenta Apuntes de pragmática populista, una selección de esos textos que es algo más que una recopilación y que abre la colección 'Afectos Sonoros' de Ediciones Suburbia, la editora que dirige Silvia Cosio. El conjunto dibuja un mapa político de la época del Gobierno de Mariano Rajoy, del surgimiento de Podemos y de los años de la descomposición de una parte sustancial del estado del bienestar bajo la crisis económica y el imperio de la austeridad, y también revela «lineas de pensamiento y constancias reconocibles» que hacen de más de uno de estos escritos «un verdadero mini ensayo intemporal», según defiende en el prólogo el también columnista de La Voz de Asturias Enrique del Teso. Y todo ello atemperado siempre por una buena dosis de ironía que a menudo desemboca abiertamente en humor.

-Destrípeme antes que nada la ironía de ese título.

-Surgió después de descartar la opción más sensata, que era la de buscar algo que los artículos tuvieran en común. Son textos dispares, pero no tanto, hay muchos elementos que los unen, pero a la hora de buscar un denominador común, fui incapaz de encontrar uno. El concepto «populismo» era lo que me venía a la cabeza una y otra vez, algo en plan cómico-reivindicativo. Fue Silvia la que propuso «Pragmática populista» y yo le di el visto bueno añadiendo lo de los «Apuntes», que le da un toque más escolar y chabacano. Me gusta que sean apuntes porque surgieron así, de alguna manera, como bocetos del natural. Y lo de la pragmática viene al caso porque es la dimensión boxeadora de la lingüística, la que golpea.

-«Populista». Un término que no estaba tan en boga en la fecha en la que escribió los primeros artículos...

-No tan en boga, pero ya se usaba para referir realidades políticas como el bolivarismo venezolano, por ejemplo. De todas formas, a mí siempre me sonará a cosa rusa. Luego ya se le dio el visto bueno como santo y seña del enemigo político a batir por todos, especialmente desde que Vargas Llosa lo señaló como el Mal Absoluto. A mí lo que diga Vargas Llosa me condiciona siempre: es decir algo y posicionarme yo en contra, no falla nunca.

-¿Cómo y por qué se le ocurrió eso, por otra parte tan humano, de recopilar sus artículos de prensa? ¿Una pulsión para salvar del olvido, o la de intentar ver o hacer ver algún «dibujo en la alfombra», algún orden en los fragmentos?

-En principio no veía mucha necesidad de hacerlo, porque casi todos fueron escritos en una coyuntura que ya no es actual. Pero lo que sí veía era la necesidad de organizar yo mis propias ideas después de los últimos siete años, que fueron muy intensos en términos políticos y personales, y esos artículos me daban pie a revisarlas, a replantearme mis posiciones e incluso a exhibirlas, algunas de ellas, como posiciones ya superadas. No es tanto la necesidad de salvar algo del olvido (todo se acaba olvidando, se edite o no) como la de olvidar lo que ya no me sirve y quedarme con lo que aún me define. Y de esos artículos que seleccioné me define la mayoría, por no decir todos.

-Dialéctico le veo.

-Bueno. Será la edad..

-En todo caso, superados o no, los artículos acaban funcionando en conjunto como una especie de crónica de época. Unos «apuntes» para lo que llama «mi teoría de la Rajencia». Expíqueselo a quien no haya leído todavía su introducción, que titula de ese modo.

-Es un juego de palabras. Como casi todos los juegos de palabras, un poquitín cutre, pero es lo que hay. Partí de la constatación de que el Régimen del 78 sufre una mutación que comienza en 2011 y que conduce a su reconfiguración. Es como si hubiera que pilotar esa transformación del régimen constitucional español, y la persona elegida para pilotarla, el «regente» de esa transición, es Rajoy. Rajoy el Regente. De ahí lo de la Rajencia, a grandes rasgos. Pero es un rollo derridiano, en la introducción al libro se explica mucho mejor y de manera más amena.

-Esa mutación de la que habla ha sido a su vez el caldo de cultivo de una agitación política que nos alcanzó a todos, también a usted, y no solo como autores de artículos. ¿Cuánto hay en estos textos de crónica de un desencanto personal, si es que hay algo de eso?

-Hay una parte del libro inevitablemente melancólica, que es la que dedico a Podemos, a su surgimiento y a su deriva en los primeros tres años de vida del partido. Pero es una crónica no solo de un desencanto, sino también del encantamiento originario, de modo que es agridulce. Intenté ser fiel a lo que había escrito en aquellos primeros días y meses de Podemos, sin maquillarlo, y el resultado es que se puede ver esa trayectoria primero ascendente y luego descendente. Sí incluí una recapitulación final sobre este tema, qué remedio.

-¿Y en qué diría que ha parado toda esa deriva, recapitulando y en resumen?

-Creo que las batallas internas de Podemos revelan que a la izquierda del PSOE no hay tradición de lo que en Francia llaman «izquierda gubernamental», esto es, una izquierda dispuesta a gobernar, no solo a organizar la resistencia al capitalismo. En estos momentos es urgente constituir una izquierda de ese estilo. Podemos pudo haberlo sido, pero era débil en algunos flancos, el territorial por ejemplo, y demasiado moderado y tímido en otros, por ejemplo el republicanismo. Si a eso le sumas la presión de un sector de la vieja izquierda anguitista empeñado en quedarse con el aparato, te sale lo que tenemos ahora: otro juguete caro e inútil de la izquierda. Como Izquierda Unida. Y no se nos olvide que esos juguetes son como la basura espacial, tardan en caer.

-Sus artículos y opiniones han formado parte de ese debate en caliente en prensa, en blogs o en redes. ¿Cree que la 'Rajencia' ha sido una época a su modo estimulante para el articulismo de opinión como género periodístico, o ha habido más ruido que nueces?

-Fue estimulante porque los medios tradicionales perdieron buena parte de su credibilidad y se crearon plataformas y medios nuevos. Eso genera en principio más ruido, pero también permite el debate de posturas menos complacientes con los poderes fácticos.

-De todos modos, se ha decidido a sacarlos del limbo digital y darles la fijeza de la letra impresa. En su prólogo, Enrique del Teso dice que han cogido también encarnadura de ensayo. ¿Tiene una cosa que ver con la otra?

-Supongo que lo de menos es que el medio sea impreso o digital, sino la voluntad de escribir con claridad y, valga la expresión inactual, «elegancia». Cada vez estoy más convencido de que hay relación entre escribir bien y pensar bien, y de que hay ideas que huelen muy bien en su momento prediscursivo pero quedan en nada al articularlas en un discurso.

-La ordenación de los artículos va más allá de lo puramente cronológico o temático y hace pensar que usted mismo ha podido descubrir algunas cosas al contemplar en conjunto y retrospectivamente los textos desde el aquí y ahora. ¿Le ha sucedido algo de esto?

-Sí, me sirvió para tomar conciencia de cuáles son los temas que por así decir me «motivan» más. Aunque también es verdad que algunos eran artículos de encargo, de modo que también sirven para saber cómo te ven los demás.

-¿Quiénes han sido sus 'contemporáneos' en este ejercicio de análisis de la actualidad, sus referencias para bien (o a la contra) en los años de estos 'Apuntes'?

-Pues no sé, los que fueron en su momento mis modelos ya están muertos: Vázquez Montalbán, Haro Tecglen, Javier Ortiz. Hay articulistas en los que me reconozco como si compartiéramos una sensibilidad común a la hora de abordar algunos temas, pienso en Guillem Martínez, que parece que viene de una galaxia pop vecina de la mía, o en gente más joven, como Eudald Espluga, Santiago Gerchunoff... Creo que hay mucha gente con la que comparto un tejido de discusiones más o menos volátiles pero que dejan sedimento. Y por supuesto el amigo y prologuista don Enrique del Teso, y no es coba.

-Hablando de «dejar sedimento» y más allá de la ironía de la que hablábamos al principio: estos «bocetos» ¿son el cuajo de algo más? ¿Hay tensión hacia algo más allá de estos fragmentos sobre los años de la 'Rajencia'?

-No sabría decir. Tengo dos proyectos de ensayo de largo recorrido, pero me muevo mejor en lo fragmentario. Me gusta el artículo de opinión porque no hace prisioneros, y exige un esfuerzo de concreción que a los que tenemos tendencia a divagar nos viene muy bien. Te apetece contestar: «Si lo que quieres es que nos duela la cabeza a los dos, dame un cabezazo, ahórrame el trabajo».

-Y también más allá de la ironía del título, ¿hay alguna esperanza de que un artículo de prensa guarde al final algo de pragmática, algún efecto movilizador de la acción ajena? ¿O queda todo en el ring de esa dimensión boxeadora del lenguaje de la que habla?

-Creo que eso depende del contexto, del clima social y político. Yo alguna vez tuve la sensación de que algunos de mis artículos adquirían una especie de dimensión extra, pero no sabría definirla, en cualquier caso ya es mucho si un artículo genera un debate o contribuye a aclarar ideas, nuestro primer enemigo debería ser la confusión y, el segundo, el cliché. Si conseguimos eso, cumplimos.

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